Sociedad y Política

El amor a la sabiduría nos engrandece

Opinión y sentir de Catalina Calvillo, egresada de licenciatura y estudiante de maestría de la Universidad de las Américas Puebla en relación a la toma armada del campus por parte de las autoridades

por Catalina Calvillo

Buenos días, tardes o noches desde donde quiera que leas estas líneas. Me presento: soy Claudia Catalina Calvillo Barrera, ingeniera civil egresada de la Universidad De Las Américas Puebla (UDLAP); actualmente soy estudiante de la Maestría en Gerencia de proyectos de construcción en esta institución. Hoy, este escrito que tienes ante ti surge como un producto del llamado de mis pensamientos tras los hechos lamentables ocurridos el pasado 29 de junio de 2021.

Desafortunadamente, muchas personas que formamos parte de la comunidad de la Universidad De Las Américas Puebla nos encontramos en una situación difícil llena de incertidumbre y sobre todo decepción ante la manera en la que fue tomada nuestra casa de estudios. Y a pesar de que me encuentro lejos en estos momentos de Puebla, mi segundo hogar, siento la necesidad de expresarme en este espacio tan íntimo y seguro.

Esta semana se violentó un espacio que para muchos de nosotros se ha vuelto un lugar seguro, lleno de memorias, alegrías, decepciones, aprendizaje y, sobre todo, un hogar. Más allá de nuestra ideología, pensar y sentir, todos y cada uno de los que formamos parte de la UDLAP nos sentimos orgullosos de pertenecer a esta casa de estudios. Quienes llegan a esta universidad traen consigo una maleta llena de sueños; algunos con pesares por estar lejos de casa, amor, emoción, expectativas, pero más importante, el ímpetu por superarse y ser los mejores en aquel camino que decidieron tomar.

Estos actos demostraron que, tristemente, la violencia pueden más que la razón y el diálogo. Las y los estudiantes, catedráticos, personal administrativo y personas que laboran dentro de la universidad no sólo se vieron rodeados y amedrentados por un acto ruin y cobarde, sino también fueron testigos de un uso excesivo e innecesario de la fuerza para sobreponerse en un espacio en el que no importan las banderas ni colores, la comunicación es clave para la sana convivencia.

 Desafortunadamente, en la comunidad en estos momentos nos sentimos como un barco a la deriva, puesto que se entorpeció un proceso para retornar seguros a las aulas y retomar nuestra vida académica ante la respuesta de una emergencia sanitaria que no es indiferente en el mundo. La ilusión de conocer y reconocer aquel campus que maravilla día con día, sus espacios llenos de alegría y color, hoy se ven apagados por estos hechos tan lamentables que persistirán como un eco en el tiempo de vida de cada uno de nosotros y de la propia Universidad.

Espero que pronto se llegue a una solución coherente y, sobre todo, no se pierda de vista la deuda que hoy el pseudo patronato tiene con la comunidad UDLAP: garantizar y tener presentes las necesidades de sus alumnos, catedráticos, administrativos y personal que labora dentro de esta institución, manteniendo siempre el camino de la rectitud y apertura al diálogo, por encima del poder y del dinero. Porque, si algo quedó demostrado ayer es que no se trató de una lucha de David contra Goliat o de héroes contra antagonistas. Lo que queda claro es que el amor a la sabiduría nos engrandece; misma que ayer, hoy y siempre prevaleció, prevalece y prevalecerá ante la fuerza sin razón.

En libertad de réplica abrimos un espacio de expresión para todas las personas que, antE ESTOS HECHOS LAMENTABLES, SE HAN SENTIDO VULNERADAS

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