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La importancia de la redistribución de vacunas

Photo by Artem Podrez on Pexels.com

Si los virus no reconocen las fronteras, las vacunas no deberían

por Editorial (@RayRicárdez)

Recientemente, frente al anuncio del gobierno mexicano de donar 400 mil dosis a Belice, Paraguay y Bolivia, una parte de la opinión pública consideró que “primero debería pensarse en la población nacional antes que en la extranjera”. Lo cierto es que si no dejamos el discurso nacionalista y no lo separamos del derecho universal a la salud, todas y todos salimos perdiendo.

En un mundo que tiene como base la desigualdad (tanto entre personas como entre Estados), es importante hablar de la redistribución de las vacunas contra la COVID-19 como un ejercicio de solidaridad y justicia para los sectores y países más vulnerados por la pandemia.

Tan solo en la India, con la llegada de la variante Delta, el mundo tambaleó al pensar que esta podía rebasar la efectividad de las vacunas existentes. Anteriormente, Anna Mouser, responsable de políticas y promoción de vacunas del Wellcome Trust, aseguró que si el esfuerzo de vacunación no es verdaderamente global, incluso las poblaciones vacunadas de los países más ricos estarán amenazadas por nuevas mutaciones del coronavirus.

Y es que es lógico que si la vacunación se concentra en algunos países, las poblaciones vulneradas estarán en alto riesgo de contraer mutaciones del virus (tal como pasó con la variante delta en la India semanas atrás) complicando la efectividad de las vacunas ya existentes.

Para el 24 de abril del año en curso, tan solo Israel había vacuna a apenas más del 54 por ciento de la población. Ahora imaginemos la situación en otros países menos aventajados:

Información de Our World in Data y tabla de Statista

De acuerdo con la OMS, se necesita una donación de 11,000 millones de dosis para vacunar al 70% de la población mundial y así derrotar al virus.

Además, es cierto que mientras en los países ricos incluso ya se vacuna a la población más joven (menos vulnerable a la enfermedad) en otros países ni siquiera han podido inmunizar a las y los adultos mayores.

Seamos una verdadera comunidad y no fomentemos el acaparamiento de medicamentos en una de las más grandes crisis de salud en la historia. Mientras más mecanismos de redistribución de la vacuna existan, todas y todos tendremos un acceso digno a la salud y podremos salir adelante de esta pandemia. Al final, el virus podrá enseñarnos a hacer equipo y pensar en todxs o terminará por mostrarnos una cara amarga y egoísta de la humanidad.

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