Sociedad y Política

¿Dónde está mi padre biológico?

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En adopción y abandono, los hombres sufren de una presión social que, aunque es diferente a la de la mujer, sigue siendo dañina para ellos

por Ana Cecilia Parrodi

En el blog pasado hablé de la relación que tienen los hombres con la maternidad y la adopción. Hoy hablaré sobre cómo el libro que se llama “The Invisible Men of Adoption” (en español “El hombre invisible en la adopción”) cambió mi perspectiva sobre la crianza, el abandono, y la paternidad.

El libro se explica desde una perspectiva masculina. Aquí es importante tener en cuenta que en la literatura se han escrito muchos libros sobre lo que las mujeres piensan y sienten sobre dar a un hij@ en adopción, y hay muy pocas fuentes que hablan sobre lo que vive un hombre sucede esto. Haber leído esta obra de Gary Coles, me hizo pensar mucho en lo importante que es darle voz a los hombres para que puedan expresar sus sentimientos y sus pérdidas.

Empecemos por hablar de la sociedad aquella que manda lo que tenemos que hacer cuando tenemos un hij@ fuera del matrimonio. Esta nos impone muchas reglas que no necesariamente son las correctas o las que nosotras y nosotros queremos. Cuando se tiene un hijo o hija fuera de matrimonio, lo más común es casarse con la persona y hacer una familia; dar en adopción es otra de las opciones o abortar.

Cuando la persona se siente presionada por la sociedad y sus familiares, muchas veces recurren a dar en adopción al bebé, pues esta esconde el hecho de que una mujer tuvo un hij@ fuera de matrimonio sin tener que abortarlo. Pensamos entonces que la sociedad presiona solo a la mujer a hacer algo al respecto sobre el hij@, y que lo común es que el hombre desaparezca. Sin embargo, no nos hemos puesto a entender el porqué el hombre decide desaparecer o no involucrarse en la adopción o el parto.

Tenemos esta idea errónea de que los hombres son los que abandonan y que huyen de sus responsabilidades como padres. La idea empieza a quedarse en el subconsciente colectivo. Es decir: los hombres sufren de una presión social que, aunque es diferente a la de la mujer, sigue siendo dañina para ellos.

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En el texto pasado hablábamos de que la sociedad impide que los hombres puedan expresarse de forma emocional acerca de los sucesos que han marcado sus vidas. Esto es muy importante, ya que gracias a que no pueden expresar sus sentimientos acaban huyendo, escondiéndose o reaccionando de formas violentas.

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Algunos estudios muestran que la familia del hombre prohíbe que se vuelva a encontrar o contactar con la madre. En algunos casos, el hombre no es contactado por la madre y no sabe que espera un hij@. A veces se van porque no saben qué hacer debido a que son menores de edad o no tienen la suficiente experiencia.

Además, muchas veces el gobierno tiene mucho que ver en que pensemos que a los hombres no les importe su paternidad ni la crianza. Sin embargo: que un hombre no se involucre en dar a un hij@ en adopción es debido a muchos factores. Uno de ellos es que la ley (en ciertos países) no permite poner el apellido del padre si la madre decide no dar a conocer al padre del menor. Otra es porque la madre nunca le notificó o la familia no lo dejó hacerse cargo de nada. El que la madre nunca haya hablado con el padre para decidir el futuro del hij@ provoca una exclusión muy grande, en la cual, estos no tienen ningún poder de decisión, lo que provoca el abandono hacia la madre y el hij@.

La pérdida del hij@ en hombres y mujeres tendrá implicaciones importantes a lo largo de su vida, en la intimidad y en la realización de sus metas. Tengamos en cuenta que los hombres tienen una pérdida personal: no pueden o no existen los medios para que ellos puedan llorar sus pérdidas. Los sentimientos de los padres hacia la pérdida de un hij@ por adopción son los mismos que los de una mujer; al final, ambos viven en un mismo medio social que los presiona y los dos son seres humanos.  

Vivimos en una sociedad que juzga las acciones y las inacciones de ambos. Y creo que es importante enfatizar esta parte, ya que nos hemos empeñado en creer que somos completamente diferentes, cuando en realidad hombres y mujeres sufrimos de la misma forma y la sociedad nos oprime de formas diferentes, pero nos oprime a ambos.

La lectura me hizo pensar mucho en mi niñez, cuando me imaginaba cómo serían mis progenitores. Pensaba más en cómo sería mi progenitora, pero jamás pensaba en mi progenitor. La figura masculina nunca estaba en mi mente, solo la femenina. Aprendía conforme a mi entorno, en el que el hombre abandona y huye de sus responsabilidades. El libro me hizo cambiar mi forma de pensar de muchas maneras. Y ahora estoy consciente de que las personas adoptadas tenemos el derecho de saber quiénes son nuestros progenitores. Tenemos que dejar de pensar en los hombres como los que abandonan y empezar a comprender que es lo que hace que no se involucren y cómo podemos cambiarlo. Incluirlo a los hombres en la crianza y en la adopción puede ser una solución importante para que empiecen a surgir nuevas y mejores formas de crianza.

*Las opiniones son diversas dependiendo la autora o el autor y son responsabilidad de ellas y ellos; Libertad de Réplica no las asume como propias, abriendo el espacio a la reflexión y al debate colectivo.

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