Expresiones

¿Cómo curarme de ti?

Mariana Oropeza

La pregunta aquí es: ¿Cómo dejas de amar a alguien a quien le amas y adoras con todo tu corazón, ser y alma? ¿Cómo le pides a tu cuerpo que deje de latir cada vez que le ves sonreír? ¿Cómo le dices a tu alma que tu mitad, que se ha desgarrado, ya no va a volver? ¿Cómo sigues adelante entre un mar de llanto y otro infierno de dolor? 

Porque el tiempo no basta. Nunca bastó para enamorarte en menos de un segundo, cuando un huracán te revolvió todo en el minuto que entró. Te marcó un antes y un después el día que te besó. Te sentiste tan segura cuando te tomó por primera vez de la mano y pensaste en que ya nada más podría fallar si te la sostenía… cuando por primera vez te dijo te quiero y en secreto salió una pequeña lágrima de felicidad

¿Cómo te dices a ti misma que ya no hay más? 

El tiempo no basta, porque cuando decide que ya no quiere hablar, cuando no quiere entender, cuando decide ya no querer(te) e irse, el tiempo se para. Se clava en ti como una daga. Los días pasan, sí, pero el tiempo se ha quedado estático en el día en que se fue. Todo lo que queda es revivirlo todo a través de los recuerdos que fueron, y le sonríes nostálgica a los recuerdos que nunca llegaron a ser, como si fuesen una película de ensueño.

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De repente el café sabe a pena, los cines se vuelven jaulas, los museos ahora son edificios viejos, los cigarros se consumen solos, los cielos son los mismos, y a ti te han arrebatado un pedacito de ti. Ese pedacito que aunque sabías que existía incluso antes de que llegara, ahora ya no está.

Y le ruegas al destino por cruzártelo, le ruegas abrazarle y quedarte dormida una vez más en sus brazos mientras te acaricia el pelo susurrándote “tranquila, amor, vamos a estar bien…” pero solo te quedas esperando y distrayéndote de todo lo demás que estabas intentando hacer para no pensarle. 

“Entonces, ya no pasa nada, ya no te encuentras, ya no estás”

Para ese momento, estás disfrutando ciertos placeres tuyos, porque los que compartiste con él solo traen trenes de masacres en tu estómago. Así que, disfrutas lo poco que queda, te aferras a la vida, te aferras a ti misma, porque eres sin él, y lo sabes bien, pese a que se haya llevado una parte de ti, y duele… todavía eres tú, y todavía hay que seguir.

Intentas, incluso, jugarle a cupido, te fuerzas a pensarte que ya no está ahí en ti, y te vas clavando otras flechas que no apuntan a nada, porque en efecto, ya no está ahí, pues le has guardado junto con tu corazón y todas sus demás cosas. 

Y cuando te das cuenta de lo vacía que estás, te apagas y te ahogas. El faro que envidia a la humanidad, y una ola de bruma que se ha cansado de luchar. Entonces, ya no pasa nada, ya no te encuentras, ya no estás. 

Y de repente, entre tantas casualidades del destino, le vuelves a ver, y es como si el tiempo no hubiera pasado nunca. Vuelve a ser como el primer día que te has enamorado de él, pero ahora hay un nuevo problema: no puedes darle todo aquello que tienes para darle, pues ya no está. 

¿Cómo te convences a ti misma que es lo mejor? ¿No sería más fácil estar con aquellos que nos hacen la vida un poquito menos difícil? Hablar; escuchar; entender; empatizar; ser; estar; querer. ¿Cómo hacer que deje de ser tan doloroso el dejarle ir? Que ya no es que no quiera estar con alguien, es que ya no quiere estar contigo. ¿Cómo haces que eso deje de doler cuando él es la única persona con la que quieres estar? 

Tiempo, te dicen, pero no es verdad. Más bien, se requiere un coraje enorme para dejarlo doler, dejarlo sanar. Decidirte a recibir ayuda, a que te abracen, a ya no buscarle en cada persona que encuentras, y menos a aquel sentimiento tan único que no olvidas. Porque seamos claros, el tiempo sí funcionaría, ¡y funciona! pero no con esa persona, no con esa exacta persona.

Lo que cura a ratos es embriagarte un poco, fumarte algunos porros, abrazar a mamá, escuchar a papá, jugar con tus amigos, jugártela de cupido, escuchar de verdad a tu terapeuta, acariciar a tus mascotas, hornear para tu familia, cocinar para ti, descubrir nueva música, ver nuevas películas, seguir con tus proyectos profesionales, salir a caminar por las mañanas, y poco a poco vuelves ser una nueva versión de ti.

Y no, no se cura totalmente, o puede que sí, pero es entonces cuando te das cuenta que el minutero ya pasó… que aunque él se ha quedado en mis huesos, como la sal a la mar, por lo menos ahora, ya no duele, o al menos ya no tanto…

Así se llega a sanar la herida, sabiendo que vivirás eternamente enamorada y amándole, deseándole lo mejor de este mundo a tu coincidencia más bonita y tu amor más divino.

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