Sin categoría

Digna Sangre

Pamela Castro Santos y Fer de la Rosa

Hablar sobre la menstruación implica hablar sobre un proceso de aceptación que llega desde una edad temprana en la menarca (primer periodo menstrual) acompañado del estigma, la pena y la desinformación que ocasiona que, en vez de abrir espacios de acompañamiento, seamos las mismas personas menstruantes quienes preferimos, algunas veces, tolerar la discriminación para evitar momentos de confrontación o incluso, humillación.

Sin embargo, otro aspecto que no se puede dejar de atender no es solamente la huella histórica de terceros explicándonos cómo deberíamos las mujeres y personas trans entender y aceptar nuestro propio cuerpo, sino que, además, también se suma a dicha huella el cómo, cuándo y dónde debemos obtener los medios para acompañar nuestra menstruación no optativa.

Además de los distintos roles de género asignados a las mujeres y personas trans, también recae sobre nuestros hombros gestionar y recaudar dinero suficiente para poder menstruar dignamente y al mismo tiempo, sabiendo ocultarlo, por al menos, 40-45 años en promedio que es cuando llega la menopausia.

Aunado a la carga cultural discriminatoria que acarrea el ciclo menstrual, ahora se suma el reto de visibilizar que la política pública de la recaudación de impuestos atiende a las necesidades de la sociedad que no menstrúa. En ese sentido, desde la iniciativa #MenstruaciónDignaMéxico, se señala que una mujer necesita 360 toallas o tampones promedio anualmente, lo que representa hasta $720.00 anuales equivalente al 5% del total de gastos de un hogar del 10% más pobre en México.

Te podría interesar: México, país feminicida.

De igual forma, y contrario a lo que se estipula generalmente, la menstruación no es un asunto privado, sino público, al ser el Estado el responsable de atender las necesidades básicas que garanticen el acceso efectivo a la salud, lo que implica llevar a cabo no solo la discusión en la agenda pública sobre la condición de vida de millones de mujeres y personas trans en sus respectivos entornos, sino que, también implica la acción puntual de las autoridades para regresar la dignidad en la menstruación.

Photo by Polina Zimmerman on Pexels.com

En ese sentido y atendiendo la demanda de dignificación y visibilización de la discriminación por razones de género, un conjunto de organizaciones, a través de la diputada Martha Tagle Martínez, sometieron a la Cámara de Diputados la discusión sobre el proyecto de decreto que reformaría el artículo 2-A de la Ley del Impuesto al Valor Agregado en materia de productos de gestión menstrual, tales como toallas sanitarias desechables, toallas de tela, compresas, tampones, pantiprotectores, copas menstruales y cualquier otro bien destinado a la gestión menstrual para que se establezca una tasa 0% a la enajenación de dichos productos y no el 16% como es actualmente.

Ahora bien, para comprender mejor la relación existente entre cómo afecta a millones que se grave la enajenación de productos de gestión menstrual, comencemos por analizar el objeto del IVA:

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) es un impuesto indirecto que grava el consumo en México y que lo paga el consumidor final, que es quien compra un bien o recibe un servicio, quien adquiere el uso o goce temporal de bienes o quien importa bienes o servicios al país. La Ley del IVA contempla diversas tasas para este impuesto: el 16%, 0% y productos o actividades exentas del impuesto.

En específico, cuando un producto o servicio está gravado a la tasa del 0%, el consumidor no paga gravamen alguno del IVA y se les otorga el derecho o beneficio a los contribuyentes de acreditar el IVA o exigir al fisco que les devuelva el impuesto pagado que se les hubiera trasladado.

La Ley del IVA en su artículo 2-A grava a la tasa del 0% algunos bienes como: animales y vegetales no industrializados, medicinas de patente y productos destinados a la alimentación (con algunas excepciones), hielo, agua, oro, joyería, libros, periódicos y revistas, fertilizantes, tractores y otros productos para la agricultura y ganadería, por mencionar algunos.

Ahora bien, si hay productos de primera necesidad como lo son la enajenación de productos destinados para la alimentación y las medicinas de patente, ¿Por qué no incluir también productos que, por la pura condición fisiológica y biológica de personas menstruantes, se convierten en productos de primera necesidad como las toallas sanitarias, tampones y productos de gestión menstrual?

Con 218 votos en contra, 185 a favor y 11 abstenciones, la iniciativa de #MesntruaciónDignaMéxico fue desechada.

El tema tributario debería ir más allá que el sólo analizarlo desde la perspectiva de recaudación y acreditamiento del IVA por parte de las empresas que se dediquen a producir y vender este tipo de productos; se debe discutir con una perspectiva de género y derechos humanos que tome en consideración el impacto económico, de salud, higiene, de educación y laboral que tienen estos productos en las vidas de millones de niñas, adolescentes, mujeres y personas trans en México.

Recordemos que aunque el IVA sea un impuesto que grave únicamente el consumo, no existe equidad fiscal para las mujeres y personas menstruantes, quienes tienen que realizar un gasto adicional por la compra de estos productos mes con mes.

El estigma de la menstruación y la privatización de los cuerpos no es algo nuevo así como tampoco lo es la tributación, sin embargo, relacionarlos entre sí como un resultado de violencia de género histórica, sí lo es.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s