Sociedad y Política

La autoexplotación en línea o el mito de Sísifo

No todo es miel sobre hojuelas. Se suele decir, así como las clases en línea están lejanas de ser perfectas, también las clases presenciales tienen muchas carencias; carencias que a pesar de ser una y otra vez evidenciadas, se llevan arrastrando en el sistema educativo y su diseño desde hace décadas.

Cuestiones como primar el pensamiento lógico matemático como el eje central de conocimiento, relegando a las ciencias sociales y humanidades a clases o aprendizajes de segundo orden. En las escuelas se fabrican técnicos, obreros y personas-máquina que no harán sino reproducir y expandir el sistema de mercado y de producción “infinita” generación tras generación, personas que lo optimicen pero no que lo critiquen, el pensamiento lógico matemático es el ideal para efectos de este objetivo tácito. No se debe de confundir, tener un conocimiento y desarrollar el pensamiento lógico es un imperativo humano.

El ser humano no se puede entender sin este mismo, pero enajenar a este pensamiento de la realidad humana y social, dividir con la espada de Damocles una realidad extensiva y compleja, en unidades y ver a estas unidades como elementos o fenómenos aislados del todo social, por no decir universal, no es aunar o ahondar en el conocimiento, al contrario, es mutilarlo. El pensamiento lógico-matemático descargado de contenido social y humano se convierte en pura razón instrumental que instrumentaliza o cosifica a la realidad social, al humano y al mundo mismo, esta razón es la que nos ha llevado hasta el punto en el que estamos: En el borde del suicidio social.

“En las escuelas se fabrican técnicos, obreros y personas-máquina que no harán sino reproducir y expandir el sistema de mercado y de producción “infinita” generación tras generación, personas que lo optimicen pero no que lo critiquen, el pensamiento lógico matemático es el ideal para efectos de este objetivo tácito”

La pandemia trajo consigo reformas a la vida misma, movió paradigmas y cuestionó al sistema, sin embargo, lejos de refundar al sistema, una vez más vemos a este siendo resiliente, acomodándose a las nuevas circunstancias y, como objeto de consumo, ajustándose al nuevo perfil del mercado.

Ya se ha dicho en diversas ocasiones: el sistema capitalista debe reformarse o morir. Cabe esperar una “socialización” de ciertas cuestiones antes liberalizadas y entregadas a los designios del mercado como lo es la educación y la salud en algunos países (se debe recalcar que a pesar de que en regiones como América Latina a pesar de que continua existiendo educación y salud públicas, estas terminan por ser superadas y se convierten en centros expulsores de curados a medias, o de muertos en lista de espera, o de graduados que no cuentan con los conocimientos que deberían tener, estos dos aspectos hacen evidente que tener seguridades públicas con son garantía de calidad), a pesar de esta probable reforma al interior del sistema, a pesar de una alza en los salarios, de una extensión en las seguridades sociales y de un relativo ensanchamiento del Estado por sobre el mercado, no se debe de olvidar que el sistema sigue siendo uno capitalista y que este se sostiene por la desigualdad social fundante, el enriquecimiento de un porcentaje mínimo, el empobrecimiento de un porcentaje muy mayoritario y la explotación. Al igual que empresas multinacionales extractivistas que durante décadas han dañado irreversiblemente al medio ambiente y que hoy enarbolan discursos “verdes” y que se promocionan como las salvadoras del mundo al preocuparse por el cambio climático que estas mismas impulsaron, en una suerte de capitalismo “verde”, que no hace sino migrar la producción a nuevas vertientes antes poco exploradas, como el hierro, el bambú o la madera en general, de esta misma forma una reforma social al interior del sistema no es más que una válvula por donde la presión social puede liberarse de cuando en cuando, reduciendo así el riesgo latente de un estallido social sistémico.

Ya se ha mencionado, el sistema capitalista y su eterno ciclo productivo dejan de estar allá afuera, el imperativo de producción se interioriza, la libertad de hace objeto de consumo y se promociona como tal por medio de enormes campañas publicitarias que tienen como público objetivo la diversidad y es que la libertad discursiva, esa libertad de mercado en conjunto con la diversidad vende y vende muy bien. La libertad publicitaria, esa que se aprecia en cualquier comercial, en cualquier slogan, en cualquier producto, no deja de ser un engaño de masas “Consume esto y serás”, “Compra esto y acéptate”, “Usa esto y sé feliz”, “Descarga esto y olvídate de los problemas que conlleva ser un sujeto social con responsabilidades colectivas, goza de la sociedad sin cargar con la responsabilidad” en síntesis todas se pueden enmarcar en un rezo general: sé egoísta y consume. En esencia, la diversidad no deja de ser capitalista y neoliberal.

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Cuando los sujetos políticos desenvainan esta libertad publicitaria como máxima existencial, están defendiendo al mercado que los mantiene al mismo tiempo como sujetos sumisos del poder hegemónico, cuando se sostiene esta libertad ilusoria no se piensa que el sistema está tan arraigado a sus bases identitarias que ya lo reproducen en la comodidad de sus casas y es que, en efecto, el trabajo en línea y las clases a distancia (de las que desde hace años son víctimas las comunidades más arraigadas del grueso social urbano) terminan siendo una extensión cínica del sistema capitalista a las que atendemos con la misma frustración que con la que atendíamos las exigencias del sistema cuando lo percibíamos “allá afuera”, es decir, contenido en la escuela como estructura material o en las empresas como centros físicos, esta “distancia” que existía entre el yo y el centro productivo/educativo, hacía que nos pensáramos como encadenados al sistema solo en tanto estuviéramos dentro de los horarios laborales o de las clases, afuera, éramos libres. Sin embargo, la actual pandemia ha demostrado el absurdo contenido en este pensamiento, estamos tan fusionados al sistema que lo hemos metido en casa sin resistencia y es que el sistema ya no es una estructura aparte del sujeto, el sistema ya es el sujeto no solo en tanto productor y consumidor, sino también en tanto sus relaciones sociales, emotivas y afectivas, el sujeto actúa con el liberalismo como paradigma y con el capitalismo como molde, el sujeto no es más que objeto de consumo y sujeto que consume.

Hablo desde mi experiencia como estudiante, sabiendo que parto de una posición específica, pero la educación en línea pasa a ser la reproducción del sistema durante ocho horas promedio al interior de casa, la casa deja de ser una esfera privada (si es que alguna vez lo fue) y hoy se hace una unidad pública en el sentido foucaultiano, donde la sociedad sigue siendo colectivo, pero al mismo tiempo dividida perfectamente en unidades, categorizada y diferenciada, hoy cualquier barrio urbano es un Siliicon Valley y cualquier casa una compañía, escuela de educación básica, media-superior o una universidad y cualquier familia es integrada por perpetuos estudiantes o perpetuos oficinistas.

“El pensamiento lógico-matemático descargado de contenido social y humano se convierte en pura razón instrumental que instrumentaliza o cosifica a la realidad social, al humano y al mundo mismo

En definitiva, la educación y trabajo en línea han roto con la última barrera de la explotación que era el hogar, ese recinto sagrado al descanso mundano, pero descanso al final, el ocio ha sido derogado, cualquier tiempo es tiempo productivo, cualquier tiempo es tiempo educativo, cualquier tiempo es tiempo laboral, en cualquier tiempo se debe de estar dispuesto para las órdenes del capital, la producción y su logística, misma que se ha encaminado a la entrega domiciliaria y el hecho de que Amazon haya crecido tanto durante la actual pandemia es una nueva muestra de que el sistema sobrevivirá un largo tiempo en tanto el sujeto no resista y facilite la reproducción de este desde los pedidos en línea que le permiten al capital continuar moviéndose. El sujeto ha abolido las ya desde antes frágiles fronteras que lo diferenciaban, ha dejado de definirse conforme al espacio que ocupa, ya no es trabajador en la empresa, estudiante en la universidad, consumidor en el mercado y usuario en las redes sociales, hoy es todo eso al mismo tiempo y en el mismo lugar.

A mismo tiempo, la sociedad se abole, si antes existía una tensión constante entre la esfera individual y la social, hoy la sociedad se individualiza aún más, el distanciamiento social, que si bien es necesario, debe ser abordado con cuidado y ser usado solo en tanto continúe siendo necesario para la vida y no para la política. La sociedad ya ha sido entendida por diversos pensadores como Byung-Chul Han o Foucault como un ente de individuos que ya nada tienen que ver con la masa, hoy este pensamiento ha sido esquematizado y representado en la sociedad misma conformada por individuos, que se alejan, este alejamiento no es solo físico, también es un alejamiento psicológico del otro, al otro poder ser un potencial portador del virus, lo distancio y lo abolo, una sociedad que se hace un parangón cómico de las cacerías de brujas del siglo XVI, todos pueden ser enfermos, solo basta una acusación silenciosa.

Se debe de ser claro, la actual pandemia no trajo consigo estas crisis, solo las hizo evidentes, el ser humano se hace consciente de su aislamiento y se frustra, a pesar de que el aislamiento siempre estuvo ahí pero interrumpido por los sonidos de la ciudad que andaba, el estudiante se hace consciente de su monotonía y se frustra, despertar, bañarse, pasar el día frente al ordenador, dormir y despertarse, todos nos hemos hecho conscientes de ser Sísifo en el sentido de Albert Camus, no obstante, cabe hacerse la pregunta de si realmente la monotonía arribó justo ahora o si esta ya se encontraba antes amortiguada por el pretexto de la charla humana, hoy queda evidenciada la necesidad existencial del ser humano del otro y este se encuentra en tensión con un sistema que lo quiere aislar, sin embargo, también se debería de preguntar si el otro era un mero pretexto distractor de la monotonía o un real contacto humano ¿La monotonía ha arribado o solo se ha hecho evidente? ¿El otro era un verdadero contacto o un mero pretexto distractor? Esto solo quien lee podrá responderlo de forma sincera, hoy solo queda observar el desarrollo de los hecho y percibir en qué punto la salud y el discurso político dejan de coincidir, para pasar a un enfrentamiento por la verdad, una profecía, la política en algún momento dejará de atender a los llamados médicos para comenzar a sacar provecho del aislamiento y distanciamiento social, pues este es un mecanismo biopolítico que anula, de facto, cualquier movilización social en su contra.

Texto de Daniel Arias

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