Sociedad y Política

La policía no me cuida

Abuso, poder, impunidad y burla son cuatro conceptos que se reúnen en un solo fenómeno que no parece desaparecer: el uso de la fuerza.

Pareciera redundante volver a escribir que la “policía no me cuida, me cuidan mis amigos”, sin embargo, el hartazgo colectivo se refleja no solo en las conversaciones de sobremesa en familia  o al finalizar el noticiero de las diez, sino que ahora se refleja en el impulso deshumanizante de pedir justicia con muerte cuando muchas veces, la muerte la llevamos cargando en la punta de la lengua al decir frases como “se lo buscó”.

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Aclamar justicia a mano propia no solo es aceptado cuando se trata de combatir al agresor directo, también implica la aceptación del linchamiento y tortura que ejercen los agentes del Estado al realizar operativos con tintes discriminatorios en contra de grupos vulnerados como lo son las mujeres sin distinción de edad.

El pasado 22 de agosto en Guanajuato, grupos feministas que exigían al gobierno y en específico a la Fiscalía de Guanajuato justicia para Evelyn, quien denunció acoso sexual en contra de policías municipales que la agredieron mientras ella permanecía dentro de su automóvil, fueron igualmente agredidas por el uso excesivo de la fuerza. Dicho uso de la fuerza no solo consistió en censura al realizarse detenciones contra reporteras que cubrían el evento, sino que también consistió en golpes, sometimiento por parte de 5 agentes en contra de 1 sola manifestante y hasta tortura sexual en contra de una menor.

¿De qué hablo cuando me refiero a que la muerte la llevamos en la punta de la lengua? Al realizar una denuncia pública, la menor de edad víctima de golpes, jalones de cabello y abuso sexual traducido en tortura sexual por tratarse de un medio inhibitorio para no volver a manifestarse, no fue acogida por el público que la vio, sino que fue linchada mediáticamente en redes sociales al comentar en el video de su denuncia frases como “tan pequeña y ya estaba manifestándose”, “bien merecido por alborotadora” o “pero querías estar en el desmadre”.

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El abuso del uso de la fuerza no es un fenómeno que solo se cometa por agentes de seguridad, sino que la sociedad de manera indirecta sigue pidiendo que no realicen de manera efectiva su trabajo. Los agentes, así como los ciudadanos en general, son personas con comportamientos y juicios aprendidos donde la violencia se acepta por no ser desaprobada, sino hasta aplaudida y hecha comedia. Si bien es cierto que no podemos dejar de exigir la capacitación de elementos de seguridad en temas con perspectiva de derechos humanos y perspectiva de género, erradicar la violencia y su impunidad no solo es un trabajo exclusivo de ellos. No podemos seguir pidiendo  licencias de tortura a beneficio y creencia individual.

El hecho de que no nos encontremos a favor de diferentes movimientos, como puede ser el movimiento feminista, no nos concede licencia para linchar públicamente, ni para permitir que se empleen armas letales como lo son las mismas extremidades que penetran sin consentimiento en territorio femenino. O estamos en contra del uso excesivo de la fuerza o estamos a favor, o nos indignamos colectivamente o lo reproducimos, no existe un punto intermedio.

A veces decir que la policía no me cuida y me cuidan mis amigos también es insuficiente, a veces la policía no me cuida y me debo cuidar sola.

Texto de María Fernanda de la Rosa

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