Ciencia y Tecnología

Reflexiones sobre la violencia y el cerebro humano

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Vivimos en un mundo mucho menos violento que el de nuestros antepasados. La violencia en todo el mundo ha ido a la baja en todas sus formas: genocidios, guerras, sacrificios humanos, tortura, esclavitud y el maltrato de minorías raciales, mujeres, niños e incluso de los animales.

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Se argumenta que el primer proceso de pacificación fue la creación de Estados que eventualmente se expandieron y redujeron la cantidad de conflictos tribales en anarquía. Después, los ‘procesos de civilización’ desarrollaron sistemas de justicia más incluyentes, con mucho más comercio y mejor transporte que nos hicieron más interdependientes. De hecho, así fue que empezamos a eliminar prácticas de tortura, la pena de muerte, la caza de brujas o la esclavitud en algunos lugares, entre otras cosas. Y finalmente, con la Ilustración y con una población que estaba cada vez más alfabetizada y mejor educada nos encontramos ahora en una de las eras más pacíficas de la humanidad, aún tomando en cuenta las recientes guerras mundiales y los otros conflictos locales o internacionales que hemos vivido.

A casi nadie le gusta matar. En el libro The End of War mencionan que la mayoría de los soldados que lucharon en Europa y el Pacífico a finales de la Segunda Guerra Mundial sólo usaron sus armas en defensa propia. También describen que la mayoría de ellos experimentan problemas de salud la primera vez que asesinan a alguien (desarrollando un trauma posteriormente) y que casi todos piensan que el combate es un verdadero infierno. Por otra parte, las personas que cometen homicidios tienden a ser jóvenes y aunque algunos de ellos celebran o parecen disfrutar de aquellas atrocidades, muchas veces también muestran la capacidad de sufrir moralmente y de entender la gravedad de lo que han hecho.

Vivimos en un mundo mucho menos violento que el de nuestros antepasados

En un artículo escrito por Everard Meade leí sobre un par de casos que ocurrieron en México y que ilustran lo anterior. El primero es sobre un sicario que se rindió ante las autoridades por su propia cuenta porque había recibido órdenes de asesinar a una mujer en un coche blanco, pero cuando era el momento de actuar, se dio cuenta de que habían dos niños dentro del coche junto a la mujer. Por ello, el sicario no pudo terminar su trabajo y se entregó a la policía. La segunda historia es sobre un estudiante que se encontraba en una gasolinera de Culiacán para reparar una llanta. De pronto llegó una camioneta con tres hombres armados. Conversaron. Uno de los hombres armados se bajó y le ayudó a cambiar la llanta de su vehículo, luego se acercó a la ventana y dijo: “Miren morros, traigan escuelas aquí al rancho. Yo sé que nosotros somos jodidos, pero quiero que los morros de aquí tengan la oportunidad de aprender otra manera de vivir.” Y luego se fueron. Hay más historias como estas en el articulo de Meade que muestran claramente la capacidad de arrepentirse o de buscar algún cambio positivo en sus contextos sociales.

Finalmente, también estaba leyendo sobre el caso de Charles Whitman quien de la nada comenzó a tener pensamientos extraños y terminó asesinando a su esposa, a su madre y a otras 13 personas. La causa: un tumor en el lóbulo frontal del cerebro. O el caso de otras personas que por un tumor también desarrollan deseos sexuales hacia menores de edad u otros comportamientos extraños. Muchas veces sus deseos y sus acciones están fuera de su control consciente.

La moraleja de estas historias es que tanto víctimas como victimarios son humanos que tienen intereses, metas y emociones humanas. La mayoría de nosotros tenemos la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo aunque muchas veces nos sintamos impotentes. Muchas veces creemos que ‘la educación’ es la solución a nuestros problemas sociales (lo cual es relativamente cierto), pero lo malo de entender la educación como nuestra respuesta omnipotente a los problemas es que también nos sirve de pretexto para delegar a las generaciones del futuro la responsabilidad de resolver lo que nosotros no hicimos diciendo: ‘los jóvenes del futuro, los profesores de mañana y los políticos de pasado mañana lo resolverán o lidiaran con ello’. Esta forma de pensar definitivamente no nos llevará a soluciones duraderas. Seamos nosotros los jóvenes que intentan resolver los problemas que se presentan ante nuestros ojos, incluso si no fuimos nosotros los causantes.

FUENTES:

Sobre el descenso de la violencia en la historia del mundo:

https://www.edge.org/conversation/mc2011-history-violence-pinker

Sobre las historias mencionadas en el artículo de Everard Meade:

https://www.academia.edu/36323107/Cap%C3%ADtulo_V_Sinaloa_Ya_basta_con_los_zombis_y_las_vanguardias_La_importancia_de_una_humanidad_desali%C3%B1ada_para_la_construcci%C3%B3n_de_la_paz

Sobre el caso de Charles Whitman y cómo el cerebro humano determina nuestro comportamiento a veces sin nuestro permiso: https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2011/07/the-brain-on-trial/308520/

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