Sociedad y Política

Al otro lado del mostrador: la universal

Esta pandemia ha cambiado mi vida de diferentes maneras, las circunstancias me están permitiendo ver el mundo desde un lugar diferente, desde un sitio en el que no estaba desde que era una niña y que ahora los años y el conocimiento que he adquirido le permiten ser una oportunidad de observar el mundo y de analizar muchas cosas; así que esta es la introducción a una nueva etapa de mis columnas, a todos los pensamientos que surgen mientras estoy “Al otro lado del mostrador”.

Photo by Caio on Pexels.com

Mi abuelita tiene una tienda en el mercado de Teziutlán, “La universal”. Desde siempre ha vendido refacciones de bicicleta, balones, mochilas y hubo un tiempo en el que vendía especias y ferretería. Hoy en día además de eso el espacio se divide para que mis tías puedan tener una juguetería y una talabartería respectivamente. Desde siempre ese ha sido un lugar atendido por mujeres; mi abuelita, mi mamá y mis tías que crecieron ahí y que, a pesar de haber salido a estudiar y trabajar a oras ciudades han encontrado la manera de apoyar a mi abuelita que aún a sus 87 años hasta antes de la contingencia se levantaba todas las mañanas para ir y atender su tienda.

Yo crecí ahí, dormía en la parte de atrás cuando era una bebé todavía y me tuvieron que acondicionar una cuna entre la mercancía. Intentaba ayudar a mi abuelita a vender cuando apenas estaba aprendiendo a hablar, esa tienda era mi mundo y era un mundo maravilloso lleno de amor y oportunidades para aprender y jugar. Las cajas de mercancía se convertían en pistas en pistas de autos para mi primo y para mi, los pasillos eran el lugar perfecto para aprender a andar en patín del diablo. Aprendimos a jugar trompo y estoy segura de que le causamos dolor de cabeza a más de uno mientras descubríamos cómo hacer trucos con los taka-taka. Aprendimos a vender, a poner precio a las cosas, a ofrecer nuestros productos y a ser empáticos con las personas que llegaban a la tienda, mi abuelita nos enseñó que siempre hay que ayudar a las personas que lo necesitan, que una sonrisa puede lograr muchas cosas y que la vida del comerciante es cansada pero satisfactoria.

“Yo crecí ahí, dormía en la parte de atrás cuando era una bebé todavía y me tuvieron que acondicionar una cuna entre la mercancía”

Con los años la escuela y las responsabilidades me alejaron un poco de la tienda, me fui a la universidad y tuve la oportunidad de vivir en diferentes ciudades, pero cada vez que tenía la oportunidad regresaba con mucho cariño a la tienda. Los años también la han cambiado, el mercado en sí se ha modernizado y hemos tenido que acoplarnos, hoy me doy cuenta que ese lugar mágico crece con nosotros aún sin que nos demos cuenta y alberga los sueños de toda mi familia de una forma u otra. Ahora, por primera vez en más de 50 años, mi abuelita tiene que quedarse en casa, todos hemos un gran esfuerzo por cuidarla y exponerla lo menos posible al virus, pero la vida no se equivoca y a pesar de que aún no termino de entender las razones me ha dado la oportunidad de apoyarla y de apoyar a mi tía atendiendo la tienda e intento hacerlo con el mismo amor con el que mi familia lo ha hecho por años. En estas semanas he aprendido muchas cosas sobre mi y sobre la gente; es impresionante todo lo que puedes ver y escuchar cuando poner un poco de atención, así que espero que esta sea mi forma de compartir con ustedes esta parte de mi vida y todo lo que representa para mi.

Texto de Elsa Maile Landa

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