Sociedad y Política

Adopción

La adopción, de acuerdo a la CNDH, es una medida para que niñas y niños tengan los cuidados necesarios permanentes o temporales cuando aquellos no tienen una familia.

En México no todos los niñ@s que viven en casas hogar son susceptibles a la adopción, ya que su situación jurídica se tiene que resolver antes de poder darlos en adopción, es decir, se tienen que tener datos de que el pequeño no tiene padres ni familia extendida biológica que los pueda cuidar. Los juicios de pérdida de patria potestad en México pueden tardar de tres meses a dos años en los cuales los niñ@s viven en casas de asistencia y muchas veces llegan a cumplir la mayoría de edad en esos lugares. En el país 30 mil niñ@s viven en casas hogar en las cuales, hay 1,168 niñas y niños susceptibles a adopción.

Photo by Emma Bauso on Pexels.com

El tema de la adopción en México todavía no es tan relevante como debería de ser, lo que genera que todavía sea tabú y no se apoye psicológicamente a los niños y niñas en casas hogar o a niñ@s que ya han sido adoptados, pues se cree que si se adopta a un bebé recién nacido es como si no se acordara de nada y por ende no tiene problemas de separación. Es un grave error pensar esto, ya que los niñ@s adoptados a cualquier edad tendrán una huella grande o pequeña de abandono en su ser y esta puede manifestarse cuando son pequeños, jóvenes o adultos. Por lo que es necesario empezar a hablar de la adopción desde la perspectiva de un adoptado, pues las cosas no son de un solo color, la adopción está llena de altas y bajas. Y es por eso que vengo a contarles mi historia.

Me llamo Ana, nací en Puebla y actualmente soy fotógrafa y artista ¡ah! y también soy adoptada.

No sé si alguna vez les ha dado curiosidad buscar blogs sobre adopción. A mí sí, y si los buscan se darán cuenta de que la mayoría son historias o experiencias por parte de los padres adoptivos, pero no de los adoptados. Creo que es hora de darles la voz a aquellos pequeños que ahora somos adultos y que vivimos en carne propia la adopción.

La adopción se ha romantizado mucho en algunas partes del mundo, se cree que los niñ@s adoptados tenemos que estar altamente agradecidos por que nos adoptaron, pero la realidad es que nosotros no tenemos que agradecer nada, existir no se tiene que agradecer, es algo que simplemente pasa…

Como hemos visto los datos en cuanto a adopción son duros en México, pues de 30 mil niños solo se adoptan 1,168 en todo el país. Eso es muy poco. Necesitamos una cultura de la adopción en nuestro país y por supuesto, en el mundo.

Yo les vengo a contar mi historia de adopción y les daré mis posturas acerca de ello.

Quiero comenzar por aclarar que cuando lean “Mamá”, “Papá” o “padres” en el texto, me refiero a mis papás que me adoptaron y me siguen cuidando, así mismo cuando lean “Progenitor” o “progenitores” me refiero a aquellas personas de las que soy descendiente biológicamente.

También me gustaría aclarar que esta historia es mía y no significa que todas las personas adoptadas pasaron o piensan lo mismo que yo acerca de sus padres biológicos o adoptivos.

Mi adopción fue peculiar, ya que me adoptaron cuando recién nací, algo que es difícil en México por la lentitud de los juicios de pérdida de patria potestad.

Claramente no recuerdo mis primeros días en la casa hogar, pero mis padres me cuentan que vengo de La Casa del Sol, una casa hogar privada de Puebla. Mi infancia la recuerdo como con un dolor indescriptible en el corazón y a la vez llena de mucha felicidad y amor. Recuerdo que en varias ocasiones después de jugar o hacer alguna actividad no importaba cual fuera llegaba corriendo a la cocina y le decía a mi mamá, “¡mamá!, el corazón me duele” y me señalaba el pecho y le decía “aquí me duele, me duele el corazón”. Esto pasó casi toda mi infancia, pero con el tiempo logré distraer ese dolor y lo dejé en lo más profundo de mi mente. Años después logré entender que lo que sentía no era un dolor en el corazón sino un vacío inmenso en el pecho; la causa era obvia, la separación abrupta de un progenitor y su cría. Digo obvia porque cuando llevas 9 meses viviendo en el cuerpo de alguien más y de repente te separan de forma abrupta y te ponen con personas desconocidas la mente del bebé queda alerta a cualquier peligro, ya que está completamente indefenso. No solo eso, se rompe un vínculo biológico que afecta física y psicológicamente (leer el libro La primera herida).

Lo que yo sentía y siento es un vacío en el alma, un abandono profundo que se quedó impregnado en mis células y en mi cerebro hasta el día de hoy. Yo soy de esas personas que a mis 28 años sigo teniendo apego o mamitis a mi mamá, no me pude separar de ella hasta los 23 o 24 años que me mudé del país a hacer mi maestría. Los problemas de abandono han sido y fueron bastante fuertes para mí. Cuando crecía y no encontraba a mi mamá en la casa los fines de semana (pues ella había ido al supermercado o hacer otras cosas) me entraba una ansiedad muy grande y solo pensaba “¡ya se fue!”, “¡ya me abandono!”, para mí era muy frustrante, ya que si le marcaba por teléfono y no me contestaba empezaba a llorar. Pensando que se había ido para siempre. Este tipo de comportamiento no se fue hasta que cumplí 21 años, es más, a la fecha todavía si mi mamá no me contesta el teléfono me empieza a dar ansiedad y tengo que recurrir a su secretaria para que me diga que está bien. Este tipo de comportamiento no solo se manifiesta con mi familia, también se manifiesta en mis relaciones amorosas.

El abandono es un tema crucial para los niñ@s que han sido puestos en adopción, pues imaginen que un día no vuelven a saber de sus progenitores, no importa si eres un recién nacido o un niño de 3, 9 o 12 años, y solo se preguntan “¿Habrá algo mal en mí?“, “¿Será que por eso me dejaron aquí?” Y que quizá esto se pueda repetir con cualquier otra persona y en cualquier momento.

La adopción se ha romantizado mucho en algunas partes del mundo. Se cree que los niñ@s adoptados tenemos que estar altamente agradecidos porque nos adoptaron, pero la realidad es que nosotros no tenemos que agradecer nada, existir no se tiene que agradecer, es algo que simplemente pasa (hasta por error) y ya. Comentarios como “ahora tienes una mejor vida” se escuchan frecuentemente en los temas de adopción, pero jamás sabremos si esta vida es mejor o si la otra pudo ser mejor, solo sabemos que serían muy distintas y ya.

Los padres adoptivos muchas veces se sienten como si fueran salvadores de una vida y es por eso que encontramos blogs de adopciones desde perspectivas como las de ellos. La realidad es que si en verdad quisieran salvar a alguien y sentirse bien con ellos mismos deberían de apoyar a la familia del bebé y no arrebatárselo a las familias (como en los casos en donde las agencias de adopción dan a niñ@s que sí tienen familia, pero al ser pobres se los quitan). Creo que no existe nada más cruel para un niñ@ que ser separado de sus progenitores, adoptar y sobre todo las adopciones ilegales por agencias, por orfanatos o por los gobiernos son un crimen contra la niñez.

No estoy diciendo que la adopción sea innecesaria, la adopción es necesaria, pero para los niñ@s a los que las autoridades ya investigaron que no tienen ningún familiar biológico que los pueda cuidar, o aquellos niñ@s a los que los progenitores deciden anular la patria potestad. Aún así, sabemos que en gobiernos corruptos como en el de México y otros países, incluyendo Estados Unidos, es fácil conseguir a un bebé por otros medios, es por eso que el proceso de adopción mediante el DIF tiene que ser más rápido, las investigaciones para saber si un niñ@ ya no tiene familia biológica que lo pueda cuidar deben ser mucho más ágiles de lo que son ahora. Se necesitan cifras reales de todos los orfanatos que existen en toda la república mexicana. Y sobre todo, se necesita penalizar a las adopciones ilegales. Sí, esas en donde el padre de la iglesia conoce a una niña embarazada que ya no quiere al bebé o aquel médico que conoce a alguien más o alguna agencia de adopción en donde tienes que pagar por el bebé, ¿pagar? Eso a cualquiera le suena a tráfico humano. Si no se legalizan las adopciones, no sabemos de dónde vienen esos niñ@s o si de verdad era necesario separarlos de sus familias.

Necesitamos luchar por un país con adopciones legales. Por una sociedad que escucha a los ahora adultos adoptados contar sus historias.

Texto escrito por Ana Cecilia Parrodi

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