Sociedad y Política

La Mentira de la Sororidad

Hace unos días recibí una llamada telefónica de un número desconocido; una mujer que me ofrecía invertir en un proyecto comercial que tenía, me dijo que me hablaba a mí porque sabía que yo era mujer que apoyaba mujeres y que ella quería que su proyecto fuera “Sororo”. La verdad es que al final su proyecto no tenía ningún tinte social ni perspectiva de género ni nada, más bien no sabía cómo sacar unos permisos federales y me invitó a “participar” porque yo tenía experiencia en esto.

La verdad es que si ella me hubiera llamado y me hubiera dicho que necesitaba apoyo en unos documentos pero que su proyecto apenas iniciaba yo no hubiera tenido ningún problema en darle asesoría en los temas que necesitaba, lo que me molesta de la historia es la forma en la que ahora usamos la palabra sororidad para una gran cantidad de cosas que en realidad no vienen al caso.

Bien dicen que para saber qué es algo primero tenemos que entender qué no es; sororidad no es una obligación, no es una forma de demostrar nada; sororidad no es un sinónimo de amistad, ni una forma coercitiva para medir compromiso, pero sobre todo sororidad no es un pretexto para tomar lo que necesites de otras mujeres. No debería ser solo una moda ni una palabra que se repite sin entender su significado.

La sororidad se ha convertido en un acto político, en una forma de demostrar que las mujeres unidas son mucho más fuertes de lo que nos habían querido hacer pensar

En cuanto a lo que sí es, debemos tomar en cuenta dos cosas: la definición que se le ha dado en la literatura con base en sus orígenes y lo que significa de manera sentimental en medio del movimiento feminista. La palabra viene del término inglés sisterhood que puede ser entendido también como hermandad, pero que va más allá de solamente su traducción literal. Sororidad implica una alianza entre mujeres que luchan por los mismos ideales, es la forma de llamar al tipo de acompañamiento que se crea cuando las mujeres se unen por un objetivo específico y positivo. Desde el punto de vista del movimiento la sororidad se ha convertido en un acto político, en una forma de demostrar que las mujeres unidas son mucho más fuertes de lo que nos habían querido hacer pensar. Sororidad es una palabra que representa la unión de voces en pro de una mejora social, implica el no quedarnos calladas ante la injusticia, levantarnos en una misma voz por nuestros derechos y mejorar todos los días desde nuestras capacidades y colectivos con la intención de salir adelante en una sociedad que nos dividió.

Entonces, ¿por qué decimos que hay que ser sororas con todas las mujeres? ¿Por qué utilizar el término para juzgar o calificar a otra? Tal vez hay otras palabras que expresan mejor nuestros sentimientos. Este término ha sido muy efectivo dentro del movimiento feminista porque le dio nombre a la unión entre mujeres que se está dando y que sigue creciendo, nos ayudó a materializar una empatía que ya existía pero no era reconocida, ahora ha llegado el momento de dignificarlo, de entender que no podemos desgastarlo y usarlo para expresar lo que no es, porque entonces pierde fuerza y sobre todo porque muchas personas aún no lo conocen o no lo entienden y cuando lo empleamos de más, confundimos su significado.

Aprendamos que entre mujeres no solo podemos ser sororas; también podemos ser tolerantes, compañeras, amigas, hermanas, testigos, admiradoras; podemos ser cómplices, amantes, escuchas y terapeutas; acompañantes, animadoras, poder ser un lugar seguro para nosotras mismas y para las demás. Existen en el mundo tantas posibilidades y formas de ayudarnos entre nosotras que necesitamos mucho más que un término para explicarlo y expresarlo; necesitamos aprender a reapropiarnos de todas esas palabras que nos dijeron que no aplicaban para describir las relaciones entre mujeres y decir las cosas tal y como son sin escudarnos en la palabra que las instituciones se han dignado reconocer.

En necesario demostrar y demostrarnos que un solo término no abarca ni una millonésima parte de nuestra realidad y también aceptar que no todas coincidimos ni estamos en el mismo punto de deconstrucción y aprendizaje, no podemos pedir que todas compartan nuestras formas de ver el mundo y la sociedad pero sí podemos estar para las demás en la medida que nos sea posible y en la que ellas nos lo permitan sin que ser aliadas se convierta en una obligación.

Seamos sororas en el camino del feminismo, aprendamos a defendernos entre mujeres y a coincidir en el lugar del mundo en el que nos encontramos, pero no olvidemos ser todas las otras cosas que somos como mujeres y recordémosle al mundo que no estamos juntas solo en la lucha sino en la vida, en los negocios, en las familias y en todos los ámbitos en los que nos dijeron que teníamos que competir.  

Dejemos de lado la mentira de que entre mujeres tenemos que ser sororas siempre, démonos la oportunidad de no entendernos, de ser tolerantes con quienes no piensen como nosotras, de querer y ser queridas, de escuchar y abrazar, pero también de dejar ir y así como el lenguaje trae a la realidad los sentimientos, recuperemos muchas más palabras para expresar nuestras formas de relacionarnos y redignifiquemos la sororidad en medio de un millón de otras formas de relacionarnos entre mujeres.

Texto de Elsa Maile Landa

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