Sin categoría

Me siento vivo

Escribo esto mientras escucho “Vivo” de Fobia, un himno medio hippie de alguna generación perdida, un himno que me apropio de vez en cuando, sin embargo, es la primera ocasión en que esta canción me acompaña para escribir un texto de muerte.

El mundo parece estar cayéndose a pedazos y el sol se eclipsa, pero la tierra ya emite luz propia, pues está ardiendo, ardiendo por las protestas sociales unidas en un ideal, pero dispersas en su organización civil, estallidos de violencia justificada que arden con fuerza, pero que con la misma rapidez se extinguen, la sociedad de la inmediatez, la sociedad del hiperconsumo, la sociedad globalizada, la sociedad mediatizada, la sociedad digitalizada, todo está al alcance de un clic, pero por eso mismo, nada ya está.

La sociedad posmoderna, la sociedad de la posverdad, parece mutilada de su capacidad de organización política, una opinión para nada popular, pero es que las manifestaciones se han transformado en cuestiones efímeras, donde la rabia contra el sistema estalla, pero con la misma fuerza desaparece de un día a otro y los medios de comunicación enfocan su aparato mediático a las noticias del momento, en una realidad de esta categoría, las manifestaciones sociales se transforman en momentos catárticos, con efectos colectivos y subjetivos similares a los conciertos, en donde el ser expulsa la energía o libido reprimida y después de ello, el cuerpo y la mente quedan exhaustas.

La sociedad contemporánea ha perdido la característica de poder ser “masa”, más bien, lo que vemos, son individualidades oprimidas y enojadas con razones de sobra. Finalmente, estos sujetos que somos, hemos sido educados y hemos crecido en un mundo en donde la facultad de organización política-civil es cada vez menor…

En una sociedad hiperproductiva e hiperconsumista, es natural que estos procesos económicos insertados en el modelo capitalista permeen en las forma en que la sociedad sale a la conquista de lo público, una esfera que durante años estuvo reducida. Sin embargo, al ser una sociedad y generación enajenada y alienada ya no a las cuestiones maquinarias tradicionales, sino a un entorno digital que a su vez funge como aparato ideológico, estas mismas manifestaciones tienen impresas en si el signo de la caducidad inmediata, la capacidad de indignación en cuestiones numéricas es impresionante, a cada acto de injusticia u opresión le corresponde una movilización social, sin embargo, esta misma capacidad en términos de continuidad social, es reducida.

Algo es cierto y es que la sociedad en el mundo percibe los cambios en la estructura y es partícipe de estos, el fallo sistémico se aprecia en Australia en llamas, en Medio Oriente en guerra, en La Unión Europea desintegrándose, en un colapso dramático del precio del petróleo, en el arribo de una pandemia y más recientemente, en el estallido de protesta en Estados Unidos que no es sino una muestra de que el sistema capitalista y las promesas de la globalización, tan solo globalizan en igualdad de oportunidades y derecho a sectores privilegiados, a costa de sectores que sufren la violencia de sistema en carne propia. Las protestas en Estados Unidos han sido replicadas en diversos puntos del mundo, de pronto un problema presente por siglos enteros se visibiliza y mediatiza y es la bandera de las manifestaciones.

Se aprecia una desorganización de los movimientos sociales y personas que salen a las calles a protestar, se grita desesperadamente contra un sistema que oprime, está en su naturaleza, no es una masa enardecida, como dice Byung Chul-Han, la sociedad contemporánea ha perdido la característica de poder ser “masa”, más bien, lo que vemos, son individualidades oprimidas y enojadas con razones de sobra. Finalmente, estos sujetos que somos, hemos sido educados y hemos crecido en un mundo en donde la facultad de organización política-civil es cada vez menor, así como nuestro contacto y empatía para con el otro, que se ve, en cierta medida, mutilada por la inmediatez que demanda el sistema.

El “vandalismo” se cataloga por los gobiernos y distintas voces como una cuestión de “violencia injustificada en contra de estructuras, monumentos o comercios”, decir que el vandalismo es una forma de expresión política profunda, es percibido por muchos como un tabú, incluso una herejía, pero es que lo que se olvida, es que el ser humano es un ser simbólico, detrás de esos monumentos, estructuras y comercios hay un símbolo impreso, similar al significado que tiene la cruz de Cristo. De igual forma, “vandalizar” algo es ir en contra de la cultura hegemónica manifestada en estructuras materiales, estructuras que poseen un poder simbólico generalmente opresivo, en un mundo donde el dinero es lo que vale y hace valer, atacar a las estructuras que detentan este simbolismo es una expresión política profunda, llevada a cabo, muchas veces, de forma inconsciente.

La acción y reacción es una ley de física, sin embargo, es una buena analogía social: Si durante décadas enteras se forjó, enalteció y fortaleció un sistema que ensanchaba exponencialmente las desigualdades económicas –desigualdad económica que tiene su origen y a la vez es origen de desigualdades raciales, étnicas, sociales, religiosas y culturales- , la reacción natural era la respuesta violenta de esos sectores a los que se les desmembró de capacidad de organización política, ya fuera por mecanismos ideológicos o por mecanismos de violencia directa, y que a su vez son sectores receptores de violencia sistémica, una violencia que no es más que una herramienta que disuade la organización y un símbolo de un poder inquebrantable.

El vandalismo es quizá un acto político que se podría comparar con el suicidio como acto de manifestación política, ambos tienen dentro el germen de un hartazgo inmenso que se conjuga con la incapacidad de vinculación con el todo, es decir, con la sociedad, una incapacidad que es creada y no natural. El vandalismo y el suicidio político con las expresiones políticas últimas de un sistema o realidad en genuina decadencia, un sistema que ya es antihumano al ser apolítico, pues lo político es solo en tanto los seres humanos se puedan reunir presencialmente a hacer política, un sistema cuyas decisiones están encaminadas justamente a mutilar al ser humano de esta facultad, ya sea por medio de restricciones expresas y punitivas características de los Estados totalitarios, o por medio de medios de enajenación y alienación en una conjunción de ideología y trabajo, característica de los Estados totalitarios que se dicen democráticos.

La violencia que estalló en Jalisco es una pieza de dominó más que cae en la serie de manifestaciones internacionales que no hacen sino hablar de que el sistema se hace cada vez más insostenible

El vandalismo y el suicidio político a su vez, remarcan una realidad fatal en la que el ser se encuentra aislado en sí mismo, el sistema finalmente lo recluyó, la pandemia es solo la etapa física de algo que ya se estaba gestando desde hace décadas y que es esta individualización que se ha hecho proporcional a la reducción dramática de masa social. En las manifestaciones se aprecian individualidades que se dan cita en un solo lugar, por un momento, pero sin cohesión, sin agendas políticas, si acciones más allá de esa protesta.

La violencia que estalló en Jalisco es una pieza de dominó más que cae en la serie de manifestaciones internacionales que no hacen sino hablar de que el sistema se hace cada vez más insostenible, que las bases sociales, en este vandalismo que medios y políticos clasistas califican de “injustificables”, son una llamada de atención y un grito que denota que el tejido social ya no puede soportar más presión para continuar cargando a la pirámide social, un gobernador que culpa a la presidencia y una presidencia que culpa a la derecha, termina no siendo más que una misma élite política y económica que ya no sabe a quién más culpar y de qué forma, pues cada culpabilidad que se lanza, termina regresando a la misma figura como boomerang.

La respuesta clásica es la violencia, como diría Frantz Fanon, el estallido de la violencia no es más que el ser humano que busca afirmarse como persona completa y con dignidad, como existencia, esta violencia social expresada en un “vandalismo” desorganizado da prueba de que la opresión política del ser no es exclusiva de sistemas coloniales y totalitarios, sino que es característica de cualquier régimen que oprima de cualquier forma. Los ciudadanos de Estados Unidos se han afirmado a través de este y el Estado responde de la misma forma al saber que sus sistemas de disuasión ideológicos fracasaron y que, para mantener “el orden”, es decir, el estatus quo, es necesario el uso de la violencia del Estado, pues de lo contrario, el sistema mismo fundado en la violencia, ya sea simbólica o directa, podría colapsar por su misma naturaleza.

La pandemia es solo la etapa física de algo que ya se estaba gestando desde hace décadas y que es esta individualización que se ha hecho proporcional a la reducción dramática de masa social

El gobernador de Jalisco, haciendo gala de un desconocimiento o de considerar sin importancia la realidad social, decidió ejercer medidas punitivas contra quienes quebrantaran normativas de salud para con la pandemia, se posicionó contrario a las estrategias de la presidencia y dotó a un cuerpo policiaco corrompido para administrar la fuerza y el castigo contra los bandidos de la pandemia, resultando en el asesinato de Giovanni, la chispa que encendió aún más una hoguera global. La sociedad de Jalisco en este sentido, está secuestrada por el narcotráfico, empresas carroñeras, un Estado mediocre y una institución policiaca corrompida, en una realidad donde ya no se percibe dónde acaba uno y comienza el otro. Darle la capacidad legal a las policías de administrar y gestionar la justicia pandémica, es darle a esta institución el permiso tácito de asesinar y refugiarse en la ley, otorgarle el poder a esta institución para realizar la detención de personas que no cumplen con las normativas estatales, es justificar el abuso de poder contra quienes históricamente son abusados, lo que es más, muestra la inmensa ignorancia que se tiene de la realidad social, o la inmensa carencia de importancia que los gobernantes le dan a la realidad social.

El uso de la institución policiaca para aplicar medidas punitivas contra quienes violen normativas de sanidad, es a su vez, castigar a quienes son víctimas de la desigualdad, es decir, contra ese sector poblacional que no tiene las mismas capacidades económicas para aislarse, para comprar cubrebocas, para quienes no tienen la educación para saber de qué forma utilizar el cubrebocas, porqué utilizarlo, de qué forma ayuda, para quienes no tienen las oportunidades sociales y educativas para percibir veracidad de noticias , para quienes no tienen las capacidades económicas y materiales de estar informados, etcétera. No nos mintamos, aplicar medidas punitivas contra personas que quebranten las medidas de aislamiento, es condenar y castigar a las personas que forman las bases de la sociedad y la sostienen por estar en las bases, es condenar y castigar la ignorancia en la que se les mantienen en un país donde la movilidad social es prácticamente nula, no es una cuestión de méritos y de “echarle ganas”, es una cuestión estructural. Dotar a la policía con esta función, es criminalizar la desigualdad y justificar, aún más, el uso de la fuerza desmedida en contra de los desposeídos.

A su vez, dotar a la policía con esta nueva función, es confiarle a un cuerpo corrompido la administración de la violencia y del castigo en una nueva área, un cuerpo que falla en los exámenes y percepción de confianza ciudadana, es convertir al combate de la pandemia en algo comparable a la delincuencia y dejar a un lado la estrategia cultural, es primar, una vez más, la respuesta represiva a la respuesta ciudadana, una respuesta que solo se responde y es natural que así sea, con estallidos de violencia social, aparentemente “injustificados” ante la inmensa presión a la que se le sigue sometiendo a las bases sociales.

Dotar a la policía con esta función, es criminalizar la desigualdad y justificar, aún más, el uso de la fuerza desmedida en contra de los desposeídos

El uso desmedido de la fuerza policiaca es una muestra del fallo institucional de este cuerpo, es hacer evidente el hecho de que un cuerpo del Estado cuya naturaleza ya es por si misma represiva, está fuera de los escasos controles institucionales, siendo un cuerpo formado por personas honestas, claro, pero también por cantidad enorme de mercenarios, otorgar esa facultad a las policías mexicanas es hacer caso omiso al hecho de que es una de las instituciones más cuestionadas no solo de México, sino del mundo.

La policía es un cuerpo universal cuya función popular es la de mantener la seguridad pública, sin embargo, la verdadera función es la de mantener el orden público, es decir, la de mantener las cosas como son y disuadir a la sociedad de pretender cambiar el estatus quo, son el mecanismo y la línea de defensa que tiene el Estado contra los subversivos, un cuerpo civil que lucha contra su misma clase desarmada, la utilización de la policía ante manifestaciones sociales no es una cuestión de mantener la seguridad ciudadana, sino más bien, la de mantener el orden público para el buen desarrollo económico y productivo, de proteger a quienes ejercen el poder del Estado y de las compañías, de impedir que estas manifestaciones arriben a los altos niveles sociales, son el cuerpo encargado de oprimir a la ciudadanía y mantener el poder de forma relativamente estática, de reprimir mediante el cuerpo de granaderos y dispersar los cuerpos sociales, de dar un recordatorio a la población de que la paz y el orden son más importantes que los derechos y la exigencia de justicia.

La policía es un cuerpo universal cuya función popular es la de mantener la seguridad pública, sin embargo, la verdadera función es la de mantener el orden público, es decir, la de mantener las cosas como son y disuadir a la sociedad de pretender cambiar el estatus quo, son el mecanismo y la línea de defensa que tiene el Estado contra los subversivos

Escribir este artículo me llevó más tiempo que la duración de la canción de Fobia, sin embargo, los problemas sociales continuarán más allá de ella también, mientras tanto, me siento vivo y esto, también es un privilegio de clase que me gustaría algún día dejara de ser un privilegio y se convirtiera en un derecho que no esté solo en la ley.

Texto de Daniel Arias

Categorías:Sin categoría

Tagged as: , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s