Sociedad y Política

El marcador actual: latam 0 – covid 19

Somos el epicentro del caos. Latinoamérica vuelve robarse los reflectores del mundo, otra vez, por las causas que menos quisiéramos. Hoy el coronavirus atormenta a la región, poniendo a prueba sus respuestas sanitarias, fiscales, sociales y de todo lo que involucra luchar en contra del amenazante y microscópico asesino. Lamentablemente, en el marcador vamos perdiendo y nuestras curvas de contagio van tomando una forma nunca antes vista en el mundo; en otras palabras, estamos rompiendo récord y el pico de contagios se sigue avistando muy lejos aún.

En la región, Chile y Perú van tomando la delantera, siendo los países con más casos confirmados en la América Latina; basta con solo ver la siguiente gráfica y leer los primeros dos nombres que resaltan ante el resto. El tercer nombre en aparecer es Estados Unidos, quien en semanas pasadas había sido el principal país atacado por el virus. A diferencia de Chile y Perú, la curva de EUA ya está logrado el afamado “aplanamiento”, mientras que el resto de Latinoamérica (ver curva naranja “promedio regional”) muestra una muy sólida tendencia al alza, sin indicios de disminución, desaceleración, ni mucho menos aplanamiento.

Fuente: elaboración propia con datos poblacionales del Banco Mundial y número de casos confirmados de la Organización Mundial de la Salud

México y Brasil se camuflan por en medio de la gráfica, indicando una falsa sutileza en la crisis que ambos países están viviendo. Lo que indican los números es que sí, las curvas van creciendo con una pendiente relativamente pronunciada, pero ni siquiera han llegado al nivel de Italia (en el caso de Brasil) ni de Alemania (en el caso de México), entonces podría uno creer que no es para tanto, “vamos bien”. La realidad es otra, y el principal indicio de esto se encuentra en un factor obvio y esencial: el número de pruebas realizadas por millón. Mientras Alemania ha realizado más de 37 mil pruebas por millón e Italia más de 51 mil, Brasil solo aplica 3,464 y México 1,375, lo que significa que nuestros números están, por mucho, subestimados. Y este bajo y penoso desempeño en número de pruebas aplicadas no sólo es en comparación con los países europeos antes citados, sino dentro de nuestra misma región, en principio, Perú y Chile aplican cada uno más de 20 mil pruebas por millón, así es, al menos 8 veces más que las pruebas realizadas en promedio en México y Brasil. Este bajo número de pruebas que nos causa un deseo mixto tanto de reír como de llorar, va en línea con los ideales de los muy respetables líderes de Brasil y México, pues para Jair Bolsonaro esto del coronavirus es una pequeña e inocente “gripezinha” y para AMLO un bichito que no amerita ni un tapabocas.

Fuente: Worldometers

Si miramos de cerca la gráfica podemos ver lo que la OMS ha dicho en los últimos días: en otras partes del mundo las curvas – y por lo tanto la crisis – están siendo más o menos controladas y en números reales muestran una tendencia a la baja, mientras que las cifras de América Latina van disparadas hacia arriba. Lo cierto es que la región lleva viviendo relativamente poco con la incómoda Covid-19, por lo que es hasta cierto punto entendible que las curvas vayan hacia arriba, no obstante, nuestros números son mucho peores que otros países cuando estaban a esta misma altura de la pandemia. Y, hay que decirlo, no se vislumbra muy claro cómo es que vamos a lograr someter al enemigo invisible, pues las medidas de confinamiento no han dado para nada los resultados esperados.

Tanto Chile como Colombia y Perú, implementaron medidas más estrictas de confinamiento que, por ejemplo México y Brasil, y no por eso sus curvas se ven mejor. Esto se puede deber a que, como es común en la región, es imposible mantener a las personas en confinamiento porque más del 50% de estas se encuentra empleada en el sector informal y tienen que salir forzosamente para poder sobrevivir, pues antes de que el virus llegara a robar cámara, el hambre y la pobreza ya eran – y siguen siendo – una amenaza de muerte para muchos. Por otro lado, aún cuando se obligue a la gente a permanecer en casa, es tanto el hacinamiento, la precariedad y la densidad poblacional de las partes más pobres de la región que el encierro no es más que otra sentencia de muerte.

Al final, tantos años de mala administración y sistémica desigualdad en America Latina están pasando factura y la estamos pagando caro, con creces e intereses. Nuestros muy precarios sistemas de salud y nula solidez fiscal están dejando a nuestros estados maniatados e indefensos y a nuestra gente en la línea de fuego. Como en un mal sueño, volvemos a ver este viejo cuento que vive en el imaginario de todos los latinoamericanos, cuando las cosas se ponen rudas, son los más pobres y los más vulnerables los que mueren primero.

Texto de Nicole Schmidt

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