Cultura y Arte

Una fotografía que baila

Ricardo Sierra

De los muchos artistas que conocí en el Ecuador, Maricela Rivera fue una de las que más llamaron mi atención, no solo por su forma dulce y jocosa de hablar y bromear, sino también por la trayectoria que desde hace ya unos diez años ha realizado en la fotografía y la danza.

Quietud y movimiento, instantes que se quedan atrapados, que fluyen irremediablemente por articulaciones, inhalaciones y escapes de energía al realizar una coreografía.

Maricela Rivera nació en la ciudad de Quito, Ecuador, estudió primeramente biología y ecología aplicada, comenzó a tomar fotografías para investigaciones cuyo propósito era la documentación en revistas y plataformas sobre fauna y flora.

Colores, sombras, perspectivas y profundidades, son solamente elementos con los que ella juega y se divierte, sueña y siente

Fotógrafos como Sebastião Salgado, Eliza Méndez, Santiago Arcos o Karla Gachet, la cual trabaja como fotógrafa en la revista National Geographic (NG), son para ella una gran inspiración. “Para mi sería lo máximo trabajar en la NG, Gachet realiza fotografía documental y tiene unos trabajos asombrosos…”.

Fotografía contemplativa, documental, de aventura, etc., son algunos tipos de trabajo que Maricela nos va revelando mientras se le oyé en la grabación emocionada por recordar acerca de sus experiencias, o por lo menos yo me traslado a los lugares o sitios que ella va narrando, tanto en montañas, bosques, selvas, cuerpos de agua o frente a animales que han captado su atención.

Al hablar con Maricela no solamente te refieres a una fotógrafa que lleva su cámara a todos lados, tanto en la naturaleza como retratando a personas, bodas o eventos importantes. Colores, sombras, perspectivas y profundidades, son solamente elementos con los que ella juega y se divierte, sueña y siente.

Nos habla de aventuras, de caminar por las montañas, por los caminos del Cotopaxi, del Chimborazo, del volcán Cayambe, la laguna del Quilotoa o el volcán Pichincha, entre otros; recorrer enormes tramos de camino en medio de la selva y de la naturaleza resulta para ella una actividad revitalizadora, donde puede nutrirse de experiencias, vistas y de una tranquilidad envidiable.

“Me acuerdo que en un ejercicio de imaginación con el ‘Colectivo Z’, yo te planteaba escenarios tanto urbanos como naturales y tú nunca quisiste salirte del campo, del bosque, del río… rechazabas adentrarte en la ciudad”, recordaba en nuestra entrevista, a lo que Maricela me contestó: “me siento más tranquila estando en la naturaleza; el estrés del tráfico, las multitudes y la contaminación me ponen inquieta, es mejor estar retirada, o en la tranquilidad de un bosque o a las orillas del mar”.

Para ella el tomar fotografías está relacionado íntimamente con su estado de ánimo, los colores se eligen, el blanco y negro resultan ser una opción dependiendo de la emoción con la que esté experimentando en ese momento. Detalles en el pelaje de su perro, en las alas de un insecto, en las escamas de alguna lagartija que se haya cruzado en su camino, como buena bióloga y artista visual, su trabajo nos revela talento y sensibilidad de lo que quiere retratar: el ángulo, la distancia o el detalle de su predilección.

Con sus fotografías, Maricela pretende contarnos historias: “Empecé con el gusto a la fotografía cuando descubrí el trabajo de algunos fotógrafos como Harold Edgerton, la captura de alguien en movimiento, acción por acción, me pareció algo increible…”.

Me parece curioso cómo Maricela ha podido complementar su profesión de bióloga-fotógrafa con la de bailarina. Ella nos relata que en sus inicios no tuvo una educación del todo formal, hasta que en la universidad tomó algunas clases de danza contemporánea con la maestra Marcela Correa, en los tiempos en que apenas se estaba conformando el grupo de danza de la Universidad San Francisco de Quito, teniendo que dejarlas por horarios cruzados entre la danza y la biología.

Maricela está quieta y observa los detalles, junto con el “Colectivo Z” continúa desarrollándose y aportando ideas, tomando fotografías, contribuyendo a este ciclo…

Posteriormente encontraría un espacio en la Casa de la Cultura “Danza para todos los cuerpos”, dejando a un lado los prejuicios que se tienen sobre la edad de los bailarines; continuando su camino en los talleres de Kléver Viera, miembro fundador de la Compañía Nacional de Danza del Ecuador, quien tuvo una importante repercusión en ella, aprendiendo nuevas técnicas y estilos. “Me cambió mi perspectiva sobre la danza…”.

Teniendo dudas sobre la elección de una u otra profesión, Maricela se ha encontrado a veces con la dificultad de ir transitando entre la fotografía y la danza, pero ha logrado salir adelante y ha continuado desarrollándose. Al pasar el tiempo, y con una maestría hecha en Inglaterra, ha descubierto maneras diferentes de moverse, de apreciar la naturaleza y seguir convencida de que la tranquilidad de estos espacios la complementan.

“Desde nuestras propias individualidades podemos contribuir al mundo en el que vivimos, si hacemos que los demás estén mejor, nos mejoramos a nosotros mismos, me parece que es como un círculo, y el arte forma parte de ese desarrollo personal y colectivo…”, sentenció.

Con la crisis actual del Covid-19, Maricela está quieta y observa los detalles, junto con el “Colectivo Z” continúa desarrollándose y aportando ideas, tomando fotografías, contribuyendo a este ciclo que cosechará sus frutos cuando por fin podamos salir y encontrarnos.

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