Sociedad y Política

¿Quién necesita más?

Elsa Maile Landa

El gobierno del estado de Puebla puso en marcha un programa de apoyo alimentario para apoyar a las comunidades rurales del estado que se han visto afectadas por la pandemia.

En esta ocasión fui parte del equipo encargado de recorrer mi localidad y hacer entrega de estos apoyos (no, no me tomé fotos con la gente para Instagram), pero sentí la necesidad de escribir un poco de lo que viví en esos días.

Las indicaciones eran muy claras, nadie debía dejar sus casas; nosotros iríamos puerta por puerta y le daríamos el apoyo a las personas de a tercera edad, personas con discapacidad o familias en situaciones de extrema necesidad. La consigna parece sencilla, buscas a las personas con estas características, les pides su INE y un comprobante de domicilio original y reciente; entregas la despensa y sigues a la próxima casa. La realidad fue muy diferente, por radio ya se había dado la noticia de que había llegado un apoyo estatal para todas las familias que lo necesitaran. En cuanto la gente veía llegar las camionetas salía de sus casas, avisaba a los vecinos, se aglomeraba en las calles. De nada servía que les pidiéramos que nos esperaran en las puertas de sus casas, todas las personas se acercaban con dudas o salían a buscar a sus familiares que vivían en otras calles para que fueran por sus despensas.

Tuvimos que dejar la cuadra resguardados por la policía y dejando detrás una gran cantidad de insultos

Todo se ponía peor cuando les explicábamos a las personas que el apoyo no se lo podíamos dar a todos, que nos pedían ciertas características y que, además de todo, no contábamos con el número de despensas suficiente como para dar a basto en toda la zona.

La situación era complicada. Algunas personas esperaban en las puertas de sus casas con sus papeles en mano, otras no contaban con sus credenciales, muchos rentaban así que no tenían comprobantes de domicilio. Había casos en los que más de una familia vivía en la misma casa, familias de más de 8 personas, casas para las que era necesario caminar más de diez minutos por caminos sin pavimentar, pequeñas viviendas de madera unto edificios de tres pisos, madres solteras, padres que se quedaron sin trabajo, personas que tuvieron que cerrar sus comercios. Nos enfrentábamos a colonias completas que en mayor o menor medida estaban siendo afectados por la situación nacional e internacional, pero en las que la desigualdad del país también se hacía evidente.

“Es tu decisión” me dijo uno de los supervisores cuando le comenté sobre una señora con 4 hijos pequeños que vivía sola y habían cerrado la maquila en la que trabajaba. No lo dudé, llené el formato y pedí que le entregaran su despensa, por un momento tenía el poder de apoyar a las personas que más fuerte estaban resintiendo las medidas de confinamiento. La escena siguiente es lo que me llevó a escribir esto, algo que aún no termino de entender.

Me habían visto entregar la despensa a una mujer que no cumplía las características de edad o discapacidad así que el resto de los vecinos comenzó a exigir que les entregara el apoyo porque “ya le había dado a ella” así que ahora tenía que darles a todos. Ya no importaba si eran mujeres jóvenes, si eran familias pequeñas o no, si tenían una tienda de abarrotes abierta en el primer piso de sus casas, todos exigían el apoyo bajo el simple argumento de que yo había entregado la despensa a su vecina. No hubo forma de hacerles entender que la forma de vivir de su vecina la convertía en una persona más vulnerable que el resto de ellos con techos de cemento. Tuvimos que dejar la cuadra resguardados por la policía y dejando detrás una gran cantidad de insultos.

En otra ocasión me encontré con una privada en la que vivían básicamente dos familias extendidas, dos señoras ya mayores, cada una tenía al menos dos hijos casados que vivían con sus familias en las casas contiguas; me era imposible entregar más de 6 despensas para esas familias así que les propusimos dejarles dos despensas, que eran bastante grandes, y pedirles que hicieran lo posible por repartirlas entre todos. Al principio parecieron estar de acuerdo, pero finalmente uno de ellos decidió que era injusto, gritó, sacó su celular y comenzó a decirme que seguramente me iba a robar las despensas, que el apoyo era para todos y yo se los estaba negando.

El último día hubo una calle en la que mis compañeros no pudieron ni siquiera pasar porque la gente los insultó por decidir quién podía tener una despensa y quién no. Todos los que estábamos ahí entendíamos a la perfección que todos necesitaban ayuda pero teníamos la gran responsabilidad de llegar a las personas en la peor situación de todos. No podíamos más que decidir porque tampoco teníamos demasiadas despensas en nuestras manos y las rutas eran largas.

Aprendí una triste lección sobre la sociedad en la que vivimos y es que no sabemos alegrarnos porque le va bien a nuestros vecinos

Al final, puedo decir que me quedo con las personas que agradecieron su despensa con lagrimas en los ojos, los que por voluntad propia le decían a sus vecinas “yo de aquí te comparto”, las señoras que nos dijeron con toda honestidad que ellas no la necesitaban tanto, que se las diéramos a alguien más, los que nos regalaron un poco de agua después de horas de caminar por el sol, los que entendían que solo hacíamos nuestro trabajo.

Pero también aprendí una triste lección sobre la sociedad en la que vivimos y es que no sabemos alegrarnos porque le va bien a nuestros vecinos, arruinamos las oportunidades de los demás por egoísmo, porque más de una persona que lo necesitaba se quedó sin despensa porque sus vecinos se pusieron agresivos, porque después de mi primer experiencia me lo pensaba cada vez más cuando trataba de ayudar a las personas, porque nos acordamos que el gobierno trabaja para nosotros solo en esos momentos, pero no cuando hay que exigir leyes más justas, no cuando hay que luchas contra la inseguridad y no cuando hay que salir a votar.

Categorías:Sociedad y Política

Tagged as: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s