Sociedad y Política

¿Por qué bailamos?

Franco Escobar

Los humanos llevamos bailando bajo el cielo azul incluso desde antes de haber desarrollado un lenguaje escrito. Las evidencias más antiguas de humanos bailando provienen de una pintura en una cueva en India que data de nueve mil años en el pasado. Sea cual sea la razón de bailar (quizás algún ritual, ceremonia religiosa, por diversión o seducción, y llámese tango, salsa, swing, twerking o hip hop) el baile ha estado presente en todas las culturas y lugares del mundo habidas y por haber. Incluso ahora en la distancia de tiempos de COVID-19 seguimos bailando.

¿Pero por qué bailamos? Charles Darwin fue uno de los autores que han tratado de explicar (por escrito) nuestro deseo de bailar, mismo que, según él, cumple con la función de demostrar nuestra capacidad de apareamiento. Darwin argumentaba que al bailar bien, una persona indicaba claramente que era apta para sobrevivir y reproducirse.

Resulta que el acto de bailar requiere de coordinación, condición física, ritmo, balance y cierta simetría, atributos que podemos relacionar con la supervivencia debido a que precisamente son útiles para correr (huir de los depredadores) y pelear (protegernos de amenazas), mientras que la simetría es un símbolo de belleza que, a su vez, es símbolo de salud. Un buen bailarín entonces señalaba fortaleza, agilidad y salud. Por ello se cree que el baile nos genera tanto placer al haber sido en nuestra historia evolutiva un elemento clave para la supervivencia de nuestra especie.

De hecho, se piensa que nuestro deseo de bailar puede ser visto en bebés desde los cinco meses de edad, al mover sus cuerpecitos y extremidades al ritmo de alguna melodía a pesar de su corta edad. Sin embargo, debe decirse que la reproducción no es la única función que el baile cumple en la actualidad, pues el mismo sirve como cimiento de redes sociales, la expresión de valores, historias, emociones y belleza, entre muchas otras.

De manera interesante, al bailar se activan en nuestro cerebro regiones similares a aquellas activadas por el sexo, la comida o el consumo de drogas, por lo que el no poder bailar podría compararse con el no poder fumar. Las buenas noticias son que no necesitamos ser nosotros los que bailan para estimular al cerebro de aquella manera, puesto que el simple hecho de ver a otras personas bailar puede estimular al cerebro de la misma manera. Es decir, un observador de bailarines puede sentir un placer similar al de aquellos que están bailando.

Hay una buena cantidad de estudios que han tratado de entender los efectos del baile en los humanos. A continuación se resumen tres en particular que me parecen sumamente interesantes:

El primero fue un estudio con personas que sufren de Parkinson, que es un trastorno neurodegenerativo y que afecta sus vidas de muchas maneras: balance, capacidad de caminar, estados de ánimo, ansiedad y depresión. Sin embargo, al poner a estas personas a bailar dos o tres veces por semana, todos los síntomas presentaron mejoras significativas. Se cree que el baile ayuda bastante al ser una actividad social, física y cognitiva. Dicho de otra manera, es especialmente benéfica al requerir de otras personas, al implicar movimiento y ejercicio, y al representar desafíos de aprendizaje y memoria.

El segundo estudio encontró que al bailar mejoramos nuestra memoria y prevenimos una posible demencia. Básicamente hay una parte del cerebro que se llama hipocampo, el cual se cree que es responsable por la memoria a corto plazo y que a partir de que entramos en la vejez reduce su tamaño en un 1% o 2% cada año. En el estudio dividieron a varios sujetos en dos grupos: El primero haría actividades de estiramiento como el yoga dos o tres veces por semana durante un año. Mientras que el segundo grupo tenía que bailar en la misma medida. Los hipocampos de las personas del primer grupo se redujeron de manera normal. Es decir, no pasó nada. Pero los hipocampos de las personas que bailaban varias veces por semana experimentaron un incremento en su tamaño de un 1% o 2% en ese año, lo cual fue fascinante.

Finalmente, el tercer estudio, trató de identificar cuáles movimientos eran considerados como buenos o malos. O, más bien, cuáles eran atractivos y cuáles no. Aquí encontraron que los movimientos de twist (en donde torcemos alguna parte del cuerpo), de flexión, y aquellos movimientos fluidos son generalmente percibidos como atractivos. Particularmente, si el movimiento ocurre en el torso, el área del cuello y la cabeza. Más allá de ésto, parece ser que la creatividad, la flexibilidad y la variación son factores necesarios para que un baile sea considerado atractivo por el o la observadora. Por el contrario, los movimientos no atractivos son tienden a ser repetitivos, rígidos y nerviosos, probablemente porque indican que el bailarín ya no es tan joven o no tiene una buena condición física.

De cualquier manera, el baile y la música nos han dado demasiado, al ayudarnos a permanecer juntos y sentirnos siempre acompañados, sirviéndonos como pegamento social y herramienta de expresión, incluso desde casa y a través de una pantalla. Los que bailan, no dejen de bailar.

Fuentes y recursos:

Cirelli et al. (2018). “Rhythm and melody as social signals for infants.” Annals of the New York Academy of Sciences:

https://www.researchgate.net/publication/323617615_Rhythm_and_melody_as_social_signals_for_infants

Podcast:

https://www.npr.org/transcripts/610796636?storyId=610796636?storyId=610796636

Neave et al. (2011). “Male dance moves that catch a woman’s eyes.” Northumbria University: https://royalsocietypublishing.org/doi/full/10.1098/rsbl.2010.0619

Artículo de la BBC sobre el mismo estudio: https://www.bbc.com/news/science-environment-11223473

Neave et al. (2013). “Male body movements as possible cues to physical strength: a biomechanical analysis.” American Journal of Human Biology:

https://www.sciencedaily.com/releases/2013/01/130128081946.htm

Ted Talk sobre psicología y el baile:

Wade Nicholas (2003). “We Got Rhythm; the Mystery Is How and Why.” The New York Times: https://www.nytimes.com/2003/09/16/science/we-got-rhythm-the-mystery-is-how-and-why.html?sec=&spon=&pagewanted=print

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