Expresiones

Lo que traigo en la cabeza: segunda parte

Ricardo Sierra

¿Cuándo un suicidio colectivo? ¿Cuándo se apaga este videojuego para quedarme dormido, aunque sea un año y medio, no manito? ¡Pos ya que! ¡Pos me mato! ¡Pos me largo! Con que no esté despierto, con que no me entere que los buenos son los malos y los malos son los buenos, mejor para mí. ¿A mí qué chingados me importa? Mejor me escondo en mi discurso de odio, ¿no?

Cansado, miro el reloj, son las ____, ¿están despiertos? ¿No los he dormido? ¿De qué estoy hecho? ¿De carne y huesos? ¿De polvo de estrellas y versos perdidos? ¿Qué estaba diciendo? ¿Por qué me despertaron? ¿Dónde está el caos y el ruido que yo mismo me genero? ¿Dónde están los que estaban despiertos y ahora están arrinconados en un pedacito del mundo, durmiendo? No se callen nada, no dejen que la somnolencia de la tarde y de los días enclaustrados los venza, mejor actúa en consecuencia con estos tiempos que parecen vacíos, pero que en realidad, están más llenos de lo que nos imaginamos, llenos de pintura y de encuentros, llenos de vida como las palabras escritas de cientos y cientos de poemas que se estarán escribiendo encima de una mesa o sentados en una cama vacía.

Los escenarios han quedado vacíos.

Saquen el mejor juego de mesa que tengan, no importa si es baraja o dominó, quiénes están a su lado, ¿familia o amigos? Invítenlos a jugar y véanlos, pocas veces nos encontramos jugando todos, como antes, compartiendo, disfrutando, dándonos cuenta que tenemos amigos y familia ¿se acuerdan? Creo.

Rojo, azul o amarillo.

¿Cuál es su color favorito? ¿Cuál es su sueño más alocado? ¿Cuándo fue la última vez que lo hicieron dándose de besotes en el cuarto de a lado? Hagan ejercicio, aunque sea media hora al día, tomen dos litros de agua, es lo que los médicos recomiendan. No se sientan cansados, a nadie se le ha dado ese derecho. Tampoco se mientan, quieren estar pegados al Netflix todo el día, encerrados en su cuarto como yo lo he hecho, lo admito, como no lo he dejado de hacer en todos estos años, aislándome, y ahora que puedo, me da miedo, el frío de estas cuatro paredes, el sentirme solo, pero de verdad solo, me hace pensar que he desperdiciado demasiado tiempo haciéndome el interesante, haciendo sentir a los otros que si se mueven o hablan, pierden el juego.

No se callen nada, no dejen que la somnolencia de la tarde y de los días enclaustrados los venza, mejor actúa en consecuencia con estos tiempos que parecen vacíos…

¡Perdiste el juego!

Pero desde hace rato, desde que nos encerramos en una cuarentena de miedo, miedo, miedo y más miedo, miedo de que me miren, miedo de estar bajo el reflector o atrás del escaparate, miedo de decir quién soy y qué es lo que pienso.

¡Deja de pensar tanto, chingadamadre! Ponte hacer algo, porque al final queridos amigos, después de este lapso de tiempo, largo y “aburrido”, depende de cada quien, cuando salgamos y nos demos cuenta que el mundo ya no es el mismo, comprenderemos lo que tanto nos han dicho, tanto al de a lado como al animal en cuatro patas, volando, nadando o enterrándose en la tierra, le debemos el mismo respeto que a cualquiera.

Cuando veas flores creciendo en la banqueta, ¡no seas hijo-eputa y deja que sigan creciendo!, cuando veamos un árbol viejo que representa la memoria del mundo y del tiempo, en vez de talarlo, mejor abrázalo, y en vez de insultarnos los unos a los otros porque crees que es amarillo y no azul o rojo, violeta o negro, mejor dile a tu compañere: “oye, mejor sentémonos y contémonos cómo nos fue en estos días…” 

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