Cultura y Arte

2020 a.C -2020 d.C (antes y después del coronavirus)

Daniel Arias

Tuve un sueño, que sueño no fue en absoluto;

el brillante sol habíase extinguido, y las estrellas

vagaban a oscuras en el espacio eterno,

sin luz y sin sendero, y la helada tierra

oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna. (Lord Byron)

Hablar del “sistema” en ocasiones parece una cuestión de conspiración mundial. No es para menos. Cuando una persona se refiere al sistema está hablando de una cuestión invisible e intangible, al menos en apariencia, pero que define y condiciona al ser humano. Libros como 1984, canciones como Another brick in the wall, filmes como V de Venganza y animes como Psycho pass, tienen la semejante particularidad de hablar, a su manera y con su voz, del sistema como una crítica e incluso como negación de este.

Se habla del sistema porque es un hecho que este existe y nuestra vida diaria, el sentido común, nuestros discursos, en fin, la totalidad de nuestro existir, está en gran medida definido por este sistema. Inclusive nuestros deseos y sueños, pues al final el inconsciente es una construcción de doble nivel, es decir, social y subjetiva. Es un tanto irónico como incluso quienes construyen su identidad a través de la negación del sistema, siguen siendo condicionados por este, pues el sistema solo puede serlo por medio de la tensión poder y oposición, para hacerse de enemigos y de otredades, y de esta forma legitimarse en todas las dimensiones existenciales.

Es un tanto irónico como incluso quienes construyen su identidad a través de la negación del sistema, siguen siendo condicionados por este

No obstante, hablar del sistema continúa siendo un cómico tabú que posiciona al crítico de este mismo en un nivel catalogado como conspirativo y no crítico, esto da muestra de que el sistema no es solo un ente similar a la mano invisible de Adam Smith, que no se ve pero que todo lo controla, no, el sistema solo puede ser así mediante la reproducción social de este, es decir, el sistema solo puede existir en tanto los seres humanos continuemos, consciente o inconscientemente, reproduciendo estas dinámicas socioeconómicas y culturales, pues al final quienes construimos esta realidad y no otra, somos nosotros.

A pesar de lo anterior de igual forma se debe mencionar que el ser humano carece de una libertad real. De primera mano nos encontramos constreñidos a un lenguaje con significaciones que emanan de relaciones de poder y de concesiones negociadas o forzadas que el ser humano ha hecho en relación al sentido de estas mismas en el discurso, por otro lado nos encontramos condicionados por deseos implantados que creemos que son propios, en gran medida esto es a magia del marketing y del marketing político. No cuestionamos al sistema pues este se nos ha presentado desde la educación elemental hasta la educación superior como uno que es generoso, cualquier tipo de educación contrahegemónica está prohibida por evidentes razones.

De primera mano nos encontramos constreñidos a un lenguaje con significaciones que emanan de relaciones de poder y de concesiones negociadas o forzadas

Hablar del sistema no es más que hablar de una estructura de ordenación social. Se escribe simple, pero en la práctica esto significa que el sistema se encuentra presente en todas las esferas de nuestra vida, lo que causa temor; saberse esclavo de este es atentar contra el concepto de “libertad” aparente sobre el que el sistema está erigido “Yo soy libre” es el mantra. Sin embargo, en esta pequeña frase se encuentran las deficiencias del mismo, comenzando por el yo que exalta la individualización de la época y terminando por el concepto de libertad que, irónicamente, fue grabado en nosotros a la fuerza. La libertad que el sistema enarbola es una clase muy particular; no cualquier tipología de libertad es aceptada por el sistema, es decir, si se tiene que hacer un balance entre libertad democrática y libertad de mercado, la libertad de mercado tiene un peso mayor para este.

Somos reproductores del sistema, la defensa de este se gesta desde el sentido común, hasta las acciones militares directas, no obstante, los sistemas se desgastan y en un proceso histórico terminan por quebrarse, ninguna conceptualización y remiendo teórico ya resulta suficiente para poder darle mantenimiento a una estructura corroída, sucedió con el esclavismo, sucedió con el feudalismo y sucede también con el capitalismo.

Actualmente vivimos una época crítica en la historia, pues es el momento en el que una amenaza biológica obligará al sistema a reformarse, adaptarse o caer, caer no por causa del virus, sino por las consecuencias sociales y económicas que ya se sabe dejará con un irremediable aumento de la pobreza y con un cuestionamiento a los sistemas gubernamentales e instituciones que resultaron incapaces de lidiar con la amenaza de forma adecuada. Nuevamente no por el virus, finalmente esta amenaza fue algo fortuito, sino por la incapacidad de estas instituciones de poder lidiar con lo que ya viene, pues no se cuestiona o se trata de impedir el aumento de pobreza que ya se avecina, sino que, sencillamente se da por hecho, se da por hecho que la pobreza es algo natural y no creado por el mismo sistema.

Una historia similar la tuvimos en la crisis financiera mundial del 2008, que puso en entredicho las instituciones capitalistas, pero que los gobiernos del mundo terminaron salvando con un rescate económico que sigue los modelos de Keynes, al cual se le conoce por ser el bombero del capitalismo tras la crisis financiera de 1929. Se tiene que ser claro con esto, en 1929 y en 2008 se rescató al sistema, no a la sociedad, lo que, es más, a una fracción de la sociedad se le sacrificó en aras de rescatar al sistema, una teoría puesta en práctica del que el sistema capitalista carece de ética.

Nuevamente no por el virus, finalmente esta amenaza fue algo fortuito, sino por la incapacidad de estas instituciones de poder lidiar con lo que ya viene, pues no se cuestiona o se trata de impedir el aumento de pobreza que ya se avecina, sino que, sencillamente se da por hecho, se da por hecho que la pobreza es algo natural y no creado por el mismo sistema

¿Qué se puede esperar de todo esto? Repetiré lo dicho por distintas organizaciones internacionales, entre ellas la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la cual a aseverado que después de la pandemia viene otra peor, que es la recesión económica y un aumento exponencial de la pobreza mundial. No es que yo como columnista esté de acuerdo con esto, sin embargo, el aumento de la pobreza tras el fin de la pandemia no es una profecía, especulación u opción, sino que ya es un decreto. Por otro lado tenemos instituciones incapaces de lidiar exitosamente con esta enfermedad y los dos estandartes del sistema democrático capitalista se encuentran en genuina crisis, me refiero a Europa y Estados Unidos, cuyos sistemas de salud se encuentran rebasados y que hasta el momento, no han logrado contener la expansión de la pandemia, esto es algo que contrasta de inmediato con un país como China, que a pesar del duro golpe que significó esta enfermedad para el país, hoy ha logrado contener la enfermedad y ha comenzado a exportar ayuda a otros países como Italia para luchar contra esta enfermedad.

El aumento de la pobreza tras el fin de la pandemia no es una profecía, especulación u opción, sino que ya es un decreto

China se define como un país capitalista al exterior y comunista al interior; lejos de debatir la contradicción e incompatibilidad conceptual entre ambos calificativos, me limitaré a decir lo siguiente: China les ha demostrado a las democracias capitalistas que su sistema es más eficiente que el nuestro. La eficiencia de su sistema no solo se debe al tamaño de su economía, sino también se debe a que China es un país autoritario con un sistema de vigilancia y control del cuerpo y de la sociedad enorme, pero también quirúrgico, es este sistema de control y vigilancia el responsable de haber contenido la propagación de la enfermedad. La ingeniería social que China mostró al mundo fue sencillamente impresionante, su capacidad de acción y no solo de reacción terminaron por transformar un problema, en una oportunidad de promocionar su sistema ante el mundo. Si el concepto de libertad en occidente es uno impuesto y controlado, el concepto de libertad en China es de segunda o tercera categoría, es decir, un tanto inexistente en el imaginario colectivo, pero es que China y gran parte de Asia, privilegia al colectivo por sobre el individuo, el problema de uno termina por decantarse en el problema de todos, muy al contrario de las sociedades de corte occidental.

Esto no quiere decir de ninguna forma que el sistema chino sea la opción humana a tomar, finalmente este solo es posible mediante la implementación de regímenes autoritarios con total control del cuerpo y pensamiento del sujeto, finalmente a pesar de lo tergiversado que esté el concepto de libertad occidental, aún existe y se puede repensar para transfórmalo en algo más humano, sin embargo, es en esta posibilidad donde radica la fortaleza del concepto occidental impuesto, pues si aún existe y puede ser repensado, se puede repensar para mantener un sistema injusto a flote, mientras que sociedades como la china, pueden literalmente, crearlo.

Lo que venga después de la pandemia será histórico, para bien de la sociedad o para mal, el incremento de la pobreza mundial será un detonante y es en este incremento de la pobreza donde se encuentra la fortaleza revolucionaria, pues este incremento supone una tensión mayor a la tensión ya existente entre la riqueza concentrada y la pobreza generalizada, de igual forma este incremento de la pobreza supone un cuestionamiento más a los sistemas democráticos duramente cuestionados desde hace un par de años y cuya evidencia se reflejó hace un año con la movilización social en América latina.

Por otro lado, la Unión Europea se encuentra en una auténtica crisis y no me refiero solo a la cuestión del sistema de salud o a la parálisis económica, me refiero a la naturaleza misma de la Unión, el Brexit solo fue un antecedente a lo que posiblemente venga y es que si previo a la pandemia la Unión Europea lidiaba con cuestionamientos a los propios principios de la Unión, una xenofobia generalizada y nacionalismos que se fortalecían, con esta crisis pandémica y el cierre extraordinario de las fronteras con la suspensión temporal del tratado de Schengen, la Unión Europea deberá afrontar un cuestionamiento generalizado de su propia funcionalidad, un cuestionamiento emanado tanto de sectores moderados como de la propia ultraderecha que capitalizará los fracasos institucionales, es decir, la existencia misma de la Unión Europea está en riesgo y deberá responder con la misma fuerza que con la que el problema arribe.

Esta pandemia no es un castigo divino, sino una consecuencia humana -los efectos de la pandemia y no de la enfermedad en si- es más bien un fenómeno natural fortuito que no hace sino evidenciar las carencias del sistema, sin embargo, esta pandemia es solo un elemento más de las advertencias previas producto de la acción humana en el planeta y solo una evidencia mundial y no regional de que el sistema tal como lo hemos reproducido debe cambiar o terminar, pues cada vez se hace más insostenible en la totalidad del concepto y sus dimensiones.

Intentar profetizar lo venidero sería un error metodológico y egoísta de mi parte, pero lo que me permitiré decir es que el mundo tal como lo conocemos cambiará, ya sea una cuestión revolucionaria o una cuestión reformista, el contenido axiológico del mundo se moverá y reacomodará junto a los sectores sociales, existirá un reordenamiento mundial ¿De qué forma? Imposible decirlo, pero existirá en menor tiempo del que el sistema esperaba, lo que veremos será la capacidad de respuesta y adaptación que tanto caracteriza al capitalismo, o, al contrario, un fracaso y deficiencia en la contestación que este dé.

Categorías:Cultura y Arte, Sociedad y Política

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