Sociedad y Política

9 de marzo

Darien Warnholtz

El silencio que se percibe el día de hoy es mucho más fuerte de lo que me había imaginado. Es un silencio que se puede cortar, tan helado que se siente hasta los huesos. Es la ausencia las voces de Fátima, Ingrid, Lesvy, Esther, Nadia y cada una de las mujeres que han sido víctimas de la tragedia que envuelve a nuestro país. 

¿Por qué los ataques? ¿Por qué estamos hablando de vacíos y silencios? ¿Por qué hablamos de muerte, de feminicidio, de opresión y violencia? ¿Por qué nos están matando? 

¿En qué momento nos convertimos en una amenaza?

En ese momento en el que nos dimos cuenta que calladitas no nos vemos más bonitas. Nos convertimos en una amenaza en ese momento en el cual nos paramos con nuestra fuerza y dejamos que nuestra voz se escuchara. Somos las mujeres del siglo XXI. Somos mujeres empoderadas y somos mujeres independientes.

Para un constructo social en el cual la mujer siempre ha dependido del hombre, nuestra independencia causa caos, nuestro ruido es molesto y nuestra fuerza asusta. ¿Por qué? Porque no hemos sido educados, ni hemos educado para complementar, sino que para competir. 

Una amiga mía me compartió una frase suya:

“Sólo un hombre débil le teme a una mujer empoderada, pues es incapaz de sostenerla” – (Carolina Lachica. 2020) 

Me preguntó posteriormente qué opinaba yo acerca de ella. Leí la frase y sinceramente estuve completamente de acuerdo. En nuestro sistema, el hombre siempre ha estado posicionado por encima y en contra de la mujer. Hemos educado para competir, no para convivir, no para complementar, es por ello que los hombres le temen a una mujer empoderada.

Aunque esa era mi opinión, en ese momento le dije que era mejor cambiar la frase, sustituir unas palabras para que no la criticaran o para protegerla. 

En nuestro sistema, el hombre siempre ha estado posicionado por encima y en contra de la mujer

Hoy, en este día en el cual el silencio perfora mi campo auditivo, entiendo que es justo lo que no debemos hacer. Ella tiene todo el derecho de expresar lo que ha sentido, lo que vive y lo que ve de la situación, y no tiene porqué hacer la frase más suave. Es una frase que representa qué es lo que está pasando y por qué hemos sido oprimidas. Si analizamos la idea a fondo, es muy acertada: las inseguridades se convierten en miedo a lo que no conocemos, ¿y qué hacemos cuando tenemos miedo? Lo queremos aplastar y nos ponemos a la defensiva. Los miedos son nuestra debilidad:

 “Nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso contra las mujeres, que un hombre inseguro.” – Simone De Beauvoir 

“Porque al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre, es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo” – Eduardo Galeano. 

No se trata de decir que todos los hombres están en nuestra contra, ni se trata de decir que debemos estar por encima de ellos, al contrario, debemos aprender a convivir. Debemos luchar en contra de ese mismo constructo social que nos ha dicho que uno es mejor que el otro.

Siempre han existido los roles de género establecidos por la sociedad y su situación, los cuales han determinado que el hombre es aquel que trabaja, que mantiene a la familia, que adquiere a la mujer. La mujer debe verse bonita, crear y cuidar a una familia, trabajar en la casa y ser el apoyo del hombre. Siempre hemos sido vistas como si fuéramos más débiles, y nos han tratado como una propiedad más.

Nosotras no teníamos el derecho de adquirir propiedad porque la éramos. Siempre hemos sido sometidas a obedecer, porque el miedo a las consecuencias de rebelar era mayor a callar y seguir adelante. Así ha sido durante no años, pero siglos. 

Nosotras no teníamos el derecho de adquirir propiedad porque la éramos

El mundo y la sociedad han ido evolucionando, y nosotras ya no tenemos porqué quedarnos calladas.

Soy una mujer a la cual han educado para ser independiente, valiente, fuerte, trabajadora, y ambiciosa, pero también soy una mujer a la que le han dicho “calladita te ves más bonita” o “no vayas porque quién te va a cuidar”. También me han dicho “cámbiate porque el vestido está muy corto” o “es demasiado tarde, no puedes ir”. Todas éstas cosas me las siguen diciendo. Tengo 24 años y aún vivo como si tuviera 15.

Aunque entiendo que estas frases vienen de preocupación, son frases que me han hecho crecer en una burbuja. Ya no quiero ver todo desde el interior de una bolita de cristal, quiero tronarlo, y quiero vivir en libertad sin tener que ser valiente. 

He callado más tiempo de lo debido, tolerado más de lo debido, omitido más de lo debido. Todo por miedo a ser criticada, miedo a que me pase algo, miedo a que le pase algo a alguien cercano, miedo por que mis papás tengan que preocuparse por mí. Incontables miedos. Yo ya me cansé de tener miedo, y estoy aprendiendo a gritar sin él. Ya me cansé de conformarme, y estoy aprendiendo a crear olas y caos porque adivinen qué: me toca defender aquello en lo que creo. 

El llamado

Hago un llamado a todas las que seguimos con miedo y seguimos calladas: ya no más. El 8 de marzo fue la prueba de que todas estamos unidas. Nos cuidamos entre mujeres, entre amigas, entre familia. No más silencioUsemos las voces que tenemos para hablar por aquellas que ya no están, para hablar por nosotras, y para hablar por las que vienen. Gritemos hasta que nuestra libertad sea un hecho. 

Hago un llamado por luchar por aquello en lo que creemos. No es fácil, y esto apenas comienza. Empiecen desde sus casas, sus trabajos y sus círculos sociales. Digan lo que opinan sin miedo a decirlo, vayan a esa marcha, griten, incomoden, luchen, pero nunca más vuelvan a permitir que alguien las calle

Hago un llamado a todas para entender que no somos competencia. Somos complementos, y debemos tratarnos como iguales. Esa es la base del movimiento feminista. Todos necesitamos un soporte, todos necesitamos apoyo, y los hombres necesitan a las mujeres, tanto como mujeres necesitan a los hombres. 

Hago un llamado por ser mujeres leales. Debemos antes que cualquier otra cosa, sernos fieles a nosotras. Seamos mujeres en las que otras pueden confiar. Tengamos el coraje de hablar frente a otra y decirle si nos ha ofendido, lastimado o desilusionado, y más si son nuestras amigas. Seamos mujeres que no apuñalan a otras por la espalda. Seamos mujeres que enaltecen a otras. Seamos mujeres que nos protegemos. Seamos mujeres que luchan por reparar lo que está roto

Hago un llamado por hacer un nuevo constructo social. Aprendamos y eduquemos a todos a convivir, a tratarnos, a respetarnos. Aprendamos a escuchar, a querer, a ser fieles y a defender. 

Hago un llamado por seguirnos empoderando. 

Hago un llamado por terminar con la violencia. 

Es hora de que nuestros derechos sean inherentes. Ya fue suficiente. 

El silencio que se percibe el día de hoy es mucho más fuerte de lo que me había imaginado. Es un silencio que se puede cortar, tan helado que se siente hasta los huesos.

Siento el silencio que sentiría si algo le pasara a mi mamá o a mi hermana. Siento el silencio que sentiría si algo le pasara a mis amigas. Es un silencio que me hace doblarme del dolor y es un vacío que nunca quiero experimentar. 

Nosotras tenemos el privilegio de volver a existir. Gritemos y luchemos por aquellas que ya no. No se va a caer, lo vamos a tirar.

“No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar.” – Angela Davis. 

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