Economía

No son vacaciones, dicen… Tampoco es periodo activo, respondemos

Daniel Arias

Un sistema económico es una red de relaciones sociales y políticas que versan sobre la forma en que los seres humanos añaden valor a la tierra, al trabajo o a la maquinaria de acuerdo a la época y como este valor se expresa a través de un sistema de ordenación social que da jerarquías. Mucho se podría hablar sobre los sistemas que han existido a lo largo de la prehistoria e historia humana, de igual forma mucho se podría hablar acerca de como Marx propone quebrar con esta antagonía de clases a través de una revolución proletaria y de esta forma “finalizar” con la historia, que es una que solo es posible en tanto exista tensión, oposición, antagonía, confrontación de clases; es decir, la historia solo es posible mientras existan clases sociales.

Se esté de acuerdo o no con lo anterior, eso solo fue un pretexto para introducir una idea general de lo que un sistema económico es: un sistema de ordenación de lo social o, en otras palabras, eso que le da forma, sentido y significación a toda actividad social que tengamos y la forma en la que la tenemos.

El sistema económico mundial es el sistema capitalista, un modelo económico que tiene como máxima el mercado que engloba tanto a la oferta como a la demanda, tanto a ofertantes como consumidores y este conjunto de actores y elementos del mercado se rigen por la “libertad de mercado”, es decir, por la supuesta capacidad del mercado de regularse a si mismo por las leyes de oferta y demanda sin la intervención del Estado. El capitalismo aboga por la reducción inminente del Estado para dejar ser y hacer al mercado en la economía, de esta forma, en la actualidad se tiene a la política y a la economía como entes separados cuando, por esencia, deberían estar concatenados.

No pretendo hacer un recorrido histórico y axiológico del sistema capitalista (si es que realmente este tiene valores fundantes), lo que pretendo hacer con esto es solo ubicar al lector en un piso y punto de partida y para ello es importante explicar lo siguiente.

El capitalismo aboga por la reducción inminente del Estado para dejar ser y hacer al mercado en la economía, de esta forma, en la actualidad se tiene a la política y a la economía como entes separados cuando, por esencia, deberían estar concatenados

El sistema capitalista que nace y se establece como el hegemónico ante el surgimiento de una burguesía europea y el ascenso de esta misma en oposición a la nobleza mediante la revolución francesa y su posterior explosión en el resto del continente, no es el mismo sistema que vivimos actualmente, pues entre ese momento histórico y ahora, han acontecido una serie de sucesos que han moldeado al capitalismo hasta convertirlo en lo que es hoy por hoy, entre esas cuestiones fenómenos como la globalización y el desarrollo de nuevas tecnologías que han tecnificado al sistema haciéndolo prescindir poco a poco de la mano de obra directa.

El desarrollo del sistema se ha evidenciado ante esta crisis internacional que se está viviendo y ha encarnado algunas cuestiones que ya se habían expresado antes en la teoría y un poco en la práctica, pero que el contexto crítico actual no ha hecho más que comprobar a gran escala, lo cual es casi natural al tener en cuenta que un sistema de ordenación mundial de lo social sencillamente es: mundial.

Un gran preámbulo para llegar a la idea central del texto. A lo largo de estos días las casas y las redes sociales se han llenado a desbordar y el tema central de ambas termina siendo el brote de la pandemia y la reestructuración de la vida cotidiana, sin embargo, saltan a la vista dos cuestiones: el “Home Office” (término que me causa conflicto desde el hecho de que se exprese en inglés) y la implementación de la educación el línea. Es por estos factores que no logro evitar pensar lo introyectado que nosotros como sujetos tenemos al sistema mismo y junto a él, el concepto de productividad. Al final de todo el valor de una persona en la actualidad se basa en su productividad, la cual a su vez se expresa en dinero; irónico cuando se contrasta con la repartición de la riqueza y se analiza quiénes son los poseedores de esta misma.

Al final de todo el valor de una persona en la actualidad se basa en su productividad, la cual a su vez se expresa en dinero

El sistema actual se puede apreciar en su máximo esplendor en esta crisis humana, pues los sujetos se explotan a si mismos desde el hogar para continuar produciendo para un sistema que no ven y lo conciben como autorrealización. Ya lo decía Byung-Chul Han, el suicidio es la introyección de una frustración contra el sistema en una frustración contra uno mismo y el revolucionario termina transformado en suicida.

Es absurdo, ridículo y tragicómica la desesperación por la que atraviesa el sistema e intenta por todos los medios de los que dispone (que son el mundo en su totalidad), “normalizarse” en una situación anormal, y es que si su “normalidad” es la producción. La humanidad en un estado de crisis por amenaza biológica, suspende toda actividad de producción y por ende, congela al mercado, pues al no existir demanda, la oferta se hace inútil.

Existen claro, productos que actualmente se demandan demasiado y que, gracias a las leyes de autorregulación del mercado, sus precios se han incrementado, una prueba de que el capitalismo no tiene normas éticas, es un sistema que se ha desapegado de toda condición humana para volcarse de lleno a la cuestión de reproducción e incremento de las ganancias, no obstante, la comparativa entre los productos que se demandan y la totalidad de mercancías existentes es enorme, por lo que debemos de hablar de una semi-parálisis del sistema.

El sistema actual se puede apreciar en su máximo esplendor en esta crisis humana, pues los sujetos se explotan a si mismos desde el hogar para continuar produciendo para un sistema que no ven y lo conciben como autorrealización

La actividad en la esfera pública se ha suspendido, o al menos eso es lo que se pretende y a la sociedad se le pide limitarse a su hogar y nada más, la limitación del tránsito en el espacio público, el control del cuerpo, el control de las relaciones sociales, es decir, la intromisión del Estado en la esfera de lo “privado” que en condiciones “normales” sería un elemento que se catalogaría de totalitarismo, en este estado de emergencia no es más que una regulación y forma de combatir la propagación de la enfermedad, la aceptación de los ciudadanos en la nueva implementación y regulación de lo social, es solo un consenso en la aceptación de la existencia de una crisis y en la capacidad única del Estado para hacerle frente, en otras palabras, el estado de emergencia es un estado de “anormalidad”.

Es un tanto grotesco observar como empresas, colegios, universidades, etc, enarbolan el argumento de “No son vacaciones” y sobre ese mismo se permiten continuar la explotación de sus trabajadores desde el hogar, muchos otros envían a trabajadores a descansar sin goce de sueldo, aún cuando estas compañías son parte de la élite millonaria trasnacional “No son vacaciones” y a pesar de ello, no hay pago. “No son vacaciones” es un argumento débil que bien puede ser utilizado en su contra, pues si bien no son vacaciones, tampoco es “tiempo activo” y los empleados y/o estudiantes no deberían estar pasando horas laborales o escolares completas trabajando recluidos en casa, solo para terminar las tareas y continuar recluidos en casa, pues no estamos en un estado de normalidad en las que las actividades se puedan realizar con normalidad, esta autoexplotación muestra lo internalizado que se tiene el concepto de productividad y la enajenación llevada hasta sus últimas expresiones.

El capitalismo no tiene normas éticas, es un sistema que se ha desapegado de toda condición humana para volcarse de lleno a la cuestión de reproducción e incremento de las ganancias

Continuar una rutina así es enfermizo por diversas cuestiones, pues si bien es cierto que existen personas que realizan su trabajo desde casa desde antes de que la contingencia iniciara, lo cierto es que la posibilidad de salir al espacio público siempre estaba, en el trabajo y escuela existe interacción, existen momentos de recreación, de relaciones sociales y de relación con el exterior, eso es lo que hace que jornadas extensas se puedan sobrellevar con facilidad, pero en el confinamiento la historia es otra.

Esta normalización que se pretende establecer no es más que un intento por hacer parecer que el sistema se puede sostener hasta en momentos insostenibles, se presenta esta crisis como un contratiempo, sin embargo, algo es cierto y es que la democracia liberal, es decir, las democracias capitalistas, están desesperadas al grado en que están dispuestas a hacer concesiones sociales a cambio de su continuidad, me refiero los paquetes económicos que algunos gobiernos como el francés y el español han presentado para salvar a los negocios del evidente golpe que llegará al finalizar la contingencia, lo cual recuerda al gobierno de Obama ante la crisis financiera del 2008 y el rescate que el gobierno hizo a la bolsa, ambos casos son una medida Keynesiana de rescate a la economía, aún cuando la intromisión del Estado en la autorregulación del mercado es un tabú para los neoliberales más radicales, sin embargo, ni siquiera ellos pueden ignorar que si no existe un rescate gubernamental de la economía, el sistema mismo colapsa.

Al sistema capitalista le importan poco las pérdidas monetarias que durante esta crisis pueda tener, ese es problema de las clases medias, el verdadero problema son los cuestionamientos al mismo sistema que surgen a raíz de la crisis y que han quedado al descubierto por lo mismo, es debido a esto que de forma inconsciente, el trabajo constante, incluso desde casa, se hace un imperativo, pues mantiene al sujeto enajenado impedido de ocio y el ocio popularmente, es la madre de todos los vicios, no porque el ocio sea malo en sí, sino porque es en el ocio desde donde se piensa y se cuestiona y el vicio más grande es pensar y cuestionar.

El sistema se sabe en jaque y los gobiernos, que son parte de este sistema al ser democracias liberales, no rescatan la economía por altruismo, la rescatan porque saben que si el sistema colapsa, ellos colapsan junto a él dada su naturaleza simbiótica al ser parte del mismo origen, esta pandemia no es el problema en sí, la humanidad se recuperará tarde o temprano, el verdadero problema es el futuro, pues ya se prevé una recesión y un incremento exponencial de la pobreza, lo que en términos marxistas, se traduce en el incremento de tensión de clases y la paulatina posibilidad de rebelión y de cambio en el ordenamiento de poder.

La necesidad de mantener el sistema a flote en condiciones anormales se expresa desde dos niveles, desde los gobiernos rescatando economías, hasta los sujetos introyectando el sistema productivo en su ser, uno da la apariencia de compromiso social y el otro da la apariencia de productividad aún en una economía paralizada, pero es que el sistema capitalista está hecho de apariencias, es natural que las apariencias sean su última línea de defensa.

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