Cultura y Arte

Canta Susana

Entre las voces que enmarcan la música de América Latina, la de Susana Baca es una de las más representativas de todas. Proveniente de Lima, es la más importante exponente de la música afroperuana. El Perú, como también muchos otros países latinoamericanos, son la mezcla y la fusión de distintas latitudes y sentires, de texturas y sabores, los negros de la costa, los indios de la sierra, los trovadores que vienen por los caminos empinados y terrosos, andinos, afro-andinos, familias enteras que traen en la sangre y en su carne el ritmo de aquellos poemas y versos que han sido recolectados y tejidos por el paso del tiempo, hasta llegar el momento en donde todo se ha unido.

Al escuchar a Susana Baca puedes sentir una sabrosura especial, un “dejarse llevar” en las canciones de “Caras lindas”, “Se me van los pies” o “Molino Molero”, un conjunto de percusiones, violines, guitarras, coros y demás instrumentos se ponen a danzar en medio del escenario, en medio de nuestros pensamientos, llevándonos a otra época, a otro espacio en donde se apropia y clama un mensaje claro y contundente: a la discriminación, pobreza y abuso también se les puede cantar, bailar y sentir en el paroxismo de la vida.

Wikimedia Commons – Diario de Madrid

Proveniente de una familia sostenida por la madre, Susana Baca fue la primera y única de sus hermanos que pudo estudiar una licenciatura y acceder, ya grande, al cargo de Ministra de Cultura del Perú. Pero todo ese trayecto no fue fácil recorrerlo, ya que de pequeña sufrió lo que en la normalidad de la época era completamente aceptable, la discriminación por color de piel. Hubo un concurso promovido por el Ministerio de Educación y el Conservatorio Nacional de Música, Susana Baca ganó junto con otra niña el premio, teniendo la oportunidad de obtener una beca para ir a estudiar al Conservatorio, la otra niña no tuvo problemas y entró sin ningún contratiempo.

Susana esperó, esperó y esperó, nunca la llamaron, nunca pudo estudiar música formalmente. “Es una de las tantas historias de discriminación que existen en mi país” diría en una entrevista, sin embargo, eso no la detuvo para lograr lo que se proponía, hacer de la música su modo de vida, su aire, suelo, sueños y horizonte.

Experimentó nuevos ritmos, sonidos, bailes y poemas que salían como de una chistera mágica, reivindicando el papel del poeta como también de la mujer, ese es el caso de sus más grandes referentes e influencias: Chabuca Granda y Mercedes Sosa. La primera la nombró su heredera directa y buena parte del repertorio de Baca son letras de Chabuca Granda, cantautora peruana con la cual convivió largo tiempo antes de que falleciera en el ochenta y tres. En el caso de Mercedes, Susana se expresaría así de ella: “Para nosotras las cantantes de hoy, que estamos en todo el mundo, nos sentimos como hijas de Mercedes Sosa, esta mujer que interpretó de una manera maravillosa las composiciones de muchas personas, llevándolas al lugar exacto donde debe de estar esa música y representar a toda la América Latina en el resto del mundo…”.

Susana esperó, esperó y esperó, nunca la llamaron, nunca pudo estudiar música formalmente. “Es una de las tantas historias de discriminación que existen en mi país” diría en una entrevista…

Baca se suma a esa tradición de mujeres que cantan y transmiten su enorme talento y su compromiso tanto con su arte como con los tiempos y sus problemáticas. “Negra presuntuosa” y “María Lando” son dos de las canciones que más me gustan, no solo por la letra y sus ritmos, sino por la sensualidad con que las canta Susana, su interpretación conmovedora que llega a hacerte sentir en los poros la letra, el tono y la ternura con que narra las historias.

Aparece descalza en los escenarios, su sonrisa es blanca y enorme, sus manos se extienden y parecen bailar como dos pájaros que revolotean alrededor, en movimientos livianos, como dos mantas que son mecidas por el viento, sus pies negros bailan, se mueven, sus caderas contonean y su energía la transmite plenamente. Escuchar a Susana Baca es como estar presente en una fiesta interna con nosotros mismos, nos reclama, nos hace parte de un carnaval que se extiende por todos los sentidos, en los ojos, en el rubor de las orejas, en el sabor dulce y salado de nuestros paladares, en el aroma de la piel de nuestro amor que se oculta entre el gentío que empieza a arremolinarse alrededor de Susana. Su voz suave, potente, tiene vida, un fuego que recorre el ancho espacio en el que de pronto nos encontramos. Si uno presta atención, cerrando los ojos, dejándose llevar, la puedes escuchar…

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