Ciencia y Tecnología

Del coronavirus o de la máscara de la muerte roja

Daniel Arias

Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo.

-Edgar Allan Poe

Lo que se escribirá a continuación no es un llamado a hacer caso omiso a las instrucciones de la OMS y del Estado mexicano, sin embargo, considero que se debe de realizar una revisión crítica de la situación y posicionarse éticamente con respecto a esta misma, lo mínimo que la población desprotegida merece, es que la introduzcamos dentro de nuestro modelo privilegiado de pensamiento y expandamos nuestro entendimiento del universo más allá de nuestras fronteras familiares o de amistades.

Desde el estallido del COVID-19, popularmente llamado “coronavirus”, el mundo entero entró en estado de alerta debido al rápido contagio que este trajo consigo, esto sin mencionar que al haber surgido en China y al haber causado golpes económicos que se resintieron en el mundo debido a la parálisis económica que vive el país debido a la ola de contagios, fue un factor para que la noticia y la alerta se propagara paulatinamente por el mundo. La OMS ha declarado la infección como “pandemia” y gobiernos de todo el mundo han securitizado esta enfermedad al declarar el Estado de emergencia movilizando a todos los elementos públicos que tienen a su disposición para detener la expansión de la enfermedad. Ha dejado de ser puramente un asunto de Estado para pasar a ser una cuestión internacional; un problema de la humanidad.

Si bien es cierto que existen otra serie de problemas que igualmente azotan al género humano, la aparición de esta enfermedad sin aparente cura ha activado alertas mundiales, pues esta no es una que afecte en mayor medida a sectores social e históricamente segregados, la lista de contagios demuestra que afecta a toda clase sin distinción.

Lo mínimo que la población desprotegida merece, es que la introduzcamos dentro de nuestro modelo privilegiado de pensamiento

A mi mente llega el cuento de Edgar Allan Poe de “La máscara de la muerte roja” y creo que Poe es universal por cuestiones evidentes, sus cuentos no tienen espacio ni tiempo y actualmente podemos ver una alegoría de este en lo que acontece alrededor del mundo: clases privilegiadas acuartelándose en sus hogares y clases desprotegidas dejadas a la merced de la enfermedad. Las clases altas terminan sufriendo la misma enfermedad que las clases bajas, sin embargo, hay un factor de diferenciación crucial entre ambas y es que el dinero, lamentablemente en estos casos, literalmente puede comprar la vida, mientras que la pobreza, termina por condenar a un enfermo.

La OMS ha dicho en diferentes momentos que esta enfermedad no es necesariamente mortal y que mientras se tenga un buen estado de salud, probablemente en caso de resultar infectado, esta misma no tendrá efectos mayores a los de un resfriado normal. De la misma forma se ha recomendado a la población abstenerse de hacer cualquier actividad que no sea fundamental y adquirir el estado de cuarentena, aumentar las medidas de higiene y de socialización. Estas disposiciones deberían ser suficientes para detener la propagación de la enfermedad.

Sin embargo, lo anterior solo es atendible y entendible para sectores poblacionales que tienen la capacidad de actuar sin un efecto “mayor” en sus vidas, los sectores social e históricamente desprotegidos, al menos en México, parece que son dejados a merced de un sistema de salud pública colapsado que en circunstancias “normales” no se da abasto para cubrir la demanda, además de que la cultura de prevención no ha permeado en sectores que viven al día, lo que los hace vulnerables de otras enfermedades y padecimientos lo que los hace un público susceptible de infectarse con el COVID-19 y sufrir las consecuencias más adversas de este mismo por un doble nivel: Un sistema de salud pública insuficiente y una salud personal frágil.

El dinero, lamentablemente en estos casos, literalmente puede comprar la vida, mientras que la pobreza, termina por condenar a un enfermo

Los gobiernos del mundo han tomado acciones distintas, tales como poner ciudades enteras en cuarentena, suspender clases, movilizar al ejército, cerrar fronteras, prohibir vuelos, etcétera. Sin embargo, algo que ha quedado claro es que estas medidas presuponen la existencia de la cobertura de las necesidades básicas de la población en su totalidad, pero esto, al menos en América Latina y particularmente en México, es una utopía, pues un gran sector poblacional ni siquiera tiene sus necesidades básicas cubiertas. Ni hablar de no tener actividad económica redituable durante un mes cuando el concepto de “ahorro” no existe, porque este es imposible.

Las medidas de cuarentena tienen implícito el imperativo, también el privilegio, se está condenando a grandes porcentajes de la población por el bien común, pues ni una beca presidencial, ni un programa de apoyo gubernamental, se puede dar abasto para cubrir estándares de vida aceptables para esos sectores relegados, a los que ahora se les recomienda no ejercer actividades económicas a pesar de que sea su medio de subsistencia diaria, ni actividades  educativas, a pesar de que los niños no tengan a alguien con quién quedarse mientras las clases son suspendidas, resguardarse a pesar de no tener techo, abstenerse de movilizarse en transporte público, a pesar de que sea su único medio de transporte, y callar.

La salud más que un bien público, es un sistema de contención que, hasta el momento, había limitado la ola de otros contagios en sectores desfavorecidos y vulnerables dada su situación al padecimiento de ciertas enfermedades de que las clases altas y medias solo conocían por libros y noticias, pero esa contención finalmente se ha desbordado en el mundo ¿Qué nos hace pensar que México será la excepción? A continuación, algunos datos recopilados del último sondeo del INEGI:

Para 2015 la población total de México era de 119, 938 473 habitantes, de los cuales, menos del 50% era derechohabiente a sistemas de salud pública, 30.9% dependen de programas gubernamentales.

De igual forma, el INEGI en 2018 reveló que 30.5 millones de personas dependen del trabajo informal. (Cruz, 2018)

Aunado a lo anterior y en relación con las recomendaciones de higiene dadas por la OMS y el propio gobierno mexicano, se contrasta con lo siguiente:

  • Cerca de 10 por ciento de la población mexicana no tiene acceso al agua potable; son entre 12.5 y 15 millones de habitantes, sobre todo del área rural, pero también de zonas marginadas en las grandes ciudades, afirmó Manuel Perló Cohen, investigador y exdirector del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS).
  • […]De los que sí reciben el líquido, casi 30 por ciento no lo tiene en cantidad ni calidad suficiente. “El derecho al agua se encuentra en nuestra legislación, pero no se cumple”. (López, 2019)

Esas son las capacidades institucionales de México, en un panorama así es inevitable que una explosión en la propagación de la enfermedad se produzca, aún más en sectores donde la ausencia del Estado es evidente, lo alarmante no son los casos de infectados que conocemos, sino más bien, los que desconocemos y continuaremos ignorando, México se enfrenta a un monstruo invisible al que, debido a la incapacidad institucional y a un rezago social dirigido, no podemos hacer frente.

En este contexto, la sociedad ha mostrado una faceta de egoísmo muy propia del sistema neoliberal, al final, tal pareciera que nos resulta imposible concebir que si el otro no está bien, yo tampoco puedo estarlo, al contrario, la máxima actual se refiere a que si yo estoy bien, poco me importa que el otro no lo esté, a pesar de que ese otro sea un foco de propagación y esto ha quedado claro con las compras de pánico que se han efectuado en el país y el feliz encierro de quienes tienen hogar, la pregunta es la siguiente ¿Si el Estado está enfocando todos sus recursos en mantener a flote un sistema de salud agujerado por el tiempo? ¿Si nosotros estamos gastando nuestros recursos en aprovisionarnos con todo lo consumible de un sistema de mercado? ¿Si el Estado nos ordena mantenernos en casa? ¿Quién se preocupa por quienes se quedan afuera de esta serie de mandatos y obediencia? El Estado, el mercado, los ciudadanos y consumidores evidentemente no, pero esos otro, están conceptualmente afuera del Estado mexicano.

Bibliografía

Cruz, J. (2018). El empleo informal aumenta un 3.3% en México: INEGI. 16 de marzo de 2020, de Proceso Sitio web: https://www.proceso.com.mx/547055/el-empleo-informal-aumenta-un-3-3-en-mexico-inegi

López, P. (2019). Sin acceso al agua potable, 10 por ciento de mexicanos. 16 de marzo de 2020, de Gaceta UNAM Sitio web: https://www.gaceta.unam.mx/sin-acceso-al-agua-potable-10-por-ciento-de-mexicanos/

INEGI. (2019). México en Datos. Ciudad de México.

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