Expresiones

Las alegrías del hogar

José Alejandro Reyes

VII. De generalizaciones

Recuerdo que antes de llevar Lógica Simbólica en la prepa y aprender a justificar pruebas formales de validez y todas esas cosas que nunca utilicé IRL, nuestro director de la secundaria nos había dado una empapadita sobre silogismos y falacias en tercer grado. Lo recuerdo bien porque, para probar la facilidad de creer en una generalización apresurada, mandó a llamar a unos niños de primaria, que cayeron en su trampa. Básicamente, aplicas un principio que es verdadero para un caso particular, a un grueso de casos.

Últimamente he visto muchas de estas falacias en redes sociales. Incluso en mis columnas me han acusado de usarlas un par de veces. Se me hace un fenómeno muy interesante, no tanto el uso, sino la reacción de quien las identifica (especialmente si los está atacando), el “no todos somos así”. Es como si inconscientemente se nos prendiera un foquito rojo. Aguas. Y es normal, porque todos somos diferentes, nadie se quiere identificar con el estereotipo. No nos gusta la comparación.

En los gays pasa mucho. Lo llamamos “homofobia internalizada”. Parece oxímoron, ¿no?, que los gays sean homofóbicos. Pero pasa. Yo mismo, antes de aceptarme abiertamente como soy, tenía en la cabeza un buen de prejuicios. En parte por cómo me educaron –el mismo director que nos enseñó falacias decía que “el calor de hombre hincha”, cuando veía a dos compañeros sentados muy juntos– pero también porque pensaba que de otra manera iba a perder estatus. Si era super varonil, aunque fuera gay, podría seguir siendo “uno más” del grupito de amigos heterosexuales. Puras chaquetas mentales.

Yo mismo, antes de aceptarme abiertamente como soy, tenía en la cabeza un buen de prejuicios

Con el tiempo aprendí a apropiarme del estereotipo, ahora me vale madres. Desde mi primera columna me vengo diciendo jota porque quiero visibilizar que no me afecta la generalización. Al contrario, me ayuda a identificarme con una Comunidad de la que estoy orgulloso de pertenecer y que trato de defender aunque sea con unas cuantas líneas cada semana. Es difícil, para que les voy a mentir, ver que no te queda del todo el saco y usarlo de todas maneras, por huevos. Claro, hay veces en las que tienes que reconocer que, quizás, solo te queda bien uno de los brazos. Lo que no se vale es tirarlo sin probártelo, eso es de imbéciles.

Porque, como lo demostró mi profesor en clase, es fácil creer en falacias. Y quizás la generalización esté mal, quizás no somos todos, pero quizás la particularidad que generaliza esconde algo de cierto y no conviene de inicio separar un NOSOTROS diferente al USTEDES. Es precipitada, pero si nos detenemos un momento a analizarla, podemos darnos cuenta de dónde viene. Qué miedo o qué odio o qué poder oculta.

Y si algo le podemos aprender a Stephen King, es que una forma de vencer a nuestros más oscuros miedos es a través del humor, o el alcoholismo, dependiendo de qué novela hablemos. Pero en serio, si tropezamos con falacias así, más vale: 1) entender que el particular no es la norma, que el conjunto es más amplio y más variado; y 2) no tomárselas a pecho, sino con humor. Quizás, después de esto, en vez de sentirnos la excepción logramos entender que somos parte de algo más grande que la falacia no está tomando en cuenta.

Puse el ejemplo de los gays homofóbicos, pero también aplica para otro(s) oxímoron, que sin embargo, mi novio (y tiene razón) no me recomienda hablar abiertamente. Tan solo comentaré que a buen entendedor, pocas palabras.

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