Cultura y Arte

Primeras reflexiones en los Andes

Ricardo Sierra

Mi llegada a Ecuador podría ser un arrebato del destino o también la consecuencia del compromiso que he cultivado durante un tiempo sobre proyectos artísticos y culturales. Vine a Ecuador a asistir en la dirección de una obra que se está cocinando, una obra que trata sobre la otredad, los diferentes y los caminares de la gente en espacios públicos. ¿A qué me recuerda esto? ¿A qué me refiero cuando hablamos de la diferencia y de un caminar que va tejiendo nuestra historia y nuestra manera de entender el mundo? A Latinoamérica.

A las millones y millones de personas que a diario salen a las calles a encontrar una oportunidad de empleo, una chance para poder traer a la mesa los alimentos y poder construir un camino estable para ellas y sus familias. No es coincidencia, entre México y el Ecuador se teje una historia en común, una historia de conquistas, masacres y edificaciones de una sociedad colonizada, no solo en los cuerpos sino también en las ideas y sentires.

El dinero es el que impera, el interés monetario, los planes empresariales y políticos que mueven las conciencias y los destinos de todas las personas que caminan por la avenida República, por el centro de Quito, pasando la Virgen del Panecillo hacia el sur y las zonas aniñadas (fresas). Esa trágica e impactante la historia de la virgen de Quito, una estructura metálica que le da la espalda al sur de la ciudad, viendo siempre hacia el norte, ignorando todo lo que esté tras sus espaldas. Algunos se refieren a ella como la metáfora perfecta del país entero, yo, queriéndole rascar y cuestionar todo, encuentro que es nuevamente la vieja metáfora de un continente completo, de toda la América Latina intervenida, violada e ignorada por los Estados Unidos.

No es coincidencia, entre México y el Ecuador se teje una historia en común, una historia de conquistas, masacres y edificaciones de una sociedad colonizada, no solo en los cuerpos sino también en las ideas y sentires

Desde el norte al sur nos llegan estas referencias. La carta del Jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, rechazando la oferta de compra de tierras por un sentir y una visión del mundo más conectada con la naturaleza y la relación comunitaria entre los pueblos, resulta un ejemplo de resistencia ante la mentalidad colonizadora y hegemónica que ha sufrido el continente completo hasta la fecha.

¿Por qué entonces se sigue sosteniendo que la idea neoliberal ha triunfado y es el modelo a seguir todavía hoy? ¿No nos damos cuenta que el sistema completo está en una crisis y decadencia lapidaria? No ha bastado para ver los ejemplos que recorren a Latinoamérica completa: el caso de las manifestaciones multitudinarias en Chile; el golpe de estado en Bolivia por grupos evangélicos; la crisis política en Colombia, Nicaragua y Venezuela o la llegada de un presidente fascista a Brasil. Cierto es que no se puede generalizar, cada país tiene sus respectivos matices y contextos, lo que pasó en Chile no es lo mismo que está sucediendo en Venezuela con el régimen de Nicolás Maduro, pero lo que sí se puede apreciar es que ha habido una desestabilización de toda la región, tanto la derecha recalcitrante como el “Socialismo del Siglo XXI” no han podido cumplir con las demandas políticas y sociales que ha exigido la población durante tanto tiempo.

Desde hace muchos años, el arte latinoamericano ha querido evidenciar y desnudar todos estos problemas, es notable que desde pinturas como las de Oswaldo Guayasamín en el Ecuador, hablando de la discriminación y opresión al pueblo ecuatoriano, hasta la canción de “Latinoamérica” del grupo puertorriqueño de Calle 13, interpretada por cantantes como Susana Vaca del Perú, Totó la Momposina de Colombia y María Rita del Brasil, son un llamado a través de expresiones artísticas y culturales sobre una situación que apremia prestarle atención y hacer algo al respecto.

Debemos descolonizarnos, dejar de compararnos con países cuyo contexto e historia distan completamente de nuestras propias realidades, tenemos que encontrarnos a nosotros mismos, como comunidad, como países, pueblos o colectivos. Llámenle como quieran. ¿Cuál es la diferencia entre un mexicano y un ecuatoriano? ¿Cuáles son nuestras diferencias con argentinos, bolivianos, peruanos o colombianos? Probablemente hay muchas diferencias, matices y contextos, pero insisto que hay algo que se está cociendo, amasando hace muchas lunas y soles, y es que desde nuestras diferencias también hay una historia en común, hay raíces y ramajes que forman parte de nuestra espina dorsal, y en eso deberíamos enfocarnos. El mundo que viene se dividirá en grandes bloques, súper bloques regionales, con quiénes nos identificaremos como latinoamericanos, con quiénes armaremos una comunidad que genere discursos críticos, nuevas visiones y políticas que funcionen en un ambiente de continua cooperación. No estamos tan lejos de que eso se cumpla, pero estamos lejos de empezar a encontrar nuestras coincidencias dentro de nuestras diferencias.

“Este pueblo no se ahoga con marullos,

Y si se derrumba yo lo reconstruyo”

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