Expresiones

Las alegrías del hogar

José Alejandro Reyes

V. Basta 1, basta 2, basta 3…

La semana pasada vino el plomero a la casa a arreglar unas cosillas que ni mi wey ni yo sabíamos componer. Y como estoy de nini, me tocó recibirlo. Equis. Llegó, se puso a chambear y comenzamos a platicar. Nada sexoso (bueno fuera), small talk de política y así. Me confesó que le daba gusto escuchar al Presi en las mañaneras, y como a mí AMLO no me da particular confianza (soy “fifí”, al parecer) le estuve debatiendo unas cosillas; no muchas. Al final, don Rigo dijo que solo esperaba no equivocarse, como lo había hecho con Salinas. Le contesté que yo deseaba equivocarme. Me cayó bien.

Siento que eso está padre: debatir. Poder entender otros puntos de vista, cambiar de opinión. Nos guste o no, hay situaciones en las que uno debe decir: “perdón amor, la regué”. Claro, también me conozco. Hay otras en las que el chile nomás no me embona.

¿Cuando, sin importa lo que opines mi ciela, YO quiero tener la razón? Cuando hablo de que quiero que en mi país todos puedan casarse libremente, que las parejas homosexuales puedan adoptar, que las mujeres puedan abortar seguras y que el pinche Estado nos proteja. Que haga su chamba y dejen de asesinar mujeres, a trans, a activistas, que dejen de secuestrar a conocidos y parientes, que se acaben las balaceras, que se tomen medidas fuertes contra el cambio climático… ¿será que soy muy liosa?

Quizás. Pero es que cansa que algo te importe y la gente con poder para cambiarlo siga debatiendo, opinando. Cansa la polarización de ideas, el no poder alzar suficientemente la voz. Pero también mantenerse al margen. No tomar posturas por cuidar una imagen, por querer llevársela con calma. Callar. Mi abuela decía: “en alguien debe de caber la prudencia”. Basta. Ya no son tiempos para ser prudentes. Lo que necesitamos es más gente que se apasione por sus luchas, que no pare de gritar una y otra vez lo mismo, hasta que hayan suficientes que los escuchen. Denunciar. Exigir. Menos meme, más mame.  

Cansa la polarización de ideas, el no poder alzar suficientemente la voz. Pero también mantenerse al margen. No tomar posturas por cuidar una imagen, por querer llevársela con calma

En la columna pasada hablaba de las beards. De estas mujeres chingonas que nos hacen el paro a los gays para protegernos de nuestra inseguridad. Amikes, devolvamos el favor, apoyemos a nuestras amigas de tanto wey abusivo. Y no solo acompañándolas en la calle o cuidándolas en la peda (porque patriarcado), sino escuchándolas. A veces necesitan que alguien les haga ver que sus novios, hermanos, papás, están de la chingada, que las están maltratando. En lo que sea que las podamos apoyar, hagámoslo. Incluso en empoderarlas con un “qué perraaa”, como dice Ray Contreras. Todo vale.

Ya no son tiempos para ser prudentes. Lo que necesitamos es más gente que se apasione por sus luchas, que no pare de gritar una y otra vez lo mismo, hasta que hayan suficientes que los escuchen

Y amiguitos bugas, dejen de hacerse los de la vista gorda. Lo siento, pero Chico Che se equivocó: el sapo no se mata él solito sin querer, solo por saltar. La estaca tiene la culpa.

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