Sociedad y Política

México: país feminicida

Martha María Montes de Oca Hernández

Abro las redes sociales y empiezan a caer como gotas de agua en diluvio las noticias y titulares sobre el feminicidio de Ingrid. Leo: “Exigimos justicia”, “Feminicidio #NiUnaMenos”. Todo empieza a subir de tono hasta que llego al “Mujer desollada”, pero por fin reviento cuando leo que las autoridades escriben: “Condenamos enérgicamente este acto”. Condenamos… esas fueron sus palabras. ¿Condenan? ¿Lo hacen de verdad?

La mañana del 10 de febrero, durante la conferencia de prensa que ofrece el presidente López Obrador se habló del tema. Se le cedió el micrófono al Fiscal General de la República, Alejandro Getz Manero, y después del tan sonado tema en el que ha estado involucrado sobre proponer, o no, la iniciativa de igualar el delito de feminicidio con homicidio, la reportera Daniela le preguntó dónde queda la parte de visibilizar el hecho de feminicidio como violencia de género, y que explicara un poco sobre si entonces la diferencia se aplicaría en cómo tratarlo en los ministerios. Esto es lo que el Fiscal respondió:  “El feminicidio es una forma de quitar la vida a “alguien”, el género es el homicidio, la especie es el parricidio, el filicidio, el feminicidio, que tienen que estar más protegidos, porque son grupos vulnerables, ¿no sé si esté claro, está claro? Qué bueno”. Acto seguido, se despega del micrófono para ahora cederle la palabra al presidente que con tanta ligereza dice que ya no se hablará más del tema porque este (el feminicidio de Ingrid) es un claro ejemplo de cómo los medios utilizan cualquier pretexto para difamarlos.

¿Y todavía quieren saber por qué salimos con tanta rabia a quemar, romper cristales y rayar paredes? En fin.

Estallo por fin en cólera cuando empiezo a leer los comentarios machistas e insensibles tanto de usuarios como de los mismos medios de comunicación. Todos ellos re victimizando y abriendo sin ningún cuidado una herida muy profunda que todas tenemos presente, una herida que nos hace y exige tener que estar en constante alerta porque en cualquier momento podemos ser la siguiente.

Me siento por fin un minuto y soy consciente de lo harta y desesperada que estoy. Soy consciente del miedo que tengo, ¿me da miedo ser la siguiente? En realidad ya no siento un miedo exclusivo de ser la siguiente, porque lo que de verdad me mata de pavor es saber, con la certeza que las estadísticas nos dan (tomadas de la realidad que vivimos), que más tarde, mañana, al día siguiente y el que sigue también, habrá muchas más mujeres víctimas de una sociedad que sigue reafirmando que no podemos estar tranquilas ni seguras.  

Sí, claro que voy a aprovechar este espacio y todos los que quiera para expresar mis sentimientos al respecto de este acto tan humillante. Me pondré a escribir porque puedo, o mejor dicho, mientras pueda, pero también porque debo. Porque he leído tantos nombres de mujeres que ya no están, con perfiles y vidas tan distintas que me parece indignante la poca capacidad que tienen las personas que no entienden que esto no se trata únicamente de hombres con perfiles psicópatas, ni, obviamente, mucho menos de un grupo de exageradas feministas que se olvidan de que “también a los hombres los matan”.

Me pondré a escribir porque puedo, o mejor dicho, mientras pueda, pero también porque debo. Porque he leído tantos nombres de mujeres que ya no están, con perfiles y vidas tan distintas…

No, todo esto se trata de que vivimos en una sociedad que normaliza las, muchas y diversas, formas de violencia contra las mujeres. Donde el feminicidio en realidad es una consecuencia de las dinámicas tan desiguales que tenemos, mantenemos y fortalecemos desde los micro machismos hasta reventar en casos donde las mujeres son asesinadas por hombres que las estrangulan, queman o desollan.

Me sequé las lágrimas mientras terminaba de escribir esto, y con enérgico golpe tecleé el punto final.

Lloramos de rabia y coraje porque todos los días, a cada momento, se nos recuerda lo peligroso y doloroso que es ser mujer en un país feminicida. Un país que justifica y olvida, que desatiende los procesos de denuncias y juzga moralmente a todas esas mujeres que han sido asesinadas. Un país que se sirve del sistema para perpetuar la violencia contra nosotras de forma reiterada.

Lloramos de rabia y coraje porque todos los días, a cada momento, se nos recuerda lo peligroso y doloroso que es ser mujer en un país feminicida. Un país que justifica y olvida…

Nos secamos las lágrimas y seguimos. Aquí seguiremos, Mara, Isarve, Estrella, Mariana, Laura, Ingrid…

AQUÍ SEGUIMOS.

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