Cultura y Arte

Yo: El mundo

Daniel Arias

Un sistema de ordenación de lo humano en todas las facetas del qué hacer humano ha estado presente desde el origen del homo sapiens en tanto homo sapiens, el mito, los símbolos y la ideología nos han construido entorno a las enseñanzas y a las formas de interpretación de lo real que estas imponen al ser humano particular para poder coexistir en lo social. Esto es una forma de decir que el ser humano, como ser social, es “programado” con todo un esquema axiológico o, en otras palabra , con una carga de valores que en su conjunto forman la moralidad de una sociedad en una época particular.

En definitiva, todo ser humano persigue un sentido de ser en el mundo, una identidad que lo defina de alguna forma y esta persecución la ha traducido tanto en cuestiones sociales como personales, expresiones que a su vez son un intentar brindar un sentido generalizado a la propia existencia y coexistencia ¿Qué es la historia de la filosofía sino la eterna persecución de una verdad mutante? Una verdad que podría ser bien definida por la verdad puramente humana, totalmente ajena a la verdad universal (sí es que algo así tan siquiera existe). Y es que si algo queda claro, es que en la historia del pensamiento humano la única verdad que interesa es la verdad humana. Quizá olvidamos que puede existir otra categoría de verdades inaccesibles para nosotros pero, cual seres atropocentrístas, estas verdades otras no interesan, esto es solo un reflejo de la perpetua persecución humana por sentido e identidad, que quizá podrían ser conceptos sumamente cercanos.

Redundando un poco en esta misma línea, la “verdad humana” y su persecución se ha desempeñado al menos durante los últimos siglos como la verdad de occidente, que ha terminado por ser la verdad hegemónica. Esto, es otras palabras, reduce las múltiples interpretaciones posibles de la realidad a una sola, que se vuelve forzosa y se sustenta en la violencia categórica.

La “verdad humana” y su persecución se ha desempeñado al menos durante los últimos siglos como la verdad de occidente, que ha terminado por ser la verdad hegemónica

El lenguaje, por otro lado, es un arrancar las cosas de las cosas mismas, es un materializar en sonido o imágenes los susurros abstractos. La realidad ya está dada, con o sin nosotros, esta realidad existe por sí misma. Por supuesto, nosotros la cargamos de significación y le damos la categoría de “realidad”; un concepto fundacional que ayuda a comprender el mundo en el que estamos inscritos y que a su vez nos condiciona. Sin nosotros, esa “realidad” conceptual es inexistente, aunque las cosas ahí están, esto sigue la lógica cuestionadora: “Si un árbol fuera a caer en una isla en donde no hubiera ningún ser humano, ¿habría algún sonido?” Las respuestas dadas han sido cuestión de debate filosófico. El “sonido” es una invención del lenguaje, es decir, una interpretación lógica de los estímulos sensoriales que se explican en conceptos, por ende, seguro que la respuesta podría ser “no”, pero al mismo tiempo, esta respuesta se funda en lo humano y su antropocentrismo, pues evidentemente este árbol que cae generará algún efecto físico perceptible al instinto de los animales y cosas que existen por sí y en sí en ese lugar.

Lo real es la cosa sin significación, la realidad, es la cosa cargada de significación, sin embargo, lo real está en movimiento, atemporal, pero no por eso significa que todo sea un cuadro estático que depende del ser humano para realizar sus procesos.

El lenguaje, por otro lado, es un arrancar las cosas de las cosas mismas, es un materializar en sonido o imágenes los susurros abstractos. La realidad ya está dada, con o sin nosotros, esta realidad existe por sí misma.

Toda esta explicación se cae en una contradicción, pues a pesar de defender el ser de las cosas sin necesidad de existir gracias al ser humano, este ser de las cosas también es producto del lenguaje y existe gracias al lenguaje. Arrancamos el ser de las cosas de las cosas mismas para poderlas interpretar de acuerdo con nuestra experiencia, una experiencia trasmisible o generalmente solo transmisible a través del lenguaje y esto nos lleva a una contradicción, ya que para decir que las cosas son porque son, en sí mismas y por sí mismas las estamos categorizando, designando, interpretando, reinterpretando, etc, por medio del lenguaje, que es, quizá, el principio de ordenación fundacional y universal (universal en tanto humano). Ese que está presente en todo lo que nos circunda. Decir que las cosas son en sí y por sí, es contradecir esta tesis, pues sí son en sí y por sí es gracias a que lo expresamos, para comprender que las cosas y lo real es por sí y en sí es necesario no arrancar a la cosa de la cosa misma y dejarla ser por sí misma, algo quizá imposible de realizar para el ser humano que solo puede interpretar al mundo y por ende a sí mismo, por medio del lenguaje, capacidad biológica, natural, cultural y existencial de nosotros, solo posible de desaprender, volviendo a un estado de total animalidad.

Categorías:Cultura y Arte, Expresiones

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