Cultura y Arte

De seres narrativos o la narrativa del ser

Daniel Arias

El descubrimiento de una vieja pintura rupestre en Indonesia hasta hace poco oculta para el ojo humano moderno pone en entredicho el relato de la evolución humana y obliga a repensar la prehistoria humana que no es sino parte de la misma historia; en esa lógica esto significa un repensarnos a nosotros mismos.

La historia en su generalidad es construida por diferentes narrativas que hablan de los sucesos acontecidos en el tiempo y que instauran discursos sobre un evento determinado y su relación intrínseca con el presente. En otras palabras, la historia es la narrativa del tiempo, una aproximación a nuestro pasado sin siempre ser totalmente consistente en lo que se refiere al “hecho” y a la “narrativa”, pues esta narrativa o discurso oficial es definido por y desde el poder, atado a intereses particulares que no siempre tienen concordancia con la versión más real de la historia.

A pesar de lo anterior, la reescritura de la historia es algo que no debe pasar desapercibido, y es que un redescubrimiento de un fragmento de nuestro pasado común es algo que nos atañe a todos como especie, pues según algunos expertos en los estudios de la prehistoria, la humanidad se podría estar enfrentando al rostro original de sí misma. Es decir, si nosotros somos el reflejo de la historia, una expresión como la apreciada al interior de esta caverna en cuyas paredes se pintó una antiquísima escena de cacería, nos revelaría que nuestra capacidad narrativa y artística se remonta a muchos más milenios de los que antes se creía. Lo que es más, el ser humanos ya era capaz de tener un registro simbólico de su día a día, es decir, una consciencia, o al menos esbozo de una consciencia del tiempo y espacio.

“La historia es la narrativa del tiempo, una aproximación a nuestro pasado sin siempre ser totalmente consistente en lo que se refiere al ‘hecho’ y a la ‘narrativa'”

La capacidad narrativa del ser humano es solo uno más de los componentes que nos hacen ser quienes somos hoy, sin embargo, la narración al suponer un emisario del mensaje y un remitente de este, se encuentra intrínsecamente vinculada al lenguaje, no hay narración sin lenguaje

El ser humano actual, en apariencia, se encuentra a milenios de evolución de esos primeros humanos que pintaron narraciones en las cavernas, sin embargo y en términos reales, esta evolución no es sino la conjugación de esos primitivos elementos en situaciones más complejas, elementos que a lo largo de los milenios han sido pulidos por la mente humana, de esta forma, la narración no se ha cambiado, sino que más bien, se ha complejizado, teniendo como semilla que germinó y dio origen a ese árbol lingüístico, a ese ser humano dador de las primeras ideas complejas y vinculadas en espacialidad, temporalidad y existencia expresadas a través de elementos visuales y auditivos que en conjunto conforman al lenguaje.

“Una consciencia, o al menos esbozo de una consciencia del tiempo y espacio”

Es realmente apasionante apreciar cómo de igual forma la consciencia del y de lo humano, el lenguaje y su desdoblamiento social y narrativo, están estrechamente enlazadas al arte y al sentido estético del ser humano, a tal grado que es la pintura y el retratar escenas de lo cotidiano una de las primeras grandes expresiones y evidencias de la consciencia del “yo” y del “otro” . Sin limitarse a estas experiencias trascendentales que marcarían a la historia de una especie y junto a ella, por efecto dominó, de las otras especies, de igual forma en estas primeras expresiones de consciencia efectuadas a través del arte y de lo estético, se da un desdoblamiento de la consciencia propia y del “saberse en”, para pasar a retratar a un ser inmanente, total  y antropomórfico, como las que se creen son las primeras versiones de seres espirituales, como lo es el hombre pájaro de la cueva de la Pileta en España.

El arte hoy en día sufre una suerte de tensión que lo hace reservarse para sí mismo; el arte entendiéndolo como un fenómeno que se manifiesta en sus distintas formas, ya sea pintura, música, literatura, danza, escultura, teatro, cine, etcétera, pues por un lado decidirse por el oficio y vocación del arte, significa enfrentarse a una dura crítica social por no hacer nada que abone al sistema productivo capitalista, por ende, es un dedicarse a nada que de suficiente para vivir. Sin embargo (y es aquí donde entra la contradicción), el arte contemporáneo es tensado también por los círculos culturales de élite que deciden qué arte se exhibe y qué arte de niega, vivimos en una época que privilegia la exclusión cultural simbólica a través de la hiperinflación del discurso por sobre la obra en sí misma, olvidando que un buen arte difícilmente requiere de explicaciones, ya que la obra debería bastarse para explicarse a sí misma.

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