Sociedad y Política

¡Feliz navidad, extraños!

Franco Escobar

Estamos entrando en la era del autoservicio y, aunque en México no sea tan evidente, aún como en países como Estados Unidos, Corea del Sur o Nueva Zelandia, probablemente para allá vamos también.

Me refiero a los cajeros automáticos multi-usos que le ahorran trabajo al banquero; las pantallas touch o el drive thru de los McDonalds para ganar unos minutos; los supermercados que abren veinticuatro horas que no siempre requieren un cajero humano y que te permiten comprar tu despensa en línea desde tu laptop sin tener que entrar al edificio; o la infinidad de aplicaciones útiles que tienen nuestros smartphones.

La mayoría de estas invenciones se desarrollan con el objetivo de ahorrarnos tiempo. Tiempo que luego podríamos usar en nuestra familia, amigos, hobbies o metas personales. ‘Afluencia de tiempo’ es el nombre que los científicos le han dado a esta sensación de poseer tiempo abundante para realizar actividades que consideramos importantes. A lo contrario, el tener demasiadas obligaciones y poca flexibilidad en nuestra agenda, se le conoce como ‘hambre de tiempo’.

“La mayoría de estas invenciones se desarrollan con el objetivo de ahorrarnos tiempo. Tiempo que luego podríamos usar en nuestra familia, amigos, hobbies o metas personales”

Algunos estudios han comprobado que las personas con hambre de tiempo tienden a ser más propensas a la depresión, ansiedad y falta de felicidad o entusiasmo en sus vidas, comparadas con aquellas que dicen tener suficiente tiempo libre. Con esto en mente, la creación de estas tecnologías parecería ser una decisión bastante lógica: a mayor cantidad de autoservicios, menor trabajo humano requerido, que deriva en mayor tiempo libre y mayor felicidad ¿O no?

El problema, por un lado, es que mientras más autoservicios son creados también estamos eliminando una cantidad inmensa de interacciones humanas que acostumbrábamos tener con otras personas (esos dos minutos con el banquero o el cajero) que son desconocidos, pero humanos al final. Un estudio comprobó que el entablar una pequeña charla con el desconocido que se sienta a nuestro lado del transporte público impacta positivamente nuestra experiencia del desplazamiento, contrario a lo que normalmente preferimos. Es decir, probablemente tú también prefieres el asiento libre del camión para poder sentarte sólo y no con alguien más. Sin embargo, la evidencia indica que tu recorrido sería más placentero si vas acompañado y puedes charlar con el desconocido junto a ti (incluso si es en contra de tu voluntad, e independientemente de tu personalidad o expectativas).

Por otro lado, a veces asumimos que al poseer más tiempo libre tendremos la voluntad y la motivación de invertirlo en ser más sociales o en nuestros hobbies, cuando en realidad terminamos por utilizarlo en las redes sociales, videojuegos u otras actividades individuales. Y tenemos bastante tiempo, tomando en cuenta la cantidad de tiempo que el mexicano promedio invierte en la fila del cajero automático y en el transporte público.

“El problema, por un lado, es que mientras más autoservicios son creados también estamos eliminando una cantidad inmensa de interacciones humanas que acostumbrábamos tener con otras personas (esos dos minutos con el banquero o el cajero) que son desconocidos, pero humanos al final”

En otras palabras, creo que subestimamos el poder de las interacciones con extraños y sobrevaloramos nuestra capacidad de administrar el tiempo libre: “No hables con extraños”, se nos dice desde que somos pequeños y terminamos hablando con Siri, Cortana o con Alexa. O terminamos todos callados, cabizbajos y deslizando nuestros dedos sobre una pantalla mientras esperamos la parada. No hablar con extraños es un miedo bastante razonable, y que personalmente entiendo en México o como recomendación para los niños que navegan las calles sin supervisión parental. Pero para la persona promedio, considero que deberíamos hablar más con extraños por nuestro bienestar propio y el de los demás.

La practicidad mató al extraño, o lo está haciendo, y con él también a una buena parte de nuestra alegría rutinaria provista por él en la fila del banco, pidiendo la hamburguesa, navegando el supermercado y circulando en el autobús.

¡Feliz navidad extraños que nos regalan conversaciones y sonrisas inesperadas!

Fuentes:

Estudios sobre los efectos de la afluencia y hambre de tiempo en nuestro bienestar subjetivo (felicidad):

  • Elizabeth Dunn et al. (2015). “Valuing time over money is associated with greater happiness.” University of British Columbia:

Haz clic para acceder a spps_accepted_11-08-152_e41757ea-2a34-4c7c-aff0-1e4e905ac65a.pdf

Estudio sobre los efectos de las interacciones con extraños en un tren:

  • Nicholas Epley y Juliana Schroeder. (1999). “Mistakenly Seeking Solitude.” University of Chicago:

Haz clic para acceder a EpleySchroederJEPG2014.pdf

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