Cultura y Arte

¡Tierra, Arte y Libertad!

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Ricardo Sierra

2019, el año de Emiliano Zapata, el “Caudillo del Sur”, el héroe nacional que, junto con Francisco Villa, representa para la nación la lucha agraria de los pobres y desposeídos del campo mexicano, que tan poca atención ha tenido de parte de las clases gobernantes. Tal remembranza no podía dejar de generar diferentes expresiones artísticas y de otras índoles.

La pintura que desató la polémica, que lleva como nombre La Revolución, representa a un Zapata femenino y desnudo, montado sobre un noble corcel que tiene una tremenda erección. En esta cabalga sin prenda, en tacones negros, el clásico sombrero del caudillo del sur pero en tonos rosados y su cuerpo está enredado por una delgada banda tricolor. Los ojos están cerrados en un gesto placentero, como si de verdad estuviera disfrutando del paseo o disfrutándose a él mismo.

¿Es pecado nacional transgredir la imagen de un héroe? Hay que separar la libertad artística del contexto por el que ciertos grupos siguen escandalizándose porque se les cambie, aunque sea un milímetro la imagen de Zapata.

La obra de Fabián Cháirez, no solo el Zapata desnudo montado sobre un caballo con una erección, replantea el significado o la deconstrucción de lo que representa la masculinidad. “El futuro es femenino y es una realidad imparable” diría el pintor. Lo masculino y lo femenino son parte inherente del individuo, una no sobrevive sin la otra, se complementan, se mezclan y se transforman entre si.

” Lo que hace Cháirez no es meterse con el revolucionario sino con la imagen que se ha construido entorno a él”.

“Representación alternativa de la masculinidad y el cuestionamiento de la hegemonía masculina” dicen las notas sobre la orientación de la obra de Cháirez. ¿Es válido que el arte se atreva a cuestionar o a deconstruir los símbolos? Este caso revela que es posible y hasta necesario.

En sus palabras “La historia se ha contado por los vencedores, erigiendo héroes de bronce, intocables, inamovibles e incuestionables, pero es hora de mostrar la historia desde nuestra perspectiva”. El pintor no critica la visión social ni los ideales revolucionarios: “Tierra, justicia y libertad” y “La Tierra es de quien la trabaja”, que llevó a Emiliano Zapata de la mano de una idea colectiva de la vida y del quehacer humano, a levantarse en armas por la defensa del campesinado y su tierra. Lo que hace Cháirez no es meterse con el revolucionario sino con la imagen que se ha construido en torno a él. Busca la forma en que puedan identificarse con Zapata otros sectores de la población.

Por otro lado, y queriendo ser sumamente preciso, no puedo juzgar con todo el peso de ni opinión a un puñado de campesinos, los cuales defienden los antiguos ideales de la imagen y símbolo que representa Zapata todavía para un sector fundamental en el país. “Es que son ignorante”, “es que son machistas“, “representan la opresión de la masculinidad contra lo femenino” el análisis no se debe quedar en esas aseveraciones, todo lo contrario, invito a que se profundice y se vean las dos caras de la moneda.

El seguir sosteniendo su imagen y sus ideales, en un país convulso, sigue siendo necesario; un país que en 1910, el ochenta por ciento de la población sobrevivía en condiciones deplorables y que, gracias al levantamiento zapatista, tuvo la esperanza de que a los marginados se les hiciera justicia, a pesar de ser aplastados por la mano oscura de traidores, golpistas e intereses sombríos, junto con el asesinato de Emiliano Zapata.

Observar todo desde la mirilla de una puerta, creo es un error craso de nuestra sociedad. Por otro lado, que estos campesinos hayan violentado la entrada a Bellas Artes y al grupo de personas, una parte de la comunidad LGTBI+, es totalmente condenable y reprochable. La violencia no generará más que violencia. Pero, no enredemos la madeja, una cosa es una expresión artística, completamente válida para la reflexión y lo sentires humanos, y otra, igual de necesarias, son los sentimientos y la lucha que un sector de nuestro país ha mantenido vivo a partir de aquel no tan lejano 1910.

Entonces, ¿cuál podría ser el punto medio? ¿Existe el equilibrio o hay que arrasar con todo, con tal de que nuestra visión del mundo y de la vida sea la que impere sobre otras? Celebro que la pintura permanezca en Bellas Artes, pero quiero también celebrar que la discusión acerca de la imagen de Emiliano Zapata tenga contrapesos, algunos a favor de un o de otro. Lo cierto es que Zapata, con sombrero o zapatillas, seguirá cabalgando entre nosotros.

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