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El masoquismo en busca del cambio

Roberto Matesanz

América Latina vive una etapa difícil. Un periodo donde la sociedad es cada vez más consciente en materia política. Para bien o para mal la ciudadanía en general se encuentra más involucrada que nunca en la historia en los menesteres políticos, económicos y sociales de sus respectivos países. Pero, este interés dista de provocar el cambio que todos esperamos. Más bien, el involucrarse y el escrutinio se ve envuelto en un círculo vicioso masoquista esperando que nuestra situación cambie. 

Es fácil para nosotros pensar que el simple hecho de votar al partido opositor de turno traerá beneficios o un simple modus operandi político diferente al establecido. Vaya, en México se puso en el poder a López Obrador y a su “nuevo” partido en pro del cambio social, económico y político, aun cuando AMLO y su séquito no son más que ex miembros de los diferentes partidos políticos Mexicanos. Una vez más, perpetuando que la misma élite política nacional siga en dónde está.

En Chile se voto por Sebastian Piñera con esperanza de que el famoso e infalible modelo neoliberal curara los errores de la segunda administración de Bachelet. Sin embargo no hizo más que explotar el polvorín sobre el que ciegamente vivía el país andino provocando una revolución social.

En Argentina se voto por Macri, en teoría en rechazo al modelo Kirchnerista, pero en cuanto las cosas no se dieron como la población esperaba, rápidamente se votó de nuevo por el candidato avalado por los Kirchner, de nuevo con una promesa de cambio donde tristemente, el gobierno tomó de nuevo una de las medidas que puso a Argentina en la situación que se encuentra ahorita. 

Ésto muestra la ilusión en la que vive constantemente el latino. Siempre resignados por el menos peor o por promesas de los mismos políticos abusadores y embusteros. Ésto es contrastable en los tres ejemplos anteriores. En los 3 países el cambio se ha buscado en los mismos sistemas que han puesto a estas naciones en la situación que se encuentran ahora. ¿Somos tan idiotas realmente para seguir confiando en quienes nos han llevado al borde del precipicio repetidas veces? 

” ¿Porque no somos capaces de decir: ¡YA BASTA!? ¿Porque les seguimos creyendo?”

Podrán decir que el caso de México es diferente, que es un nuevo sistema, una “transformación” como les gusta llamarle. Que las cosas por fin saldrán bien, pero yo no veo más que miembros de otros partidos huyendo como ratas de sus barcos para sumarse a las filas del nuevo partido de moda en su búsqueda de seguir en el poder.

Con Argentina no veo cómo pueda llegar el cambio cuando se vuelve a votar por quienes vendieron el país al FMI. Chile, al menos por fin se ha dispuesto a mandar por un tubo a su gobernante, ahora espero que no caigan en el mismo vicio de votar de nuevo por un mal conocido esperando que este los lleve a una pastura más verde. 

¿Porque no somos capaces de decir: ¡YA BASTA!? ¿Porque les seguimos creyendo? Nos conformamos con tan poco. Con discursos bonitos que hemos oído una y otra vez en cada periodo electoral. Y por alguna razón no reflexionamos. Somos incapaces de ver que los únicos que hacemos daño a nuestros países somos nosotros mismos. Solapando rufianes y bandidos esperando que por arte de magia se conviertan en altruistas y por una vez en la miserable historia de nuestro continente volteen a ver al ciudadano de a pie. A ese que al que los indicadores macroeconómicos y macrosociales no muestran. 

Porque claro se ve bien bonito ser la economía número 13 en el planeta, claro, invisibilizando al 43% de la población que vive en condiciones de pobreza. Se ve bien bonito tener el índice más alto de movilidad social (en el caso de Chile) mientras que hasta algo tan básico como el agua potable se ha regalado a empresarios que les importa un comino si una población Mapuche enferma de cólera porque no pueden pagar el servicio. 

Es hora de decir hasta aquí y buscar el cambio verdadero. Solo si abrimos los ojos como ciudadanos y nos sordeamos a los discursos partidistas y persuasivos de nuestras élites políticas veremos un verdadero cambio para nuestro mayor bienestar.

Ya es tiempo, de tirar por la borda los sistemas que por miedo o ignorancia nos rehusamos a cambiar. Así como una camisa rota no se arregla cambiándola por una camisa que le faltan botones, tampoco se van a componer nuestros países se seguimos en ese círculo vicioso donde los de siempre siguen ganando y solo el pueblo, siempre, sale perdiendo.

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