Sociedad y Política

Gobierno sometido y humillado

por Alejandro Parra

Ni la narco-guerra en el gobierno de Calderón, ni la fuga de Joaquín Guzmán Loera en el de Peña Nieto. El día de ayer vivimos la mayor humillación en muchos sexenios en materia de seguridad, y es que, si hay algo peor que una fallida estrategia para la detención de uno de los criminales más buscados del país, es lograr su captura y detonar literalmente una guerra entre delincuencia y gobierno para, finalmente, liberarlo a unas cuantas horas.

Así como lo leen. El día de ayer alrededor de las 15:30 horas en un operativo que la Secretaría de Seguridad lo quiso disfrazar de “casualidad”, se logró la detención de uno de los hijos de “El Chapo” Guzmán y una de las principales cabezas al mando del Cartel de Sinaloa: Ovidio Guzmán López. Esta acción detonó una serie de enfrentamientos armados entre el mismo cartel y el ejército mexicano, auxiliado por policía estatal y la Guardia Nacional alrededor de prácticamente todo el municipio de Culiacán, Sinaloa. En donde superados en número, armamento y estrategia, se vieron forzados a liberar al presunto narcotraficante.

Usuarios de redes sociales compartieron diversos videos y fotografías del caos que se estaba viviendo, entre ellos se apreciaba a niños en medio de un tiroteo; niños que la triste realidad que están viviendo es un estado lleno de delincuencia, en donde es normal escuchar detonaciones. Asimismo, se difundieron algunos que como mexicano me dolieron muchísimo: militares cabizbajos, sometidos por miembros del grupo criminal y arrebatados de sus propios vehículos. Esto apenas era la primera señal de poder que presenciamos por parte del cartel. Poder que lamentablemente ya no tiene el gobierno.

El día de ayer vivimos la mayor humillación en muchos sexenios en materia de seguridad

Si López tiene alguna esperanza de tomar de nuevo las riendas de la seguridad del país, tiene que dejar atrás su discurso de sobre-pacificación y dejar de creer que con un “fuchi, guácala” detendrá toda la violencia que está ocurriendo.

“No se puede apagar el fuego con el fuego”, señaló el mandatario en su conferencia matutina de hoy. No señor presidente, no se puede, pero como líder de una nación existen ocasiones que indiscutiblemente se tiene que aplicar mano dura. La liberación de Ovidio Guzmán (acción que usted apoyó) es un retroceso en la lucha contra el narcotráfico. Es motivo de burla, es reafirmar la debilidad e incapacidad del gobierno para controlar este tipo de situaciones.

Por otro lado, con una declaración llena de cinismo y de muchísima falta de autocrítica, AMLO afirmó que su gobierno va bien y que no han fracasado en la estrategia para garantizar la seguridad de la nación, pero que “está muy difícil que los conservadores acepten que vamos bien”.

Que yo recuerde, no estaba en sus planes tener más de 17,500 asesinatos durante los primeros meses de su sexenio, superando y por mucho las cifras de sexenios pasados, tampoco creo que estaba en sus planes verse superado por el narcotráfico, y si es así, concuerdo con el, su gobierno va bien y no han fracasado en materia de seguridad.

Así termina la semana de nuestro México, con el gobierno humillado y rebasado por la delincuencia. Con el narcotráfico venciendo al ejército. Con México desangrándose y con un presidente que no tiene hasta ahora, las agallas para aplicar la justicia.

Como nos duele verte así, mi México, lindo y querido.

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