Sociedad y Política

El lugar del hombre en un mundo machista

José Saavedra

Más de la mitad de la población mundial son mujeres, sin embargo, sigue existiendo un machismo latente en la sociedad mexicana. Esta sociedad en donde creemos que un feminicidio es culpa de la mujer porque “dijo algo que no debería”, que la violación sucede porque “lo estaban pidiendo”, porque si no, “no se hubieran vestido de esa manera”.

No podemos seguir teniendo esa mentalidad, y menos los hombres, a los cuales me voy a dirigir en este texto.

La mejor manera de ayudar a las mujeres es cambiar nuestra manera de pensar en ellas, iniciando por comprender que lo que ellas tienen es porque lo han conseguido, luchando por ello día con día, cada una desde su trinchera, como empleada, ama de casa, madre, esposa, empresaria o cualquier otro papel en el que se desempeñen. Los hombres no les dimos el derecho de votar, nosotros se los impedimos hasta que ellas se hartaron y tuvieron que pelear por él.

Cuando una mujer nos ve en la calle como desconocido, no lo hace porque quiera, sino porque el país está tan torcido que cualquier hombre, sin importar su estatus socioeconómico, se ha vuelto un enemigo. Una persona con la que hay que tener cuidado y que puede volverse violenta en cualquier momento. Esto no hace falta que lo pregunten, basta con que miren a su alrededor y piensen en todas las mujeres que traen un spray en su bolsa, que agarran las llaves con fuerza cuando caminan hacia su casa en la noche, o incluso, en el día.

“Apoyarlas también significa señalar el machismo que vemos todos los días a nuestro alrededor”

Acompañar a las mujeres en su lucha no significa decirles que se quiten y hacer lo que ya están haciendo, significa apoyarlas. Dejar de compartir memes machistas porque “son solo un chiste”; dejar de decir “corres como niña” a las personas ya que solo son “frases coloquiales”; dejar de voltear a ver a las mujeres cuando pasas en tu coche.

Ser un aliado significa estar dispuesto a acompañar a una mujer (o a cualquier persona) para que no se vaya a su casa sola, es apoyar que haya más derechos para ellas, para que decidan sobre su cuerpo y su vida sin que nadie les impida hacer lo que consideren mejor.

Apoyarlas también significa señalar el machismo que vemos todos los días a nuestro alrededor, en casa, en la escuela, con nuestros amigos y en nuestra misma mente. Invitando a esas personas a cambiar su manera de pensar por una que sea de provecho para la sociedad.

Todos conocemos a una persona, en muchos casos mujeres, que ha sido abusada, incluso cuando no lo parece. Mujeres que han sufrido algún tipo de acoso, de violación a su privacidad, a su cuerpo. Y no es porque lo hayan querido, no es porque hayan salido con un vestido provocador o porque te hayan seducido: en el momento en el que una mujer dice no, tenemos que parar.

No importa si están bailando y te dice que ya no quiere, o si ya están en su cuarto y al momento de pasar a algo más te dice que ya no quiere, eso no las vuelve en “calentadores”, las vuelve personas dignas, propias de sí mismas y con poder de decisión. Esto es igualmente válido tanto como para mujeres como para hombres, ya que todos tenemos el derecho a decidir lo que queremos y lo que no queremos hacer.

El nivel socioeconómico que tenemos o que no tenemos no es justificación para agredir a otra mujer, en ningún caso.

No hagamos las cosas por moda o porque “era broma”, busquemos ser en verdad ciudadanos respetuosos de las demás personas, no porque es la ley, sino porque son seres humanos dignos.

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