Ciencia y Tecnología

Decisiones

Autor: Franco Escobar

Somos pésimos para predecir nuestra felicidad con los eventos del futuro. Cerramos los ojos y pensamos: ¿Me dolerá terminar con mi relación? ¿Y si dejo mi trabajo actual? Después, tratamos de imaginar y evaluar nuestra satisfacción en cada resultado e intentamos tomar una decisión.

El problema es que nuestra mente solo puede enfocarse en un puñado de variables a la vez (las que consideramos más importantes) y generalmente tenemos un sesgo emocional que nos impide ser objetivos. Por ello, dejamos un montón de detalles fuera de nuestro análisis y realizamos otros dos montones de juicios subjetivos sobre cómo nos sentiremos en el futuro.

El hecho es que sabemos muy poco sobre lo que realmente queremos ser o tener el día de mañana y, cuando nos encontramos con una decisión problemática, decidimos no decidir nada para tener más tiempo de reflexión, o más información sobre el asunto. La mala noticia es que pasa el tiempo y no hemos mejorado ni un poquito en nuestra capacidad de darle claridad a la incertidumbre.

Dejamos un montón de detalles fuera de nuestro análisis y realizamos otros dos montones de juicios subjetivos sobre cómo nos sentiremos en el futuro

La mayoría de las veces, las decisiones dolorosas son dolorosas porque aún no las hemos tomado. Es decir, agonizamos en silencio entre dos opciones de peso similar por el miedo de elegir la opción incorrecta. En contraste, las decisiones ya tomadas (incluso en contra de nuestra voluntad) son racionalizadas por nuestro cerebro para tratar de verle el lado positivo al pasado. Algunos psicólogos hablan de que tenemos un “sistema inmunológico psicológico” que nos ayuda a aceptar el pasado como lo que es: algo fuera de nuestro control, que ya pasó, y que quizás no es tan malo. Estamos programados para intentar cambiar lo que no queremos aceptar y aceptar lo que no podemos cambiar.

El psicólogo Daniel Gilbert ha estudiado las consecuencias de que tomemos decisiones irrevocables versus decisiones más flexibles (revisionistas) en términos de nuestra felicidad. A continuación cito dos ejemplos:

En el  primero, había personas que formaron parte de un curso de fotografía. Al final del mismo, se les pidió a los estudiantes trabajar en dos fotografías finales y que fueran significativas para ellos. Luego, les pidieron elegir una de de las dos fotos, que podrían llevarse con ellos a casa, mientras que la otra foto se quedaría en la escuela como muestra del trabajo realizado. A un primer grupo, se les dijo que ésta era una decisión irrevocable y que ya no podrían recuperar la foto no elegida. Al segundo grupo se les dijo que tendrían algunos días para pensarlo y poder recapacitar en caso de que quisieran intercambiar la foto no elegida por la que ya se habían llevado a casa. Era una decisión flexible con posibilidad de arrepentirse.

La mayoría de las veces, las decisiones dolorosas son dolorosas porque aún no las hemos tomado. Es decir, agonizamos en silencio entre dos opciones de peso similar por el miedo de elegir la opción incorrecta

Normalmente creemos que tener la opción de cambiar de opinión es una buena estrategia; en caso de que cometamos un error aún podremos cambiar de opinión. Sin embargo, después de preguntar a los sujetos qué tan felices estaban con la foto elegida, encontraron que las personas del primer grupo estaban mucho más satisfechas que las personas del segundo grupo. Una decisión irrevocable da mayor sensación de satisfacción que una decisión revisionista.

Cuando tomamos una decisión que es definitiva, la mente hace su trabajo y trata de convencernos de que hubo algo positivo, que tal vez es mejor que lo que no pasó y que nunca lo sabremos. Pero cuando tenemos la opción de arrepentirnos, entonces juzgamos el resultado ya obtenido y buscamos lo negativo en caso de que nos convenga regresar a la otra opción. Luego buscamos lo negativo a esta segunda opción por si queremos regresar de nueva cuenta con la primera y así entramos en un ciclo de insatisfacción con lo que tenemos.

El segundo ejemplo ocurre en la compra de ropa. Las personas normalmente prefieren ir a una tienda que les permita hacer devoluciones de los productos comprados. Sin embargo, Daniel Gibert asegura que las personas que compran sus productos en tiendas que no ofrecen devoluciones son clientes más felices con sus decisiones. Ya no nos queda de otra más que verle el lado bonito al suéter que compramos. Mientras que las otras personas buscarán defectos en sus productos, por si es que les conviene devolverlos. Y luego es una carga el tener que regresar a la tienda e invertir más tiempo.

En las relaciones de pareja ocurre algo similar. Una vez que tienes un compromiso irrevocable (o una separación definitiva), la felicidad aumenta. No porque sea un hecho que nunca nos separaremos o regresaremos, sino porque racionalizamos que lo que tenemos es probablemente mejor que lo que dejamos.

FUENTES

Artículo

Daniel Gibert. (2002). “Decisions and Revisions: The affective forecasting of changeable Outcomes”. Harvard University. Disponible en línea: http://www.danielgilbert.com/Gilber%20t&%20Ebert%20(DECISIONS%20&%20REVISIONS).pdf

Libro

Daniel Gibert. (2017). Tropezar con la felicidad.

Podcast.

Hidden Brain: Decide already. 

https://www.npr.org/2019/08/30/755850405/you-2-0-decide-already

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s