Sociedad y Política

Trata de personas: la paradoja de la empatía social

La indiferencia por parte de la sociedad y de las instituciones frente a la crisis sociocultural vivida por la población mexicana, es el reflejo de una profunda paradoja.

Vivimos en una época de universalismo moral por el que «tendríamos obligaciones con los seres humanos más allá de nuestro status social sencillamente porque pertenecemos a una misma especie» y de «humanitarismo intervencionista», pero nos mostramos apáticos e indiferentes -incluso ausentes- ante temas que afectan nuestra sociedad.

En México, debido a la trata de personas, según información de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), se presentaron hasta 500,000 casos hasta en el 2016. Sin embargo, cada año, alrededor de 21,000 menores de edad son captados por las redes de trata de personas con fines de explotación sexual y 45 de cada 100 son niñas indígenas. El 93% de las víctimas en México son mujeres y 26% menores de edad. Destaca que alrededor de 45.4% de las víctimas son captadas por una persona conocida, 49.1% por desconocidos y 5.5% por miembros de la delincuencia organizada. México está catalogado como un país de origen, tránsito y destino de víctimas de trata de personas.

¿Por qué siempre la vulnerabilidad social tiene que ser el espejo de la estadística?

En una época caracterizada por la interconexión y la simultaneidad de los intercambios sociales, paradójicamente aumenta de forma desmesurada la distancia social que separa determinadas categorías de personas. Hoy en día todos somos espectadores, testigos de cómo se inflige impunidad ante casos como la trata de personas y del sufrimiento humano que eso causa.

El 93% de las víctimas en México son mujeres y 26% menores de edad. Destaca que alrededor de 45.4% de las víctimas son captadas por una persona conocida, 49.1% por desconocidos y 5.5% por miembros de la delincuencia organizada

La defensa de los derechos de las personas en busca de justicia pasa por la comprensión de los mecanismos que están detrás de estas paradojas morales. Esto pasa por comprender la indiferencia, la apatía y la consiguiente exclusión de estas personas de nuestro espacio moral y pasa por comprender el papel de la interconexión entre medios de comunicación, discurso de las élites y discurso social en la construcción de lo que denominamos fronteras morales.

La indiferencia hacia las personas en busca de justicia es el resultado de la normalización de las desigualdades, una actitud que contribuye a la construcción de sistemas que excluyen de la esfera de los derechos y de la responsabilidad moral a grupos enteros de personas en nuestro país.

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