Cultura y Arte

Indígena, sobre el concepto faltante

Autor: Jalil Rasgado

Mi padre me hizo una pregunta sobre la identidad, la consideración última de mi persona, sobre mi pertenencia social. Indagó sobre mi creencia, sobre mi indigenismo. Me preguntó si soy parte de la raíz olvidada, los hijos zapotecas que la historia no pudo exterminar. Sobrevivientes de un holocausto lento y oculto, aquella erradicación que se perpetúa desde la llegada de la erróneamente llamada “civilización”.

“¿Soy un indio?”, pensé. “Pero si para ser indio se necesita ser indio, vivir como indio, vestirse como indio y pensar como indio”, recodé vagamente la frase que recientemente encontré en Rulfo.

“¿Cómo defines a un indígena?“, le respondí, como intentando creer que su respuesta resolvería el caos que surge cada que busco alguna respuesta sobre mí mismo.

“¿Cómo me defines a mí, a tu madre, abuelos, a cada uno de los miembros y pueblos de la región?”, me respondió.

“Me preguntó si soy parte de la raíz olvidada, los hijos zapotecas que la historia no pudo exterminar. Sobrevivientes de un holocausto lento y oculto, aquella erradicación que se perpetúa desde la llegada de la erróneamente llamada ‘civilización'”

Fue difícil responder, pero la visión antropológica nos ayuda a entenderlo. Sin embargo, cientos de definiciones manejadas socialmente entorpecen el autoconocimiento. Tuve tiempo para considerarlo. Aquella ocasión respondí que sí, lo soy ¿Realmente lo soy? Al final de cuentas, soy un miembro más que ha perdido el legado más importante de nuestros antepasados, la lengua; he perdido aquello mediante la cual configuramos la realidad. Algunos dicen que la pérdida del idioma es la pérdida de la cultura.

Sin embargo, ¿acaso he perdido el denominativo indígena al perder el idioma? Los estereotipos marcaron el crecimiento de mis padres, la enseñanza nativa de la lengua madre fue escasa en nuestro núcleo familiar por este motivo, mis abuelos insistieron, pero la educación moderna ganó la batalla ¿Me perdonaría el zapoteca tradicional?

“Soy un miembro más que ha perdido el legado más importante de nuestros antepasados, la lengua; he perdido aquello mediante la cual configuramos la realidad”

La existencia precede a la esencia. Existen indígenas de todos los tamaños, colores, géneros, estatus socioeconómicos, religiones, idiomas, costumbres y territorios. Ningún determinismo político o social nos moldea. Es claro que no nacemos indígenas, pero ¿qué define a un indígena? Algunos nos hablan de comunidad indígena como aquella que conserva la herencia y el origen de un país, y se concentra en este legado cultural, poseen idioma, usos y costumbres distintas a la oficial, y por medio de ella, se sustentan para la organización política, social y económica. Una definición de libro que tiende a ser muy vaga si tomamos en cuenta la gran diversidad mexicana y la gran batalla histórica: el mestizaje.

Rulfo manifestaba al indígena en sus relatos, nos hace estar en contacto con ese mundo que llevamos dentro, eso que algunos encuentran ajeno. Nos habla de esos hombres y mujeres arrojados a un existir en soledad, al desamparo, a la pobreza, a la melancolía del olvido. Nos muestra la situación rural desde la comodidad del asiento aterciopelado de la cafetería más cercana. Nos escribe sobre el desamparo por parte del gobierno y la segregación. Los relatos de hace más de 65 años siguen siendo parte de la vida diaria de nuestras comunidades rurales y de las comunidades indígenas. Este desamparo se debe a múltiples razones, tan solo una de ellas es el estereotipo.

“La existencia precede a la esencia. Existen indígenas de todos los tamaños, colores, géneros, estatus socioeconómicos, religiones, idiomas, costumbres y territorios. Ningún determinismo político o social nos moldea

La imagen perpetuada sobre ser indígena en México ha hecho raíz, los calificativos despectivos de ciertos sectores dejan claro el desconocimiento generalizado sobre el transcurrir histórico. Ser indígena en México es sinónimo de discriminación. El estereotipo dicta que debemos ser marginados, morenos, pobres, iletrados y un sinfín de adjetivos más. Los espectros de la colectividad, como Borges diría, están presentes en los mexicanos, aunque a veces se niegue de ello, el nacionalismo poscolonial obliga a los indígenas a la marginación social, sujetos aislados a quienes se les niega voz y libertades. La discriminación produce desempleos, frustraciones, falta de derechos y de movilidad social, además de producir una falta de políticas públicas que beneficien a las comunidades.

Y es por esto mismo que abandonamos las comunidades, provocando la reconceptualización del indigenismo. Poco a poco abandonamos esta imagen del indio mexicano, gran parte hemos salido de los pueblos con objetivos variados, nos hemos establecido en otros lugares. Cada vez más los pueblos adquieren el estatus que marca el desarrollo capitalista, la influencia cultural extranjera permea en los pueblos y moldea muchas conductas. Paulatinamente la normalización, como sistema graduado, nos obliga o en ocasiones nos hace querer pertenecer a esta gran mayoría poblacional donde ser indio está mal. Y lo logra, yo y gran parte de mi generación que ha perdido el idioma natal ha estado viviendo este ejercicio de poder silencioso pero mortal. Ahora, el estado desindigenizador nos puede clasificar como no indígenas, ya somos mestizos, ya no tienen porqué destinar recursos políticos. ¿Podemos hablar de la inminente muerte del indio mexicano? Mi generación es mestiza, hemos adoptado elementos de ambos mundos y la sociedad solo ignora, ¿las políticas públicas ya no nos concierne?

La esencia, que la población mayoritaria dicta qué es un indígena (término políticamente correcto en tiempos de corrección) prevalece negativamente, por ello es un calificativo despectivo. ¿Por qué se desea y admira culturas extranjeras y se menosprecia o ignora constantemente la nuestra? Constantemente veo el deseo hacia lo exterior y la gran justificación sistémica de preocuparse por el México indígena mediante discursos de un supuesto capitalismo consciente o solo alegar el derrocamiento de éste, sin hacer nada, continuando con los juicios denigrantes.

“Ser indígena en México es sinónimo de discriminación. El estereotipo dicta que debemos ser marginados, morenos, pobres, iletrados y un sinfín de adjetivos más”

Las campañas publicitarias que engrandecen la multiculturalidad nacional sirven de poco si no se visualiza y reconceptualiza el indigenismo, si solo se deja a la raíz mexicana en los museos (y no hablo de abandonar estas campañas de engrandecimiento). La riqueza de México se observa también en las artesanías, alimentos, música, costumbres y en la vida de los pueblos indígenas; debemos engrandecernos de poseer tanta diversidad y cultura. Sánchez Andraka nos advierte del olvido histórico, nos describe la belleza de la vida indígena, nos sumerge en el México Mágico, abraza el engrandecimiento del origen. Pero no es suficiente.

Las propuestas de mejoramiento de esta visión son varias, queda mucho por discutir, no obstante, creo (en mi poco conocimiento del tema) que el mejoramiento de las políticas públicas por medio del vínculo entre los saberes de la ciencia social como la antropología o psicología social y el derecho, debe estar presente con el fin de visualizar a los pueblos olvidados, darles voz. Así, un ciudadano común podría pensar, antes de descalificar a algún individuo al denominarlo “indio”, que tal vez ese interlocutor realmente lo sea, y que, como en mi pueblo, están orgullosos de serlo, somos mucho más de los 15 millones que los censos marcan.

1 reply »

  1. Creo que los jóvenes indígenas o que nos consideramos indígenas, estamos para romper cualquier esquema social, y sobre todo, dar voz al indígena, al que lucha, no al estereotipo de indígena marginado, si no, el que está buscando nuevas oportunidades, el que sueña y sobre todo el que se siente orgulloso de provenir de una comunidad indígena y se quiere comer al mundo, por todo lo que le puede aportar para su crecimiento personal.
    Creo que ya no estamos para denigrarnos o que nos designen estereotipos, estamos listos, siempre lo hemos estado, para poder ser el joven indígena que está en una universidad, el que gano un premio por su capacidad intelectual, el que viaja por el mundo, pero, sobre todo, el que está orgulloso de ser de un pueblo o ciudad.

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