Sociedad y Política

Nuevo presidente, nuevo grito

Autor: Ray Ricárdez

La 209 celebración de la Independencia de México llegaba al Zócalo capitalino. Sí, llegaba a este sitio icónico e histórico en donde nuestro actual presidente se siente extremadamente cómodo. Ese sitio en donde el mandatario se entrega a su pueblo y se sabe querido. Esa explanada gris, de corte militar y con la bandera ondeando en su corazón que recibe a miles y miles de almas. Ese espacio de aglomeraciones infinitas. Ese que se terminar por consolidar como el “hogar público” (si se me permite ese término) de quien habría ganado las elecciones presidenciales por más del 40% de los votos. 

Apenas López Obrador había anunciado que modificaría la tradición del Grito de Independencia cuando sus opositores saltaron en redes a señalarlo por el atrevimiento. Una vez más, el presidente “hacía lo que se le daba la gana”. Reconozco que inclusive yo estuve tentado a entrarle al quite y despilfarrar mi cada vez más común negatividad hacia este gobierno. Desistí.

Sin embargo, toda esta especulación se disipó alrededor de las 23:00 hrs. Acompañado por Beatriz Gutiérrez Müller y únicamente por Beatriz Gutiérrez Müller, el presidente caminó al palco de Palacio Nacional a verle la cara al pueblo que tanto añoraba por verlo. Serio, sobrio y notoriamente satisfecho, el hombre materializaba una noche con la cual soñó por tantos años. 

Parecía que, al menos en los modos y formas del evento, los tiempos de oligarquía y grupos de poder quedaban en el pasado. Ahora, los invitados especiales al evento estaban al pie del balcón. Por supuesto que la realidad es otra, no hay que ser ciegos, pero en esta ocasión, vale la pena destacar los detalles.

Obrador por unos instantes dejaba de ser el presidente de la controversia para volver a ser el presidente de las masas; ese al que el mensaje popular se le da con verdadera virtuosidad. Todas y todos vimos a un presidente que cambiaba el paradigma del grito y lo replanteaba a su muy peculiar modo. 

“Parecía que, al menos en los modos y formas del evento, los tiempos de oligarquía y grupos de poder quedaban en el pasado. Ahora, los invitados especiales al evento estaban al pie del balcón (…) el presidente de las masas, ese al que el mensaje popular se le da con verdadera virtuosidad. Todas y todos vimos a un presidente que cambiaba el paradigma del grito y lo replanteaba”

Prácticamente se olvidó por instantes la noche de la rechifla con la que despidió Peña Nieto su sexenio, ahora era una noche de algarabía y júbilo (cierto es que Peña ya llegaba con una administración muy desgastada y Obrador llega con un sexenio por delante).

No erró con los “20 vivas”. Por el contrario, glorificó con un acto patriótico el sentir de algunos grupos vulnerables de este país, lanzó un mensaje internacional y no dejó de nombrar los ya tradicionales nombres que nos enseñan en la primaria.

“Vivan los héroes anónimos”, sentenciaba. Y qué bonito sonaba.

Y ahí se quedó, observando, sin prisas. Amaba lo que veía y lo que él veía lo amaba a él. Era, en definitiva, un momento cúspide de su apenas iniciada administración. Era el primero de seis. Las y los presentes no veían a una figura de poder distante, frívola y ajena a su realidad, veían a un presidente electo por su propia mano y eso es bastante valioso. 

Indudablemente Obrador es y seguirá siendo por un rato indefinido, un presidente extremadamente popular. Nadie, ni la oposición, podrá negar el colchón democrático con el que todavía cuenta, siendo su propia responsabilidad mantener, con hechos, ese cariño popular. 

Cabe destacar que los aciertos y errores de la actual administración ni se enaltecen ni se borran por esta única noche. Realmente ha sido un año repleto de controversias, señalamientos y asuntos que resolver. No confundamos la euforia con la aceptación plena a esta administración. Sin embargo, lo cierto es que este 15 de septiembre, la 4T anotó un gol en un partido al que todavía le quedan bastantes minutos de juego.

Es importante de igual forma saber diferenciar: lo de López Obrador es admirable por el mensaje que da pero todavía limitado por el accionar de su gobierno. Insisto, faltan cinco años. Todavía nos faltan cinco gritos.

No confundamos la euforia con la aceptación plena a esta administración. Sin embargo, lo cierto es que este 15 de septiembre, la 4T anotó un gol en un partido al que todavía le quedan bastantes minutos de juego”

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