Cultura y Arte

No me llamo Ofelio

Hay una cafetería que se volvió famosa por hacerte sentir especial. El escribirle el nombre a un vaso ha sido una de las estrategias más efectivas para crear una base de consumidores de una determinada clase social, y que ha llevado al negocio a ser una de las transnacionales más importantes del mundo. Se rumora que viene en el Manual del mandil verde que uno debe aprenderse el nombre de los clientes frecuentes y su bebida de preferencia. Uno como consumidor tiende a crear un lazo de lealtad a la marca por la conveniencia de que, ahora, están en cada esquina y son la versión de comida rápida del café.

Todo es muy divertido hasta el momento en que el barista te pregunta cómo te llamas y tú tienes que decirle tu poco convencional nombre. Por poco convencional, en este caso, me refiero a un nombre que puede ser difícil de escribir, que está asociado a una canción o una flor, dependiendo del interlocutor, o a un poco conocido apelativo que hace dudar al pobre sujeto que debe ponerlo con Sharpie en tu vasito de cartón. Esta experiencia es ejemplar, porque la emoción o descepción al recibir tu bebida con el nombre bien o mal escrito sin duda afecta tu experiencia. De hecho, se volvió un chiste entre baristas de la empresa y sus respectivos clientes el publicar las fotos de los nombres hasta más comunes, escritos erróneamente. Para aquellos a quienes evidentemente lo escribieron mal a propósito es un chiste. Para aquellos de nosotros que frecuentemente nos topamos con gente que ignora lo que decimos o no se molesta en volver a preguntar, que lo escriban mal es ofensivo.

El mes pasado se dio a conocer el caso de Ophelia Pastrana, mujer trans, que le dio su nombre a la barista y ella se empeñó en referirse a ella con pronombres masculinos y escribió “Ofelio” en su vaso. En una serie de tuits del 30 de julio, la youtuber expresó cómo se dio la situación y explicó que incluso en sus documentos viene su sexo en femenino, al igual que su nombre e identificación. La empresa optó por despedir a la empleada en cuestión, a lo que Pastrana respondió que no era la solución. Ella reprendió a la empresa pues su solución sería enseñar a los empleados sobre el tema y no solo castigarlos por no saber comportarse de otra forma. En un panorama que cambia rápidamente respecto a la comunidad LGBTI+, es importante que las empresas, especialmente las que se tienen una cultura organizacional centrada en el cliente, capaciten y entrenen a sus empleados en temas de género y respeto a la diversidad.

La importancia de nombrar correctamente a la gente trans tiene que ver con reconocer su identidad, así como se pelea la adscripción étnica o nacional. Richard Feinberg explica que hay una importancia en el nombre relacionado a la identidad de la persona. Su estudio de caso en las Islas Salomón explica cómo los nombres cargan un poder de identificación; el nombre carga el ser de la persona. Para los Anutan, el nombre es una cuestión social y familiar que identifica a la persona con sus relaciones de parentesco. En las sociedades occidentales, el nombre es asociado a la identificación de la persona y el reconocimiento de su individualidad. Barbara Boderhorn y Gabrielle Vom Bruck explican que, desde la antropología, se ha planteado que los nombres son significadores de identidad, lo que significa que sin un nombre un individuo no tiene posibilidad de tener una identidad. Por ejemplo, al querer darle importancia o desmeritar actores en la historia, se mencionan los nombres o se dejan fuera del relato. Incluso el hecho de poder robar la identidad de alguien con los documentos que contienen el nombre (y otros datos personales), ilustra cómo son constructores de identidad y que contienen un gran poder político. La vida de la gente está entretejida con palabras y nombres de los actores que transitan por ella.

“Es importante que las empresas, especialmente las que se tienen una cultura organizacional centrada en el cliente, capaciten y entrenen a sus empleados en temas de género y respeto a la diversidad”

El nombre es parte esencial de la identidad, y para la comunidad trans, es parte de lo que inicia en muchos casos la transición. Reconocer el nombre y género adscrito este, de cada persona es un reconocimiento de su identidad e individualidad. El problema de lo que pasó con Ophelia Pastrana no que, como a muchos otros, le hayan escrito mal el vasito. Es, en realidad, un ataque a su identidad y una resistencia a reconocerla como mujer, por el prejuicio de que es una mujer trans. Los prejuicios también tienen nombres y este se quita empezando a nombrarlo: la transfobia es un problema grave y se empieza a eliminar hablando al respecto.

“La vida de la gente está entretejida con palabras y nombres de los actores que transitan por ella”

Referencias

Boderhorn, B., y Vom Bruck, G. (2006). “Entangled Histories”: An Introduction to the Anthropology of Names and Naming. En Vom Bruck, G., & Bodenhorn, B. An Anthropology of Names and Naming. Cambridge: Cambridge University Press. Recuperado de https://search- ebscohost-com.udlap.idm.oclc.org/login.aspx?direct=true&db=nlebk&AN=156546&lang=es&site=eds-live

Feinberg, R. (1983). What’s in a Name? Personal Identity and Naming on Anuta. Central Issues in Anthropology, 5(1): 27-42.

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