Ciencia y Tecnología

Eso que llaman masculinidad

Ruth Guerra

Médico, especialista en sexología y Mtra. en sexología Clínica  con experiencia en investigación clínica, atención sexológica, regulación sanitaria, administración médica y medicina ocupacional

El pasado mes de julio tuve la oportunidad de acudir en el Senado de la República  a la  presentación de la investigación  “El costo de la Caja de la Masculinidad”. Dicho estudio  fue realizado en Estados Unidos, Reino Unido y México, sobre lo que significa ser hombre de entre 18 y 30 años; el cual se refiere al daño que causan los estereotipos tóxicos de la masculinidad.

En automático pensé en los clásicos estereotipos de que el hombre es fuerte, agresivo, con la idea del “macho alfa”, “lomo plateado”, “pecho peludo”. Relacioné esta idea con los pacientes que veo en el consultorio, personas con dificultades sexuales que principalmente surgen de auto exigencias por cumplir con estereotipos de hombres que pretenden representar roles de seres duros, fuertes, agresivos, una imagen de lo que las sociedades conservadoras establecen como roles a cumplir para ser hombres, ideas como que no deben cuidar de su salud, no deben de ser sensibles, que deben de ser fuertes, deben de ser proveedores de sus familias, etc.

Esta “caja”, como la llaman los investigadores, se refiere a comportamientos vinculados con concepciones de lo que es la “hombría” y lo que ello genera como la violencia y acoso escolar, violencia sexual, depresión, suicidio, consumo de alcohol y accidentes de tráfico. Es un estuche en el que se encierran varios estereotipos, como por ejemplo: los niños no pueden llorar y que, como mencionó la Profesora Teresa García Gasca (Rectora de la Universidad Autónoma de Querétaro), no sólo es la caja de la masculinidad, implica también la de feminidad: las niñas son débiles,  tiernas, sensibles, etc. Concebir a las personas de esta manera –en mi opinión- es una forma muy antigua de ver al ser humano; pero reconozco que esta noción se encuentra muy presente en nuestro país, a pesar de que actualmente es un tema del que se habla más, se analiza y reflexiona con la intención de encontrar formas de vida más libres con menos etiquetas y respetuosas de la diversidad.

Sorprendentes los resultados del estudio: los autores estiman que la “masculinidad” le cuesta a nuestra sociedad, una pérdida económica de 1.400 millones de dólares anuales solo en el 2016 a causa de estas masculinidades toxicas en México. 

“Es urgente un cambio de paradigmas, de políticas públicas, en las cuales se permita reflexionar sobre otras maneras de convivencia social, que rompan con estas etiquetas dicotómicas y rígidas que más que beneficiarnos, son creadoras de estereotipos dañinos, de violencia, de sufrimiento y muertes”

Considero que el estudio señalado es muy acertado y relevante para nuestra sociedad, porque invita a generar otros pensamientos, a presentar con datos duros (costos económicos para la sociedad), algo tan complejo como lo es la masculinidad. Cualquiera de nosotros conocemos y convivimos con alguien que asume estas etiquetas, cotidianamente nos topamos con algún “macho”; pero también podemos encontrarnos con alguien que sufre de estas etiquetas, que no se siente cómodo con eso que socialmente se espera de él, de eso que se llama masculinidad.

Establecer el costo de la masculinidad como mencionó Rubén Albarrán “es un lenguaje que puede ser entendido en estos círculos patriarcales”  refiriéndose a la clase política, es un lenguaje que para las personas que toman las decisiones en este mundo consumista (en su mayoría hombres), les facilita ver el gran impacto económico que causa algunas de las etiquetas sociales que más daño hace y no solo a las mujeres, sino a ello mismos.

Lo anterior me llevó a plantear lo siguiente: es urgente un cambio de paradigmas, de políticas públicas, en las cuales se permita reflexionar sobre otras maneras de convivencia social, que rompan con estas etiquetas dicotómicas y rígidas que más que beneficiarnos, son creadoras de estereotipos dañinos, de violencia, de sufrimiento y muertes. Considero que es importante impulsar acciones que promuevan la equidad no solo enfocada a un género; sino que más bien rompa esta dicotomía arcaica patriarcal, que como lo mencioné antes, ocasiona daños a las personas (pacientes), que cargan por la vida una serie de “obligaciones de hombres” que los enferman y que tienen consecuencias en las relaciones con las mujeres, pues responden a patrones culturales que involucran a ellos y a ellas.

La presentación del estudio, por un lado, me dio esperanza de que podemos construir otras formas de convivencia, que podemos aprender nuevas maneras de relacionarnos entre personas. Para mí fue muy alentador que en el Senado mexicano se aborden estos asuntos, se reflexione en colectivo, se hable de “temas tabú”.

Por otro lado, me hizo ver que hay grupos parlamentarios más conservadores que no valoran estos temas de la misma manera. Muestra de lo anterior, es un tweet del legislador del PAN Julián Remetería quien escribió: “Ojalá algún día entiendan que gobiernan un país (refiriéndose a “morena”) y que los problemas reales son la inseguridad, el desempleo y la economía.” Como si la “masculinidad” no fuera un problema real, creo que confunde lo prioritario con lo importante. Al legislador le molestó que uno de los voceros de la sociedad (el músico Rubén Albarrán) decidió usar el día del foro un atuendo diferente, y que el tema fue propuesto por la senadora de Morena Citlalli Hernández; tan es así que calificó el evento como “payasadas en el senado”. Lamentablemente las decisiones, con mucha frecuencia, son tomadas por personas llenas de prejuicios, desinformadas, que actúan sin fundamentos, desde la competencia entre partidos, y no toman decisiones a partir de la objetividad y el conocimiento. 

“Es importante impulsar acciones que promuevan la equidad no solo enfocada a un género; sino que más bien rompa esta dicotomía arcaica patriarcal

Desde mi punto de vista, es importante hablar en cualquier tribuna del tema de la masculinidad, los roles de género, las etiquetas sexuales, entre otros. Es fundamental un cambio en políticas públicas –de salud pública- de prevención de la violencia y la diversidad sexual, que fomenten la formación de personas libres de estereotipos de género; lo cual podría lograrse sensibilizando, incluso, a los servidores públicos (como el senador mencionado), que deberían actuar por el bien común, a favor de una sociedad menos violenta, tóxica.

1 reply »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s