Sociedad y Política

El síndrome del más por menos

Judith Romero

Maestra en Gestión de Recursos Biológicos (UJAÉN) y Politóloga (UNADM) especializada en Desarrollo, Evaluación de Políticas y Programas Públicos. Interesada en activismo

Hoy en día, uno de los términos que con mayor frecuencia invocan los políticos mexicanos al pronunciar sus discursos, es la participación ciudadana; hablan de su importancia y de su necesidad para la profundización de la democracia en nuestro país. En efecto, la participación de los ciudadanos es sustancial porque modera y controla el poder de los políticos y porque la sociedad se hace escuchar en la toma de decisiones.

Actualmente el Estado mexicano proporciona un marco legal de mecanismos democráticos que propician las condiciones para que las personas y/o comunidades hagan llegar su voz y propuestas a todos los niveles de gobierno. Por otro lado, los mexicanos nos encontramos en “El síndrome del más por menos”, es decir; exigimos educación pero no cedemos el paso, queremos un sistema de salud pública de calidad pero evadimos impuestos, queremos calles limpias pero no tiramos la basura en su lugar, tan sólo por mencionar algunos ejemplos. 

La participación social requiere un Estado y ciudadanos comprometidos por un bien común y no por un bien individual. Se requiere de dedicar un tiempo, valorar lo colectivo, concebir la participación social como un placer para mejorar el país, aceptar la distribución de responsabilidades y diversificación del trabajo tanto como ciudadano y gobierno. 

¿Qué le corresponde al Estado y qué nos corresponde a los ciudadanos para lograr una participación social colaborativa?

Las autoridades necesitan crear canales institucionales más eficientes y leyes que regulen la participación ciudadana. Porque un marco jurídico obliga a los integrantes de los órganos de gobierno a incluir a la sociedad en las diversas acciones que realizan, pero de nada sirve una legislación si no existen las instituciones que posibiliten la aplicación de esta ley.

La información, entendida como transparencia y rendición de cuentas, también es un elemento fundamental porque conocemos los programas de gobierno, y la sociedad ejerce sus derechos de escrutinio y evaluación del desempeño de los servicios públicos y sus resultados. Aunque la información también se refiere a la libertad que tienen los medios de comunicación para difundir noticias e informar a la población de lo que ocurre en nuestro entorno, esto es importante, porque la ciudadanía tiene que conocer lo que acontece en su alrededor para tomar decisiones.

“La participación social requiere un Estado y ciudadanos comprometidos por un bien común y no por un bien individual”

Por último, para que la participación ciudadana pueda existir en una democracia es necesario que la sociedad confíe en las instituciones políticas. Deben tener la esperanza o la firme seguridad de que van a actuar y funcionar de acuerdo a lo que se les ha encomendado: velar por el bienestar general. Cuando no hay confianza, es porque las instituciones no están realizando sus funciones correctamente o porque la población percibe que están trabajando para favorecer un sector específico. Si no hay confianza, es casi seguro que los ciudadanos van a evitar lo más posible involucrarse con ellas. Por eso, si una democracia quiere impulsar la participación ciudadana, debe asegurar la credibilidad de sus instituciones.

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