Cultura y Arte

Con ganas de llorar

Ricardo Sierra

Licenciado en Teatro por la UDLAP. Funge como actor, director, escenógrafo, novelista y cuentista. Miembro de la compañía Filmando a Godot

Dolor y Gloria es la última película de Pedro Almodóvar, en ella nos relata la vida de Salvador, un afamado director que se encuentra perdido, desmotivado, entre sus males físicos y los inminentes miedos que lo persiguen por todos lados. Personaje osco, delicado de salud y a la vez nostálgico.

De la película podemos resaltar la actuación de Antonio Banderas, el veterano actor, que ha acompañado a Almodóvar a través de los años en diez películas como La Ley del Deseo (1987) o La piel que habito (2011). “No quería imitar a Pedro, sino que él fluyera a través de mi…”, dice Banderas sobre su amigo, Pedro Almodóvar.

“Cientos, si no es que miles de detalles de una historia sencilla pero poderosa nos atraviesan el cuerpo, como si fuéramos los toros de una apabullante fiesta taurina”

Es el propio director el personaje que se nos muestra en pantalla, conmoviéndonos con la luz de su mirada, su voz baja, a veces apagada, finamente trazada sin caer en la sobreactuación. La voz de Banderas nos lleva de la mano a contarnos la historia de Almodóvar desde sus años mozos. El personaje de la madre, interpretada por Penélope Cruz, será uno de los ejes centrales y conmovedores de toda la trama. La contención del personaje de la madre, el mundo creativo que le va construyendo a su hijo a cada paso, sin quererlo o pensarlo, funge como la revelación más importante para el niño, a través de la poesía, el cine, los libros, la pintura, etc.

El papel de la mujer en la historia es de gran importancia; Almodóvar nos revela que es la educación femenina, que recibió de su madre y sus vecinas, la que lo formó como el hombre sensible y de gran imaginación, que se desborda en los múltiples “collages” que vemos en varias tomas, vestuarios, colores, las actrices que aparecen y desaparecen, con historias de relaciones apasionadas, provocativas, desequilibradas y explosivas. Lenguas de fresas, labios apretados, miradas y destellos llenos de sensualidad y erotismo, hablan de un director que ha forjado un estilo propio, con un tacto muy especial para contar historias que nos recuerdan la España de los años 80, tras la muerte de Franco, y la sacudida telúrica que se traduciría en el movimiento contracultural llamado la “Movida Madrileña”.

El cuerpo humano, otro elemento al cual Almodóvar rinde tributo en muchas de sus películas, resulta ser un tema fascinante, su visión es casi clínica, cuerpos como materia viva, como elementos creadores de tensiones y pasiones. Sensuales. Eróticos. Terrenales. Universos por explorar, desde los dedos del pie, subiendo por la entrepierna, las caderas que simulan montes luminosos, vientres desnudos que parecen llanuras sin principios o finales, brazos recostados, hombros que junto con la espalda dicen mucho, llegando hasta cabelleras coloridas. La anatomía es un elemento por el cual el director se ve sumamente interesado para descubrir y desmembrar, como si se tratara de una autopsia a pecho abierto.

Habíamos mencionado previamente la palabra “contención”. Es Dolor y Gloria una película contenida, desde el inicio hasta el final. Pero no todas las contenciones son necesariamente del tipo pasional, hablamos también de contenciones del corazón, de las palabras, de los sentimientos y de la angustia que se tiene por la soledad en la que nos vemos envueltos. Ganas de salir y de liberarse de lo sofocante de nuestras circunstancias.

La película quiere que nos encontremos cara a cara con nuestras propias experiencias y, aunque no nos haya pasado lo que a los personajes les sucede, podemos encontrar matices o pistas que nos llevan a la conexión con ellos.

Desde el mundo de la infancia, pasando por la atrabancada juventud, semejante a una montaña rusa sin frenos; como también la etapa creativa e inspiradora con los inminentes tropiezos en donde parece que nos rompemos el hocico cada vez que nos equivocamos o decimos algo que lastima al otro.

Con los labios partidos y la sangre dulce brotándonos entre los dientes, Dolor y Gloria nos hace separarla y ver que los dos elementos del título son los que le dan sabor y carnita a la historia. Los matices necesarios para volverse interesante y exaltante. Casi como a la mitad de la película un profundo nudo ahorca mi estómago, luego mi garganta y un torrente lagrimal se alza desde mi pecho hasta los ojos. Los adioses y silencios, la mirada melancólica de Banderas, los cuadros en las paredes, la contención del personaje de la madre, la mirada anonadada del niño ante lo asombroso, el monólogo de la obra de teatro. Cientos, si no es que miles de detalles de una historia sencilla pero poderosa nos atraviesan el cuerpo, como si fuéramos los toros de una apabullante fiesta taurina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s