Sociedad y Política

Horror mexicano

Imagen: Canva

por María Fernanda de la Rosa

Es un sentimiento que estremece y resulta tan familiar; te frustra ver, oír y leer que el humano ya no tiene humanidad y que, así como es desagradable, es más cotidiano no sentir compasión. Ese es el horrorismo.

La filósofa italiana, Adriana Cavarero, nos ilustra en su trabajo Horrorismo, nombrando la violencia contemporánea, una terminología diferente a la usual y que discrepa de las simples palabras de violencia y terrorismo: el “horrorismo”. Dicho concepto trata de reunir los sentimientos que surgen al presenciar eventos de violencia excesiva y agresiones diarias, donde además, es importante distinguir que no se usa para describir los actos inhumanos del agresor, sino para describir el sentir de las víctimas, cuestión que resulta incómoda o inusual dado que cuando se habla de violencia, usualmente se toma en consideración al sujeto activo (el agresor).

En ese sentido, los victimarios suelen ser vistos como vulnerables y no como inermes, dice Adriana Cavarero, donde explica que la diferencia entre esas dos concepciones radica en que el primero es el “ser humano en cuanto cuerpo singular abierto a la herida” y el inerme, es aquel que se encuentra desarmado ante el ataque, aquel sin posibilidad alguna de repeler la agresión y que está predestinado a sufrir. En México somos inermes.

Explorar nuevas terminologías para dar a conocer los sentimientos a los que nos encontramos expuestos, es admitir que los ya existentes no se encuentran a la altura de las circunstancias, porque así como con cada acto de violencia se genera un nuevo tipo penal tratando de salvaguardar nuestros derechos, también se genera un nuevo tipo de sentimiento, mismo que se irá desvaneciendo de la indignación social dada la cotidianeidad con la que damos por hecho, seguirá pasando. 

Los últimos días hemos sido testigos de historias donde los protagonistas son los excesos: exceso de inseguridad, de miedo, conformismo, rabia, terror y horror; Norberto Ronquillo, Leonardo Avendaño, Itzel Nohemí de 7 años, solo por mencionar los nombres más sonados de víctimas inermes, son el reflejo de una sociedad deshumanizada, donde las lecciones no son las de buscar la readaptación social, sino tratar de que el círculo de violencia del que huimos renazca pero sea controlado a beneficio propio, y hasta entonces, hasta que veamos que el agresor ahora es víctima también, estaremos satisfechos y llamaremos al impulso deshumanizante, justicia.

Con el presente texto no se pretende plantear una postura sobre el tema de justicia a mano propia, tema que no resulta ajeno, sino de dar a conocer que el instinto de supervivencia llama y que el corazón se oprime día con día con cada noticia y con cada vivencia.

Iniciemos a contar nuestras historias de violencia con singular compasión por el agresor, reconozcamos nuestro nombre como sinónimo de humanismo y sobretodo, llamemos al miedo “horror”, porque hasta entonces, y sin pintar la realidad en que vivimos, es que tal vez la reflexión y el peso de las palabras recaigan sobre nosotros y actuemos para regresar a términos más simples, más livianos, donde “miedo” simbolice posibilidad de cambio y no realidad estática.

Reconozcamos que en México no somos víctimas, somos inermes.

Categorías:Sociedad y Política

Tagged as: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s