Economía

Nadie nos va a detener, ni Trump, ni Ebrard, ni la Guardia Nacional

Imagen: Wikimedia Commons

por Etienne Ricárdez

La semana pasada el gobierno mexicano y Donald Trump tuvieron una serie de encuentros. Estos involucraron amenazas arancelarias, política migratoria, viajes a Washington, tuits, selfies, manifestaciones pacíficas en la frontera y un sin fin de berrinches más.

Estos concluyeron con Estados Unidos retirando la orden de implementar aranceles y, con México prometiendo desplegar la Guardia Nacional en la frontera sur.

Me gustaría apuntar ciertas cosas, la primera: desde marzo, México ya había acordado desplegar la Guardia Nacional a lo largo y ancho del país, dándole prioridad a la frontera sur. Esto se acordó en una junta que tuvo Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación y Kirstjen Nielsen, entonces secretaria de Seguridad Nacional de EU, de acuerdo con el NY Times. Es decir, lo ocurrido esta semana fue puro teatro.

Por otro lado, me gustaría platicarles de un paper titulado Effects of enforcement on illegal markets: Evidence from migrant smuggling along the southwestern border escrito por Christina Gathmann de la Universidad de Stanford, en donde presenta un análisis de la demanda por servicios informales para cruzar la frontera México-Estados Unidos; en palabras más coloquiales: analiza los coyotes, pues. Para no ahondar en detalles ni metodologías, el artículo concluye en algo que ya sospechábamos (espero que lo que voy a exponer no lo lean en Estados Unidos): nadie nos va a detener.

No importa cuántos muros pongan, cuantos policías, cuantos oficiales caninos, ni siquiera los drones: la gente va a seguir cruzando la frontera.

¿Y en nuestra frontera sur? Les podría asegurar que es el mismo caso: no habrá barrera efectiva.

Entonces, con todo respeto al gobierno mexicano: los felicito por conseguir que Trump desistiera a su amenaza arancelaria, en especial por cómo lo hicieron: al más y mejor estilo mexicano, con un “lo checamos”, con un “sí, yo llego, ¿hasta qué hora van a estar?”. No hay nada más mexicano que eso y me da mucho gusto ver que inhibieron un capricho de Trump de esa manera: exhibiendo el ingenio mexicano y lo ingenuo del gobierno estadounidense.

Sin embargo, el flujo de migrantes en la frontera sur y la frontera norte no va a disminuir poniendo policías, va a disminuir cuando a la gente se sienta segura en sus lugares de origen, cuando existan condiciones dignas para vivir y desenvolverse. Los migrantes dejan todo por mejorar su vida, no lo hacen por diversión. Imaginen cuán difícil tiene que estar su situación para un día decir: “Voy a dejar mi casa, mi familia y mis cosas para arriesgar mi vida en los vagones de La Bestia, para que muy probablemente me asalten, me violen y me maten”, he ahí donde radica el problema.

La decisión de un migrante no se basa en “Voy a cruzar la frontera porque es fácil”, de ninguna manera, la realidad es un: “Voy a cruzar la frontera sea como sea”. Me parece que los gobiernos de México, Estados Unidos y, me atrevo a incluir a Centroamérica, no se percatan de ello, lamentablemente…

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