Sociedad y Política

Un caso más

María Paula Aguilar

En México hablar de justicia pareciera siempre una utopía. Pareciera formar parte del diccionario de la desgracia, con ese constante rasgo de llegar siempre tarde, cuando el daño es inminente. Como si fuera la fórmula del pésame, la última carta de las autoridades, ausentes. Norberto Ronquillo ya no está.

El sentimiento es que se pudo hacer más, simplemente porque siempre se puede hacer más. Siempre puede haber gente capacitada para evitar que pasen días sin activar los protocolos correspondientes, para que no haya negligencia por parte de las autoridades, para que no haya cámaras descompuestas y, de hecho, que haya suficientes. Pero más allá de eso, para que no sea una justicia reactiva, alejada de la realidad que se enfoca en las consecuencias más que en evitar los patrones.

Durante los últimos 15 años se ha repetido la misma historia: Fernando Martí, Silvia Vargas, Hugo Alberto e Isabel Miranda de Wallace, por mencionar algunos. Casos similares que llegaron a nuestros oídos, que generaron indignación. Casos que lamentablemente, no fueron suficiente para las autoridades, quienes siguen siendo tan incapaces, ineficientes e impunes. Así como ellos, estoy segura de que hay un caso igual todos los días en todo el país. Como ciudadanos nos quedamos buscando el porqué, con la indignación y la impotencia clavada, con miedo y desconfianza. No se trata de los colores e inclinaciones de cada administración sino de la ineptitud sistemática que domina.

Ante este escenario la exigencia es atención ante el crecimiento de la tasa de delitos, de la incompetencia e insuficiencia de impartición de justicia a nivel estructural. De la falta de ministerios públicos y jueces. De la inhabilidad de los cuerpos de seguridad pública, colapsados por la necedad de limitar los problemas de seguridad al narcotráfico o al huachicol cuando es claro que la crisis es más profunda y multifacética.

Sin embargo, lo que más lastima es la certeza -positiva para los delincuentes y agobiante para la gente- de que nada se hará, de que no habrá justicia. Lamentablemente este es un texto más sobre un caso más que le duele a la gente, que le duele a la familia y los amigos. Un texto escrito desde la impotencia y la desesperación ante un caso más por el que solo queda exigir justicia enérgicamente y garantía de que no volverá a pasar.

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