Expresiones

El amor en la adversidad

por Karla Meneses

Hace doce años conocí al amor de mi vida, no era como lo esperaba. Cuando lo vi pasar en su uniforme de seminarista no creí que terminaríamos juntos. Él era sumamente atractivo, con su firmeza al caminar y su cultura al hablar me cautivó.

Desde la primera vez que lo vi a los ojos supe que era perfecto para mí, pero suponía que yo no para él, puesto que se había entregado a Dios.

Me involucre en todas las festividades de la iglesia, debí parecer una devota por todo el tiempo que pasaba ahí. Me sentía sucia y falsa por actuar tan involucrada en las cuestiones religiosas, pero me bastaba con solo verlo para estar bien. Sabía que no pasaríamos una eternidad juntos pero esos pequeños momentos los atesoraría para toda la vida, y así durante meses, todos los días, iba a la iglesia y buscaba topármelo o buscarlo por dudas de fe.

Después de hacer todas las preguntas que se me ocurrieron como “¿Por qué Dios pide que perdonemos pero no pudo perdonar a Eva y Adán por comer del árbol prohibido?” o “¿Por qué Dios inventaría algo tan horrible como los alacranes?” Empecé a repetir preguntas e inventarme cada vez excusas más bobas, hasta que un día llegué y lo vi rezar. Se veía muy concentrado en lo que hacía, su rostro mostraba devoción y amor.

Su rostro demostraba devoción y amor“.

No importaba lo que ocurría alrededor, él estaba pendiente de la plática en la que estaba. En ese momento entendí que no importaba lo que hiciera, él nunca me vería de la manera que yo tanto quería, así que me fui y no volví

Pasaron los días y aun con dolor me mantuve firme hasta que un día, me lo tope en el mercado cerca de mi casa, luego otro día se me acercó preguntando si había visto a un gatito que se le había perdido al hijo de un vecino, de nuevo cuando salí a pasear a mi perrito, cuando regresaba a casa, y así muchos otros días en los que me acompañaba para que no anduviera sola. Las excusas cada vez se volvían más torpes, pero a mí no me importaba porque lo había extrañado y me gustaba su compañía.

“Y ese amor era por lo que lucharía y me daría fuerzas para continuar”.

Con el tiempo noté que algo en su mirada había cambiado, me miraba diferente, ahí en sus ojos fue donde lo vi por primera vez, el amor, aquello sobre lo que tantas noches había perdido el sueño pensando. Me declaró su amor y prometió dejarlo todo por mí. No era cualquier cosa, era dejar su devoción para dedicarse a amarme. Y ese amor era por lo que lucharía y me daría fuerzas para continuar. No renunció a su fe pero decidió predicarla conmigo a su lado, nos casamos y empezamos una familia.

Parece un lindo final, pero esto solo era el comienzo de nuestra historia.

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