Cultura y Arte

La santa censura

por Amapola Rangel

para Samida

La iglesia resonaba con voces rezando en una lengua ajena, pronunciando palabras que rebotaban entre el humo del copal y la luz de las velas. No había una banca a la vista, pero sí imágenes de santos y vírgenes alineadas en las paredes, enfilados para recibir la adoración de los creyentes.

Llevaba poco tiempo de estudiar antropología, pero por el voto de confianza de alguien encargado de ver el futuro de sus estudiantes, acabé de viaje haciendo trabajo de campo. Me preparé leyendo libros sobre el lugar, sobre cómo hacer eso que hacen los antropólogos, y preguntando todo lo que quería entender mejor. Me enamoré de las libretas que debía usar para mi trabajo y el esfuerzo de intentar aprender a comportarme en una sociedad que desconocía completamente. Fue mi primer trabajo de campo y estaba nerviosa por no saber qué hacer.

Crecí en una familia católica no practicante, entonces no puedo decir que recuerdo el ir a la iglesia en Semana Santa cada año, pero definitivamente viví algo que nunca se me hubiera ocurrido que existe. En aquél pueblo entre las montañas, acompañada de personas con mucha más experiencia pero con la misma curiosidad de saber sobre esos otros que viven distinto a lo que conocemos, vi una Semana Santa que no tiene nada que ver con lo que había visto en mi realmente corta vida.

La conmemoración del fundamento de una religión y los eventos que desencadenaron la creencia que millones de personas en el mundo profesan hoy, es más variada de lo que imaginé.

La diversidad religiosa no acaba en que existan varios credos, sino radica en la forma en que dentro de una sola religión es necesario adaptar un ritual, o un discurso al contexto en que se celebra. La Semana Santa es una expresión de toda esa diversidad religiosa y no hay que irse lejos para ver cómo esto sucede. Basta con ir a una iglesia en un contexto ajeno a nosotros para observar maneras de manifestar una creencia que será distinta a lo que hemos visto en nuestra cotidianidad.

Los discursos religiosos dentro de una fe también varían, y es necesario hablar de cómo unos se adaptan a una idea hegemónica de lo que es un credo permitido y uno insurrecto. La religiosidad está ligada a lo que la gente, manifiesta en público y en privado, y a cómo manifiesta su creencia. También, en cómo sigue y propaga la filosofía de la religión y los discursos de los líderes.

“La autocensura por parte de la comunidad refleja un deseo de privacidad”

Quiero resaltar este hecho porque en el mundo hay un discurso realmente homogéneo sobre las religiones y se piensa que todas tienen una sola forma de vivirse. Recientemente retomé el contacto con una amiga que admiro profundamente por la pasión con la que sigue sus convicciones. Esta es una columna dedicada a Sam, quien me ha enseñado que lo que veo en mi cotidianidad está terriblemente sesgado por un filtro de censura y filtros mediáticos y discursivos.

Ella me comentó de la censura que le impusieron los directivos de Facebook, Twitter y otras redes sociales al líder religioso Louis Farrakah. Disclaimer: no quiero decir que apoyo o condeno las acciones de este personaje, sino de los medios de comunicación que deciden no permitir sus publicaciones. Esto ha provocado que sus seguidores se manifiesten en redes para esparcir el mensaje de Farrakah y que se polaricen las discusiones, incluso leyendo entre los titulares de las notas de grandes medios de comunicación.

Mi experiencia etnográfica en aquella comunidad de la iglesia humeada no puedo mostrarla en redes sociales porque es una parte de la decisión privada de aquellas personas que viven en ese lugar el no permitir tomar fotos. Ellos quieren mantener su privacidad, esté o no vinculado a la religiosidad. La autocensura por parte de la comunidad refleja un deseo de privacidad, mientras que la censura a un líder religioso muestra un discurso político hegemónico y sesgado.

Hoy, mientras me brinca el ver a mi amiga activa en redes manifestándose contra la censura de su líder, pienso en cómo se polarizan, satanizan y mistifican los discursos religiosos que no entran en la visión occidental de la religión. Esta columna se la dedico a la fe y la posibilidad de manifestarla, y a Samida, quien siempre ha sido una mujer digna de mi admiración, a pesar de nuestras diferencias de credo.

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