Sociedad y Política

Feminismo y ya

Martha María Montes de Oca

Politóloga por la UDLAP. Activista e investigadora en temas de feminismo y proyectos sociales

Cuando pensamos en feminismo tenemos la idea que hablar del tema conlleva una gran responsabilidad académica en el sentido que tememos el declararnos como feministas, o hablar del tema, o escribir del tema por no tener los conocimientos suficientes. Ahora, intentaré alentar a que es durante el camino y aplicando día a día un estilo de vida feminista como nos formamos, y no necesariamente un grado que se adquiere hasta que se ha llegado a n número de logros. 

El feminismo no es un movimiento estático que tenga una sola definición establecida; al contrario, es tan adaptable como los tiempos lo requieran. La adaptación del feminismo nace, como muchos movimientos sociales, del cuestionamiento al orden establecido y es esta actitud de cuestionar la que nos dicta qué es ser feminista. El proceso a convertirnos y tener puestos los lentes del feminismo es totalmente personal, va de acuerdo a qué sentimos que debemos exigir, qué sentimos que debemos reforzar y qué pensamientos sabemos que deben cambiar.

Existen tantos puntos que me gustaría detallar, tantos logros que me gustaría resaltar de la comunidad feminista, esa comunidad que va desde la doctora en estudios de género, la feminista que no tiene un grado académico pero sí un estilo de vida feminista, hasta la niña o adolescente empoderada que rompe prejuicios y estereotipos, son tantos y todos tan enorgullecedores que no podría terminar estas líneas por escribir tanto de todas ellas.

Afortunadamente el feminismo no tiene una meta final, sino logros diarios. Y mencionando esto no podía omitir al menos una línea donde celebrase los esfuerzos de las mujeres que se saben dueñas de sus cuerpos, de sus mentes, de las que seguimos en el camino y nos sabemos no expertas, sino siempre aprendices del feminismo, siempre dispuestas a hablar no solo a las nuestras sino a cualquiera que quiera entender más nuestra causa.  

Siguiendo la idea, siempre he tenido la inclinación de que al discutir un tema que nos importa es muy valioso irnos a terrenos opuestos, es decir, hablarlo con quien no está de acuerdo o simplemente no lo había pensando antes. Estas discusiones que pueden herirnos sentimentalmente también pueden alimentarnos y hacernos crecer, ya que una ideología se hace cada vez más nuestra cuando la vamos moldeando y así vemos que no debe ser perfecta, no tenemos que tener una respuesta para todo, pero lo mejor es que durante este proceso de moldear la hacemos no perfecta y estática sino humanamente modificable.

Decidí nombrar a esta columna “Feminismo y ya como respuesta al párrafo anterior, a esa necesidad que sentimos de justificar la causa, de hacerla suficientemente fuerte pero no tanto como para no ser criticada al grado de ridiculizarla. No haré mención ni profundizaré en esto último de ridiculizar ya que concentrarnos en lo negativo y llegar a victimizarlo oscurecería lo que me gustaría destacar. 

Invito a quien lee esto que sin miedo se proclame feminista si así lo siente. Y termino aclarando que el feminismo no es excluyente de otros géneros pero sí debe ser abanderado y liderado por mujeres, ya que somos nosotras por y de quien nace.

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