Sociedad y Política

La Americanización de la Política Mexicana

por Pablo Reynoso

No lo sabíamos entonces, pero la noche del 6 de agosto de 2015 cambió la política internacional de una manera que hoy parece permanente. Diez candidatos a la presidencia de EEUU del partido republicano se dieron a conocer en el escenario durante dos horas.

Nueve de ellos siguieron el esquema tradicional de lo que se debe hacer durante un debate mientras que el otro, Donald Trump, no ofreció propuestas claras, peleó hasta con los moderadores, y trató a ese debate como si fuera un programa de entretenimiento en vez de un evento político serio. Más de tres años después, ya sabemos cómo terminó esa historia; Trump salió victorioso sobre todos ellos y ganó la presidencia al derrotar a Hillary Clinton.

El domingo vimos como el ejemplo que puso la campaña de Trump fue capaz de trascender fronteras e ideologías políticas. Tuvimos en Tijuana un debate totalmente al estilo americano en el cual los candidatos podían moverse por todo el escenario y la audiencia participaba con preguntas, concepto copiado del segundo debate entre Donald Trump y Hillary Clinton.

Anaya jugó el papel de la candidata demócrata, acercándose a López Obrador con la intención de provocarlo y verse como un “hombre de a de veras”, algo que igual había intentado en su video de boxeador. En ese momento, con un ligero movimiento de su cartera, AMLO ganó la noche al proporcionar el evento más memorable del debate, el cual, a diferencia de “mochar las manos” en el debate anterior, se reflejaba bien en él y mal en su rival más fuerte.

Las elecciones mexicanas tradicionalmente no se han caracterizado por ser divertidas. Por décadas la práctica del dedazo era su comienzo y fin; el presidente decía quién iba a ser el candidato del PRI, este hablaba con algunos empresarios y sindicatos, y el primero de diciembre llegaba a los Pinos. Hace 24 años, en la elección entre Zedillo, Cárdenas y Ceballos, se le agregó a esta ecuación el formato del debate siendo este un evento serio en el que las intervenciones parecían más discursos que argumentos.

“Por décadas la práctica del dedazo era su comienzo y fin; el presidente decía quién iba a ser el candidato”

Los comentarios iniciales eran de once minutos, y las contestaciones de cinco. El formato fue evolucionando para crear un mayor dinamismo con tiempos cada vez más cortos e interacciones directas entre los candidatos. En las elecciones pasadas se agregó también la posibilidad de mostrar documentos e imágenes a la audiencia televisiva. A pesar de estos cambios, los debates no eran muy atractivos y poca gente los veía.

Puede ser que Trump sea una persona bastante deficiente en términos de conocimiento político, pero el 6 de agosto le dio al mundo entero una lección muy importante que hasta personas como Tatiana Clouthier y las autoridades del INE aprendieron: los debates son espectáculos y por lo tanto deben de ser entretenidos. Las propuestas detalladas y argumentos estructurados pueden ser adecuadas dentro de un debate académico, pero quienes piensen esa misma estrategia sirve frente a un público que está sentado mirando memes en su teléfono mientras medio ve lo que pasa en la tele está muy equivocado. Es difícil decir si los cambios en el formato sean positivos o negativos, pero con el primer debate de 2018 siendo el más visto en la historia de México, podemos decir que los ojos del país están en dónde el INE quiere que estén.

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